¡Aguas con Henaine!
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Ricardo está herido y en esas condiciones es tan peligroso como una pistola amartillada en manos de un niño. No tiene nada que perder (le sobra la lana) y sí mucho que ganar. Me lo imagino como el boxeador peso mosca campeón de los guantes de oro que reta al campeón de peso completo del Consejo Mundial de Boxeo. Si él diera una cachetada a su oponente, el respetable le aplaudiría a rabiar. Pero si el contrario lo noquea, éste podría ganarse los abucheos y gritos de “abusivo, grandulón y aprovechado”. En este caso, el público a que me refiero, está conformado por los empresarios que en algún momento fueron beneficiarios del poder político, los mismos que han formado parte de las charolas electo-recaudatorias tanto del PAN como del PRI.
El reportaje que transmitió el “Teacher” López Dóriga (maestro no de inglés sino de periodismo) debe haber enloquecido a Ricardo al grado de hacerlo pensar en una venganza de esas que duelen. Por ejemplo: acudir a TV Azteca o a otro consorcio para que le compren la idea de hacer varios reportajes, pero sobre las donaciones, comodatos y ventas inmobiliarias a personajes de la corrompida fauna política, así como la entrega de terrenos a los grupos empresariales que resultaron beneficiados con los bienes expropiados por causa de utilidad pública. O que saque la famosa historia de los ejidos de Momoxpan, empezando por la fallida comercialización que tuvo la marca de Mariano Piña Olaya, padre por cierto de Juan Pablo Piña, acusador oficial de Henaine. Supongo que de vivir en aquellos tiempos, don Mariano ya le habría estrechado su aceitera mano.
Sun-tzu, guía de los hombres en el poder, aconseja eliminar al enemigo; es decir, aplastarlo para que nunca más se levante. Se trata de una recomendación guerrera tan antigua como la cultura china, consejo que en estas épocas de redes y webs sólo es aplicable en los cárteles del narcotráfico. Así que como no podrán acabar con Henaine, la lógica establece que el pleito dará mucho de qué hablar. Y ¡aguas!, porque todo indica que este empresario no cejará de pelear por lo que él considera sus derechos y su dinero. Esa es, pues, su condición. Y ya lo demostró.
La guerra jurídica-mediática que el gobierno estatal ha emprendido contra Ricardo Henaine, obliga a pensar en los escenarios probables, mismos que a continuación expongo con el riesgo de, diría uno de los hombres de Rafael, salirme del paraíso (no sé cuál) para ubicarme en el infierno.
1. Que Henaine haga un recorrido por las televisoras quejándose de persecución por parte del gobierno morenovallista, incluido lo que él considera un atentado contra su periódico (le quieren quitar el edificio entregado en comodato y en ruinas a Gabriel Alarcón y, ya reparado y remodelado, heredado por éste a Henaine en lo que fue la transferencia comercial de la marca, El Heraldo de Puebla).
2. Que Henaine acuda a su parafernalia político-empresarial-familiar para que le ayuden en su lucha contra el gobernador de Puebla. Y vaya que la tiene, de altos vuelos.
3. Que Henaine trabaje a los ex gobernadores que acaban de ser señalados como corruptos dada su benevolente firma en la sesión de comodatos o en la autorización de algunas ventas de los terrenos de Angelópolis. Esto enrarecería el ambiente político local y podría desportillar la prístina imagen del mandatario.
4. Que Henaine se convierta en cancerbero de la oposición al gobierno de Puebla y use el poder de la prensa para difundir todo aquello que sirva a sus, esos sí, aviesos fines. Al decir prensa me refiero a su periódico y a sus socios radiodifusores.
5. Que Henaine –que por cierto ya está en el infierno que pergeñó el hombre de Rafael– ocupe parte de su dinero para comprar plumas, conciencias y criterios dispuestos a escribir, combatir y criticar las acciones de un mandatario que más que enemigos, necesita ganar aliados en las causas por Puebla.
Ante estos obvios y naturales escenarios, cabe preguntar: ¿Por qué no convirtieron a Ricardo antes de echarlo a los leones? ¿Por qué no negociar con él en vez de tratar de hundirlo en el lodo del desprestigio? ¿Cuál es el fondo de esta dispareja pelea en la cual el noqueado podría ser la víctima y el campeón el victimario?
Diría Juan Gabriel: ¡Pero qué necesidad!
Secundaría doña Chona, la comadre de la Acocota: “¿Pa’que tanto pinche brinco estando el suelo tan parejo?”
Y apostillaría don Jesús Reyes Heroles: “Es más fácil ser dogmático que negociador, ser intolerante que tolerante; es más fácil dividir que juntar”.
Amigos de las redes: después les platico mi estancia en algunos de los infiernillos que me prepararon algunos de los que fueron gobernadores.
acmanjarrez@hotmail.com