Primer discurso del gobernador
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Mientras escuchaba los indicadores más relevantes sobre lo que el nuevo gobernador llamó el reto que enfrentará su gobierno, recorrí con la vista el espacio donde se reunieron quince mil de personas, todas ellas asistentes a la toma de posesión de Rafael Moreno Valle Rosas. En esas andaba cuando el vecino de mi derecha comentó a su amigo: “No me gustaría estar en los zapatos de Mario Marín”.
Ya no escuché la respuesta del interlocutor debido a que la conversación fue interrumpida por el aplauso del respetable. Seguí atento al discurso y meditando precisamente sobre lo incómodo que pudo haberse sentido el hoy ex gobernador. A esa obvia incomodidad propiciada por los números duros contenidos en la pieza oratoria del nuevo mandatario, todos en contra de la gestión anterior, agregue usted lo que Moreno Valle soltó como para ponerle sabor al caldo:
“Como parte del proceso de entrega-recepción, no tendremos más consigna, que la aplicación de la ley. Haremos una revisión puntual, sobre el ejercicio de los recursos de la pasada administración. No habrá persecución, pero tampoco encubrimiento.
“Esta premisa –continuó el gobernador–, no sólo aplica para servidores públicos. Nadie, está por encima de la ley. Para pasar de las palabras a los hechos, instruyo públicamente al secretario de Gobernación, y al consejero Jurídico, a que inicien de inmediato las acciones necesarias para recuperar el predio conocido como Valle Fantástico, para revertirlo a la propiedad del Estado. Una vez en poder del Gobierno, construiremos en esos terrenos, un Parque Metropolitano, para recreación y esparcimiento de los poblanos.”
“¡Órale!” soltó el amigo del vecino, expresión que me obligó a poner más atención a la plática de este par de camaradas irrespetuosos. Y agregó el del ¡órale!: “A mí tampoco me gustaría ponerme en los zapatos de Marín y menos aun en los Prada de Ricardo Henaine”.
Como no había con quien comentar la perla discursiva, tuve que declararme metiche oficial del vecindario y preguntar a mis desconsiderados vecinos: “¿Ni con el dinero que tienen Marín y Henaine, se animarían?” Los dos se miraron sorprendidos y uno de ellos me respondió viendo a su cuate: “Pensándolo bien puede que sí pero me iría a vivir a España, a uno de mis palacios”. Las risas discretas de los tres (nótese que me incluyo) quedaron ocultas en otro de los aplausos, el que surgió después de que el gobernador manifestó que era orgullosamente poblano y creía en la importancia de la cultura, como elemento de identidad y de superación del ser humano.
Bueno, me dije, quedó bien la pieza oratoria trabajada por Maldonado, Banks, Manzanilla y Andrade. Ahora veremos la definición sobre lo que tantas vueltas le dio Maldonado al decir que si que no y que nadie sabía lo que iba a pasar con la Secretaría de la Cultura concebida por Guillermo Jiménez Morales. Y ¡zas! que surge el acta de defunción de esa malograda dependencia, que por cierto ayer mismo festejó su cumpleaños número 28. Espetó el mandatario:
“Acabo de presentar a este Honorable Congreso, una iniciativa, que propone formar el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes. Presidiré personalmente su Consejo Ciudadano y su Junta de Gobierno, y en los hechos demostraremos que el nuevo modelo nos ubicará a la vanguardia nacional y responderá a las expectativas de la sociedad y del sector cultural poblano.”
Palo dado ni Dios lo quita.
En fin, el discurso de marras fue elaborado con una visión social carente de estigmas partidistas o de personalismos chabacanos. Como se dijo en este espacio (24-I-2011), resultó una pieza oratoria que ha validado aquello de que el principio es la mitad de todo.