lunes, 15 junio 2026
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Una agenda para el riesgo

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Una agenda para el riesgo
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 12 de enero de 2011

A la tragedia económica y política que vivimos se le suma la catástrofe ecológica, cientos de miles de mexicanos han perdido su patrimonio y con ello aflorado impresionantes actos de corrupción como construir o vender terrenos en colinas, hoy zonas de lagunares. El deshielo del casquete polar irremisiblemente se traslada hacia las regiones más bajas y consecuentemente el cambio climático impactará a países como el nuestro, de tal manera que a la desastrosa situación económica, se le acrecentará la miseria.

Esto obligará a ser prudente en el uso soberbio de los discursos, pues en lo sucesivo no deberá haber triunfalismos porque las evidentes consecuencias de las obras realizadas ayer y ahora se pondrán a prueba.

Vivimos terribles paradojas, porque de la misma manera que podemos contemplar el final propiciado por la contaminación nuclear, es posible avizorar los efectos de la contaminación sobre la naturaleza y sus consecuencias en la llamada civilización.

Este círculo lo continuaremos viendo, hasta el final de nuestros días, este nuevo reto implica la formulación de nuevas metas. Los hechos muestran que enfrentamos las consecuencias de nuestras inconsecuencias que han formado un poder peligroso que suprime todas las zonas protegidas y las diferencias que han impuesto la política del despojo y la destrucción.

Esta dinámica no respeta fronteras y obliga a diseñar una agenda de riesgos que supera la simple contratación de seguros que quedan muy por debajo de los efectos globales.

Reconocer los peligros deberá ser parte de la agenda de gobierno y de la nueva educación porque el estado de Puebla se ubica en la falla de San Andrés, lo que nos hace altamente vulnerables y es necesario empezar a hablar de los graves riesgos que nos asechan.

No se trata de ser fatalista, se trata de ser objetivo y disponer de diagnósticos del peligro, ejemplos para ilustrar esta preocupación hoy sobran. Nuestro destino no sólo se inserta en los efectos de la pobreza, sino en la inseguridad, por la peculiar guerra contra el narcotráfico, por la impotencia de no saber que puede ocurrir, para evitar el pánico masivo. Entonces, la modernidad para evitar el miedo y sus consecuencias, se impulsa hasta el máximo el secreto, proliferando los consejos para “lo privado” y con ello la madurez que implica la civilización se convierte en un acto de prudencia, que sólo unos cuantos deben conocer.

Nuestro “desconocimiento” es producto de una política de seguridad que ha transformado a la sociedad en instrumento manipulable, ajena a su propio destino, por lo que las catástrofes son vistas como fuerzas incompresibles, olvidando que las fuerzas de la naturaleza pueden vencer cualquier resistencia.

Por eso es necesario conocer los riesgos a que estamos sometidos y convencernos de que siempre hemos sido producto de la naturaleza y no generación del mercado, es tiempo de empezar a reconocer la socialización de las transformaciones, léase transformaciones de la naturaleza y los riesgos para la sociedad.  

 

Staff Puebla On Line 2009
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