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Gobierno en cuarentena

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Gobierno en cuarentena
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 11 de marzo de 2011

¡Qué diablos pasa en Puebla! De un lado salen proyectiles de excremento los cuales se cruzan con descargas de majada lanzadas de la otra parte. Huele feo. Predomina lo escatológico. Se ha dejado de lado la cordura, el respeto a la inteligencia y también las buenas maneras. No vemos la conveniente prudencia pues.

Aunque no los conozco porque yo también formo parte de ese gran universo de desinformados, los hombres del gobernador (figura semántica que tomo de aquella película “Todos los hombres del presidente”, caso Watergate) deben estar sorprendidos y haciendo fuchi por tantas porquerías. Y de paso comentándose entre ellos las sorpresas que les tenían reservadas los poblanos, reacciones que, supongo, ni el mandatario Rafael Moreno Valle Rosas esperaba.

Vea usted: el Procurador general de justicia fue blanco de algunos de esos proyectiles cuyo tufo y materia provino del Distrito Federal donde, según información periodística, dejó algunos trapitos que hoy se asolean en el cielo azul de nuestra contradictoria, angelical y querida Puebla. Algún paisano se quejó con el periodista Pablo Hiriart Le Bert y éste comentó lo que sabe.

Juan Pablo Piña Kurecyn, hijo de Mariano y Patricia, ha sido vapuleado por algunos de esos mojones debido a sus primeros pasos como consejero jurídico del gobernador. Los abogados de Ricardo Henaine se encargaron de sacar a colación supuestos errorcillos que, aunque pequeños, de resultar cierto, no se le aceptan a un perito en derecho, como debe ser él y lo son sus padres.

En el honorable Ayuntamiento de Puebla también han caído uno que otro de esos graneados envíos de pedazos de boñiga. Esto porque desde el presidente que busca hacer historia –intención que por primera vez le escuchamos a Gabriel Hinojosa Rivero– hasta los regidores de su propia oposición (fuego amigo, dice el clásico), parecen empeñados en mostrar a los gobernados que los títulos académicos no llevan la clave incluida para abrir los cajones donde se archivan problemas, datos, antecedentes y soluciones.

Para terminarla de amolar, sobre la comuna aparecieron ya los males físicos que, adicionados a las mañas burocráticas, han creado algo parecido a un infiernillo laboral y político o, por aquello de los yunquistas, la amenaza de una o varias copias imperfectas de las plagas bíblicas que menciona el Antiguo Testamento.

A todo ello agregue el lector que la cultura se quedó sin conductor o Secretario Ejecutivo, como dice el decreto que creó al Consejo Estatal para la Cultura y Artes de Puebla: Fernando Viveros Castañeda, dejó el cargo porque no hubo empatía con su efímero jefe.  Diría el maestro Héctor Azar: las losas del zócalo se abrieron para dejar salir al chamuco que había permanecido enterrado y bajo la celosa y eficaz vigilancia de los angelitos que rodean la Catedral.

A propósito del “bramaturgo”, como él mismo se decía, ¿y su hijo del mismo nombre –que por cierto es el Secretario Técnico del malhadado Consejo – dónde anda? Es una ausencia que podría deberse a que el designado aún sigue pensando si acepta sacrificarse para formar parte de la laberíntica y absurda burocracia donde encerraron a la cultura poblana.

Y bueno, en esta lista de erratas de la llamémosle plutocracia camotera, no podía faltar el fallido intento por acabar con el comercio de partes automotrices producto del robo: Ardelio Vargas Fosado, secretario de Seguridad Pública Estatal, se manejó como suelen hacerlo los jefes policiacos cuyas acciones provienen de la inspiración, no así de la información e investigación preventiva y profesional. Emuló –intuyo que sin querer– al famosísimo y nunca bien ponderado míster Borras. El resultado: cero consignaciones y ene número de protestas y ¡amenazas!; sí, ¡amenazas! de quienes desde hace décadas se han manejado al margen de la ley.

Esto último, lo de las intimidaciones, igual lleva su carga de estiércol.

En fin. Para concluir la entrega que está usted leyendo, lo invito a recordar las andanzas de Martín Villavicencio Salazar, alias Martín Garatusa, como lo llamó en su novela Vicente Riva Palacio. Me refiero a aquel famoso personaje de la plebe poblana que se mofó de las entonces reglas morales impuestas por la Santa Inquisición. La socarronería llevó al tal Martín al extremo de optar por disfrazarse de cura e incluso cobrar las limosnas y los diezmos valiéndose de esa santa investidura. Fue descubierto y conducido ante el Tribunal de marras. Lo juzgaron y sentenciaron a auto en forma penitente, vela verde en las manos, soga en la garganta, coroza blanca en la cabeza, en abjuración de Leví, en 200 azotes, y cinco años precisos de galeras en Terrenate, al remo y sin sueldo.

“Su Señoría, quiero despedirme de mis hijos que no tienen la culpa de los pecados de su padre”, dijo Villavicencio con tal congoja que los curas inquisidores se doblegaron (quizás estaban pensando en sus propios hijos). “Ve con Dios y cumple tu deber de padre de familia –debe haberle concesionado el inquisidor en jefe–. Tienes una semana para regresar”. Gozoso y tal vez riéndose para sus adentros, Villavicencio volvió a hacer otra de las suyas ya que ni los sacerdotes ni los feligreses que engañó disfrazado de cura, vaya ni siquiera su familia, volvieron a saber de él. Tal vez adoptó otra identidad para dedicarse a la política donde, según hemos visto, hay muchos émulos del inquisidor en jefe.

Esa es la historia que, como siempre ocurre, se nos muestra como el preámbulo del porvenir. Dejémosla atrás y preguntemos:

¿Y ahora qué pasará?

Yo lo sé; sin embargo, de lo único que estoy seguro es que por sus antecedentes y los siempre críticos y susceptibles ciudadanos, en Puebla no se aceptarán los ensayos y menos el menosprecio de quienes se creen paridos por los dioses.

Y que conste que aún no se cumple la cuarentena.

acmanjarrez@hotmail.com

Staff Puebla On Line 2009
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