Meza Viveros, un retrato
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Muchos priístas poblanos se sienten huérfanos. Carlos Meza Viveros es uno de ellos y por eso trata de buscar cobijo y comprensión en el neo-panismo y/o morenovallismo.
Si yo fuera priísta, el artículo escrito por Meza Viveros en La Jornada de Oriente de este jueves (“Los Padrinos del Mal”) me avergonzaría por dos cuestiones: 1) Porque se trata del Presidente del PRI en el municipio más importante del Estado y uno de los municipios más importantes del país; y 2) porque demuestra que las discrepancias que hundieron al tricolor en la elección de julio de 2010 no fueron coincidencia y que, los que hoy hablan (como Meza), ayer callaron y en su silencio se escondió parte de la responsabilidad que llevó al tricolor a la derrota histórica frente a la coalición encabezada por Rafael Moreno Valle. Antes, Meza Viveros reconocía en Marín las características de “servidor público noble y eficaz operador político” (Milenio Puebla, 27 de septiembre de 2010). Hoy hace una crítica feroz (con parte de razón). Meza es desmemoriado.
Es de pena ajena la actitud del notario Meza Viveros. Niega que vaya a incorporarse al Gabinete de Moreno Valle, pero deja la puerta abierta al llamado de sus amigos (RMV y Fernando Manzanilla).
Si Meza intenta hacer una reflexión sobre el PRI, la cual es necesaria, no debería realizarlo a través de sugerencias hacia el morenovallismo. Sus comentarios tienen el destello de una herida que sangra.
Deja entrever que dos ex-gobernadores, los Padrinos del Mal -como él les llama-, están detrás del morenovallismo y le están haciendo un mal, al recomendarles a gente inepta o incapaz para ocupar puestos en el gabinete del gobierno actual y dejar de lado a gente capaz. Meza se equivoca: si esa gente es tan buena como afirma, ¿por qué no trata de captarla para que formen parte de las filas del PRI?
El artículo de Meza Viveros resulta ser un ejercicio semi-maquiavélico, donde pretende dar cátedra de moral priísta, de conocimiento total de la política poblana y de señalamiento de los enemigos del gobierno que, sin duda, serían también enemigos del PRI.
A Meza se le olvida su papel: es dirigente de una institución. ¿Por qué ensalzar su amistad y cercanía con Moreno Valle?
A nadie le interesa, pero Meza quiere dejar claro que sigue siendo “influyente”.
¿Qué beneficio puede aportarle al PRI municipal -el que Meza dirige- su reflexión dirigida a criticar a dos ex-gobernadores?, ¿Por qué no se atreve a dar los nombres de los ex-gobernadores a los que acusa?Parece lógico que habla de Melquiades y de Piña Olaya. A Bartlett no lo toca. Ya sabemos, Meza le tiene un especial afecto. Una notaría bien lo vale. La Notaría que Bartlett le entregó.
Meza se ve atrapado en la telaraña que el priísmo ha tejido en Puebla. Hoy reniega, pero es claro que está escribiendo no para ayudarle al PRI, sino para dejar en claro que él tiene amigos. El principal de ellos, quien hoy ocupa Casa Puebla y a quien le dedica su artículo: Rafael Moreno Valle Rosas.
Carlos Meza se retrata. Es de memoria corta y de cola larga. Que a nadie se le olvide.