Los políticos milagro
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El título de esta entrega se me ocurrió después de leer una nota sobre los productos medicinales etiquetados con la definición “milagro”. Se refiere a las ofertas curativas y rejuvenecedoras que por falsas serán sacadas del mercado. Se trata, pues, de una acción legal a cargo de la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios, organismo que comprobó la ineficacia de 13 “productos milagro”, entre ellos los que curan el cáncer, la diabetes, la próstata, la disfunción eréctil, la frigidez y hasta el sida.
Imagine el lector que usted y yo organizáramos una entidad cuya función fuera detectar a los “políticos milagro”, o sea a los que prometen acabar con la pobreza, incrementar el poder adquisitivo, eliminar la corrupción que existe en las estructuras gubernamentales, exterminar el desempleo, lograr que la tierra produzca excesos de alimentos para que el hambre desaparezca de la faz del territorio, en este caso el poblano. Tendríamos sin duda mucho trabajo ya que casi todos los políticos han querido convencernos de que son capaces de eso y más.
Así como los “medicamentos” ahora prohibidos causan reacciones adversas a los distintos órganos del cuerpo, los políticos milagro también provocan consecuencias negativas para el comportamiento humano. Veamos algunas, las fáciles de detectar:
Frustración: cuando el ciudadano constata que fue engañado por quien ganó la elección gracias a su voto, le ocurre un cambio de química cerebral que lo ingresa a un estado de pérdida de esperanza, situación que suele ir acompañada del coraje que produce excesos de bilis y, en consecuencia, alguna de las enfermedades digestivas degenerativas. Es un mal que puede durar seis años, cuando menos.
Asombro: este es un estado sicológico también de pronóstico grave, ya que lo engendra la sorpresa estimulada por el descubrimiento del servidor público que se dijo honesto pero que resultó un pillo de siete suelas. Las reacciones adversas van de una simple y pasajera locura, hasta el cambio de personalidad que hace del individuo un anarquista en potencia. El primer indicio de esta enfermedad es la proclividad a mentar madres.
Rabia: el virus padre de este padecimiento que sólo ataca a los crédulos que por serlo soñaron con el advenimiento del nuevo mesías, lo sembró el tal Jolopo, aquel presidente que se sintió perro. Es un mal que afecta a casi todos los órganos internos, mismos que se paralizan y horas después mutan expulsando vómito y diarrea; es decir, insultos y exceso de materia fecal destinada al político mentiroso. El afectado siente rechazo hacia el agua y atracción por las bebidas espirituosas que lo aíslen de la realidad.
Depresión: este estado de ánimo surge en cuanto el ciudadano común (que es el único proclive al mal) se da cuenta de que su paradigma ha perdido el piso y se siente parido por los dioses del Olimpo. El mal equivale a la fiebre negra de tiempos pretéritos. Su primer indicio aparece cuando el afectado se jala los pelos y golpea las piernas para enseguida concederse sin compasión el peyorativo pendejo.
Chifladura: es una extraña enfermedad desencadenada por la coincidencia de los males descritos arriba, cúmulo que hace del receptor un activo optimista dispuesto a validar aquello de que no hay mal que por bien no venga. La unión de todas las consecuencias negativas descritas, causan una locura galopante, misma que predispone al ciudadano a creer que los errores del político son estrategias del estadista.
Hasta hoy, tengo que decirlo, no existe ningún remedio para eliminar los males descritos. De ahí la necesidad de instituir un ente social que nos proteja de los “políticos milagro”, la amenaza del milenio.
Perdone usted la digresión provocada por las tantas y tan variadas promesas que hemos leído y escuchado. A veces es necesario buscar el lado lúdico a los impúdicos augurios del poder.
acmanjarrez@hotmail.com