José Juan Espinosa se autocompró llantas para Convergencia
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En plena violación de la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado de Puebla, a la que tienen que someterse los dirigentes de los partidos políticos, el diputado José Juan Espinosa Torres ha incurrido en múltiples ocasiones en el delito de adquirir, con recursos públicos del partido Convergencia, diversos artículos en una empresa de su propiedad: la Llantera San Francisco, ubicada en San Pedro Cholula.
En esta ocasión damos una pequeña muestra de todo un mar de irregularidades.
De entrada: Espinosa Torres mintió cuando en una entrevista radiofónica le dijo a quien esto escribe que el dueño de la llantera y de un velatorio que le brinda servicio a dos sindicatos de la BUAP, con idéntico domicilio fiscal, eran propiedad de su padre.
Y es que de acuerdo con la copia de una factura de Llantera San Francisco, en poder del quintacolumnista, el nombre, el Registro Federal de Contribuyentes y el CURP pertenecen a nuestro personaje.
Vayamos por partes.
La semana pasada, interrogado al respecto, el diputado convergente, dirigente estatal de su partido desde hace siete años, declaró:
“José Juan Espinosa (JJE): Por supuesto. Categóricamente lo niego. Yo ni soy traficante de influencias.
“Mario Alberto Mejía (MAM): La llantera de Cholula le vende llantas a los presidentes municipales de la sierra norte.
“JJE: Pues que saquen las facturas. Mira, Mario Alberto, ya te hablé de esto y qué buena onda que mis presidentes municipales me compren en un negocio familiar.
“MAM: ¿No te compran llantas?
“JJE: No lo sé.
“MAM: ¿Cómo es posible que el presidente de Tlatlauquitepec vaya a comprar llantas a Cholula?
“JJE: Vámonos a los orígenes, Mario Alberto. Sí eso es un delito pues que presenten las denuncias y que me metan a la càrcel.
“(…)
“MAM: A mí me parece muy curioso que el presidente de Tlatlauqui vaya a Cholula a comprar llantas y que vaya precisamente a tu negocio familiar.
“JJE: Pues qué buena onda”.
El Artículo 50 de la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado de Puebla refiere:
“Los servidores públicos para salvaguardar la legalidad, honradez, lealtad, imparcialidad y eficiencia que han de observarse en el servicio público, independientemente de las obligaciones específicas que corresponda a su empleo, cargo o comisión, tendrán las siguientes:
“I.- Cumplir con la máxima diligencia el servicio que le sea encomendado y abstenerse de cualquier acto u omisión que cause la suspensión o deficiencia de dicho servicio o implique abuso o ejercicio indebido de un empleo, cargo o comisión”.
Hasta aquí la muy jurídica cita.
Más adelante, la Fracción XVI subraya otras obligaciones:
“Desempeñar su empleo, cargo o comisión sin obtener o pretender beneficios adicionales a las contraprestaciones que el Estado le otorga por el desempeño de su función, sean para él o para las
personas a las que se refiere la fracción XIII (…) Excusarse de intervenir en cualquier forma en la atención, tramitación o resolución de asuntos en los que tenga interés personal, familiar o de negocios, incluyendo aquéllos de los que pueda
resultar algún beneficio para él, su cónyuge o parientes consanguíneos hasta el cuarto grado, por afinidad o civiles, o para terceros con los que tenga relaciones profesionales, laborales o de negocios, o para socios o sociedades de las que el servidor público o las personas antes referidas formen o hayan formado parte”.
En virtud de que los dirigentes de los partidos políticos hacen uso de recursos públicos queda muy claro que no pueden disponer de estos como si fuesen propios.
En columnas anteriores ya dimos cuenta de cómo Espinosa Torres ha desviado dinero público a su cuenta personal.
Hoy presentamos una factura de su llantera que le vendió diversas piezas al partido que dirige en Puebla.
En otras palabras: el señor se compró a sí mismo algunos artículos de la feliz empresa que maneja.
Y no puede decir que no es así y que el dueño es su papá, una vez que impresos en la factura de marras aparecen su nombre completo (José Juan Espinosa Torres), su Registro Federal de Contribuyentes (EITJ7705094IJ0) y su CURP (EITJ770509HPLSRNO2).
El adquiriente es el partido Convergencia, con domicilio en la calle Louisiana número 113, colonia Nápoles, en la ciudad de México, mismo que adquirió rótulas superiores, rótulas inferiores y birlos con tuercas, además de contratar para sus vehículos los servicios de lavado y engrasado, alineación y balanceo, montajes y la reparación de la terminal central.
El costo es en este caso simbólico (abundan facturas similares) y asciende a siete mil 34 pesos.
Y hay una fecha: 27 de enero de 2010.
Para que el lector se dé una idea del tamaño de la aberración le pongo un elocuente ejemplo:
Es como si cuando fue presidenta del CEN del PRI la señora Beatriz Paredes hubiese adquirido con recursos de su partido media centena de jorongos en un negocio de su propiedad.
Parece cosa de risa.
No lo es.
Y es que hablamos de recursos públicos.
En otras palabras: de las prerrogativas que el gobierno federal le entrega a un partido en aras de hacer política.
Política, sí.
No negocios particulares.
Bastará con que un militante de Convergencia denuncie a su dirigente para que el escándalo mediático se transforme en jurídico.
Ni más ni menos.
Hay que decir que hace un par de días José Juan Espinosa presentó su propia agenda legislativa, en la que destaca un punto que tiene que ver con esta historia: la de la transparencia en el uso de los recursos públicos.
Así lo planteó solemnemente el diputado.
Así se le cumplimos.
Este acto de transparencia es doblemente vergonzoso porque evidencia las malas artes de un diputado que milita en un partido de izquierda.
La vergüenza es mayor tratándose de un personaje que se dice adicto a Andrés Manuel López Obrador, quien seguramente ignora sus trampas y sus chapucerías.
¿Con qué cara pretende transformar la cultura política el señor legislador?
***La escena se dio la mañana del miércoles en la antesala de Cambio TV.
José Juan Espinosa y unas diez personas arriban al lugar.
Ahí lo esperan cuatro personas más.
Uno de ellos le dice muy orondo: “Ya tenemos tres mil gentes para reventar al gobernador”.
El diputado sonríe y se ensancha.
Moraleja: si el lector ve de pronto que se sueltan las manifestaciones ya sabrá de qué se trata.