Guillermo Aréchiga falla en su tarea de controlar y negociar en el Congreso
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Guillermo Aréchiga Santamaría recibió una importante lección el fin de semana.
El diputado local emanado del Partido Nueva Alianza, presidente de la Gran Comisión en el nuevo Congreso e incondicional de Elba Esther Gordillo Morales, la lideresa vitalicia del SNTE, entendió que no le será fácil sacar con éxito las encomiendas de su jefe el gobernador (electo) dada la convergencia de intereses y personalidades con la que tendrá que lidiar.
No será lo mismo engañar a profesores indefensos aglutinados en torno al SNTE, que convencer a 40 diputados locales de la pertinencia de respaldar, sin cuestionar siquiera, las decisiones morenovallistas.
Tampoco será igual operar políticamente a favor de los candidatos del Panal en estados como Oaxaca y Puebla, con cientos y cientos de miles de pesos en la bolsa (quizá millones), que obligar a rijosos como Héctor Alonso Granados, José Juan Espinosa y Víctor Hugo Islas Hernández a ir contra su propia naturaleza, sin más argumentos que una mala retórica fundamentada en el bienestar común.
Eso fue lo que tuvo que haber aprendido Aréchiga el sábado, en la sesión de instalación de la LVIII legislatura, cuando dos de los diputados que fueron electos a través de la coalición Compromiso por Puebla, Alonso y Espinosa, lo hicieron quedar en ridículo al romper el acuerdo que signó con la bancada del PRI para dar paso al sexto informe de Mario Marín Torres, sin sobresaltos ni descalificaciones.
Contra lo pactado, los legisladores de Nueva Alianza y Convergencia subieron a tribuna para criticar el desempeño del gobernador saliente, y uno de ellos, Espinosa, hasta del acuerdo habló y exhibió.
Hace casi cinco años, un domingo 5 de marzo de 2006, Aréchiga Santamaría se sentó a la derecha de Rafael Moreno Valle para anunciar, junto con el hoy gobernador electo, su renuncia, y la de otros integrantes del SNTE, al Partido Revolucionario Institucional.
Leticia Jasso Valencia, Hugo y Cupertino Alejo Domínguez y Jesús Huerta Carrera completaron el grupo.
Ese Aréchiga, solidario con la causa morenovallista desde entonces, fue colocado en la posición de mayor importancia en la nueva legislatura (como le adelanté el 21 de julio del año pasado).
La tarea que le ha sido encomendada es proteger y trabajar para los intereses de su jefe: el nuevo “gran elector”.
No lo hizo bien en su estreno.
Por el contrario, entregó malas cuentas.
Y lo más importante: recibió una fuerte e intensiva lección.