Javier Lozano Alarcón vuelve a destaparse como presidenciable
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CIUDAD DE MÉXICO, 11 de febrero.- Señalado como “el rudo” del gabinete de Felipe Calderón, Javier Lozano Alarcón asegura que basa su accionar y trayectoria en el trabajo, el orden, la disciplina y los resultados. Por ello, no pocos de sus amigos en la política, la academia, el empresariado y la banca le ven experiencia y conocimientos para aspirar a la investidura presidencial en el siguiente sexenio.
Titular de la Secretaría del Trabajo desde diciembre de 2006, se encuentra entre los pocos panistas que, sin tener una gran trayectoria partidaria, podría aglutinar las corrientes a su favor, en pro de la continuidad y el fortalecimiento de las administraciones blanquiazules. “La política es la mejor plataforma para servir a los demás”, afirma convencido.
A sus 48 años, este abogado, egresado de la Escuela Libre de Derecho, aguarda los tiempos, pero se apresta a decir que está listo “para ser y para no ser” el candidato presidencial.
En entrevista con Excélsior, Lozano acepta que tiene aspiraciones “legítimas y sanas” para llegar a Los Pinos. “Si yo he de seguir adelante en la posición que sea, que puede ser la más importante magistratura de este país —pero si no, si fuese en alguna otra— será por quien soy, por mis méritos, por mi personalidad, por mis resultados, por mi trayectoria”.
En ese sentido, subraya: “No pienso simular ni disimular. No pienso fingir (ser) alguien que no soy. Si he de seguir adelante es precisamente por ser quien soy, por como soy; por lo que pienso, creo, tengo; por lo que he recogido en mi vida, y por la forma de ser y de conducirme, de trabajar, por mis convicciones y valores”.
Aquí hay que desempeñar la función, la posición y la misión que te corresponda, comenta Lozano, y enfatiza que en esto la ambición personal no se debe convertir “en obsesión desmedida que te nuble la vista o te impida sumar esfuerzos”.
Se ve reflejado en sus pares dentro del gabinete, ahí tiene amigos con los que se siente identificado estrechamente, como Ernesto Cordero, secretario de Hacienda, y recalca que, en aras de la congruencia, él “se tiene que adaptar a una posición, la cual sea parte de un proyecto y de un equipo”.
Politólogos y analistas destacan que, del lado positivo, Javier Lozano se ha convertido en el catalizador de las críticas contra el gobierno en turno, en su defensor a ultranza, aludiendo al Estado de derecho. Además, se le reconoce su insistente promoción de la reforma laboral pretendida por el presidente Calderón.
Del lado negativo, lo acusan de abandonar el Revolucionario Institucional. “Me tienen sin cuidado esos comentarios”, responde.
Todavía era estudiante de la Escuela Libre de Derecho, cuando el joven Javier Lozano entró como pasante a la Dirección de Disposiciones de Banca Central del Banco de México, donde en 1985 conoció “a mi entrañable amigo” Javier Arrigunaga, hoy director del Grupo Financiero Banamex y quien fuera además el primer responsable del Fobaproa. Lozano formó parte de los primeros grupos de trabajo que generaron el Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR).
En aquellos tiempos escolares, repasa el funcionario, tuvo mentores importantes que han influido decididamente en su vida profesional, como el hoy diputado federal Mario Alberto Becerra Pocoroba, presidente de la Comisión de Hacienda.
“Fue mi maestro, mi sinodal en el examen final. Luego fue rector de la escuela y después me invitó a ser maestro; me enseñó muchas cosas. Juventino Castro, hoy diputado también —cercano a López Obrador, por cierto—. Todos ellos fueron para mí grandes mentores.”
—¿Ahí conoció al Presidente?
—Ahí conocí al presidente Calderón. Él iba un año arriba de mí, junto con Fernando Gómez Mont, junto con Julio Esponda y tantos otros. Y el que sí era mi compañero, desde el primer año, fue Bruno Ferrari, el hoy secretario de Economía —evoca—. “Ahí estaba también Sergio Vela, con quien me hice muy amigo por todo el tema de la música y de la cultura. Incluso, en el Comité Ejecutivo de la Sociedad de Alumnos de la ELD yo era el secretario de cultura”, recuerda quien incluso llegó a cursar estudios de piano en el Conservatorio Nacional.
La trayectoria de Lozano en la administración pública es larga. Cobijado por Carlos Ruiz Sacristán, su gran amigo y mentor, se desempeñó en dependencias como la Secretaría de Hacienda, Petróleos Mexicanos, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, la Cofetel —de la cual fue titular—, y la Secretaría de Gobernación.
Pero no fue sino hasta el año 2000 cuando Lozano Alarcón decide participar en política y acepta ser candidato a diputado federal por el distrito XI en Puebla. Pero pierde “frente a la aplanadora de Fox”. Era entonces miembro del CEN del PRI. Lo fue hasta finales de ese año.
“Pero por algo pasan las cosas —anota emocionado—, porque afortunadamente eso me obligó a dos cosas: primero, a poner mi propio despacho, porque me quedé de un día para otro sin nada, y puse mi despacho en lo que sabía yo hacer, en temas de telecomunicaciones y manejo de medios y estrategias de comunicación. Temas regulatorios de las comunicaciones.”
Entonces, cuando en el poder en Puebla estaba Melquiades Morales —hoy senador de la República— “me invita, como poblano que soy, a ser su representante del gobierno de Puebla en el Distrito Federal. Y él respetaba muchísimo, (tenía) mucho cariño, mucho afecto a Felipe Calderón”.
Fue así como, siendo funcionario del gobierno de Puebla, decide acercarse a Calderón cuando éste estaba en Banobras. “Yo lo había visto, como diputado ya habíamos hablado, ya nos habíamos reunido, en fin, con amigos comunes, pero ya fue cuando estaba en Banobras cuando me acerqué a él y le dije: ‘Oye, si vas a tener un proyecto político, si aspiras a seguir adelante, si aspiras a ser Presidente, yo quiero participar en él’”.
Era 2003 y “yo recuerdo muy bien que le dije: ‘Mira, de todos los que generacionalmente creemos en ti, y creemos en valores comunes, yo creo que tú eres el que estás mejor posicionado, el que tienes más capital político’. Así que, recuerdo muy bien, a partir de entonces empecé a organizar cenas, reuniones y a convencer a mucha gente de que se animara. Creamos una fundación, Desarrollo Humano Sustentable”, cuyo presidente sigue siendo Calderón.
En diciembre de 2006, Calderón “me distinguió con ser su secretario del Trabajo”. Y de ahí a la fecha, ha habido problemas y soluciones, acciones radicales y guante blanco. Ha habido de todo, “y qué bueno”, remata.
“Grandes mentores”
En el recuento de los personajes que han contribuido al fortalecimiento de su carrera política, además de Carlos Ruiz Sacristán, ex secretario de Comunicaciones, Javier Lozano considera también “gran amigo y gran mentor” a Guillermo Ortiz Martínez, ex secretario de Hacienda y ex gobernador del Banco de México. De ambos “aprendí muchísimo”.
También obtuvo enseñanzas del hoy subgobernador del Banco de México, Roberto del Cueto, con quien coincidió durante su paso por el Banco Central y quien además fue su maestro.
“Más adelante, aunque no tenía una amistad ni una relación cercana ni nada, pero de mucho respeto”, está en su lista de agradecimientos Ernesto Zedillo, pues aprobó todo lo que Carlos Ruiz le propuso para Lozano. El entonces mandatario “me tuvo mucha confianza, siempre me distinguió con su respeto, su respaldo”, reconoce.
“Esta historia que platico es una historia de orgullo, de resultados, de haber participado en cambios trascendentales.”
Su ascenso durante el zedillismo
Tras concluir sus estudios en la Escuela Libre de Derecho, Javier Lozano Alarcón ingresa a la administración pública, durante la Presidencia de Carlos Salinas de Gortari. Entra a la Secretaría de Hacienda, donde es director de Autorización y Control de Crédito Externo, y en 1992 alcanza la Dirección de Normatividad y Desarrollo Administrativo, dentro de la Subsecretaría de Egresos. Ahí coordina la elaboración del proyecto de la Ley de Adquisiciones y Obras Públicas que entró en vigor en 1994.
Por un lapso muy breve fue contralor general de Pemex, ya con Ernesto Zedillo como Presidente. Cuando se desata la crisis financiera, hacia finales de diciembre, y viene la devaluación, Carlos Ruiz Sacristán estaba en Pemex, Guillermo Ortiz era secretario de Comunicaciones y Jaime Serra Puche secretario de Hacienda.
Producto de la debacle vienen los cambios: Serra es removido el 29 de diciembre y Guillermo Ortiz pasa a Hacienda, mientras Carlos Ruiz se va a Comunicaciones.
Es así como Lozano, siguiendo siempre a su “gran amigo y mentor”, Ruiz Sacristán, va a parar a la Oficialía Mayor de la SCT. “Pero ahí volví a tener a mi cargo el Jurídico también —relata Lozano—. Y de ahí me meto muy fuerte al tema de las telecomunicaciones. Nos tocó hacer cuatro leyes y dos reformas constitucionales. Y la verdad es que aprendí muchísimo, y de ahí fue que cuando se crea la Cofetel y se va Carlos Cassasús para allá, y a mí me suben de subsecretario de Comunicaciones (en 1996)”.
Ahí coordina el área encargada del otorgamiento de concesiones y permisos en materia de radio y televisión. En 1997 se hace responsable del Comité para la Reestructuración del Sistema Satelital Mexicano, que se encargó de la privatización del sistema de satélites.
“Cuando Carlos Cassasús se va de la Cofetel, me mandan como su presidente (en 1998)”, recuerda Lozano.
Casi al final de la administración zedillista, el abogado poblano es nombrado subsecretario de Comunicación Social de la Secretaría de Gobernación. Su jefe y ahora amigo fue el otrora priista y ahora panista Diódoro Carrasco Altamirano. En la gestión de Lozano se dictaron, por vez primera, normas y lineamientos para el ejercicio del gasto público en publicidad y propaganda.