La sana intención de Moreno Valle
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El gobernador Rafael Moreno Valle Rosas y su familia, todos ajenos a cualquier proceso judicial y por ende alejados de la realidad que existe en los tribunales de Puebla y de México, se sorprendieron al conocer los meandros de la justicia mexicana. De ahí que después de ver el documental “Presunto culpable”, el mandatario haya declarado que urge una reforma en el sistema judicial de Puebla.
La mayoría del público que asistió a esa exhibición privada, en unos casos sintió vergüenza y en otros profunda indignación. Pero también hubo quienes se sonrojaron al recordar lo que han promovido o aceptado como método para hacer o hacerse lo que ellos consideran justicia. Sin embargo, estoy seguro que la pena les duró ciento veintiséis minutos ya que se recuperaron en cuanto concluyó el documental; ello para evitar ser descubiertos y caer en la definición, en su caso correcta, de presunto culpable.
Sí, en efecto, en el ámbito de la justicia hay muchos presuntos culpables. Por ejemplo: se considera un buen abogado aquel cuya fama va de la definición de hijo de la ch… a la de ca… Dicen quienes los contratan que el suyo es un excelente abogado apoyándose en cualquiera de esos dos calificativos. Lo extraño está en que, según la tradición, para ser miembro de la judicatura, “su señoría”, tuvo primero que haber demostrado su capacidad como perito en derecho y, en la mayoría de los casos, su experiencia como litigante; es decir, que su fama se haya sustentado en lo que quedó escrito.
¿Y qué diablos hace un buen litigante?
Pues aprovechar las deficiencias del sistema y en algunos casos, muchos, corromper a quienes lo administran para chicanear la ley. Claro que también los hay éticos, sin duda, cuya fama creció gracias a que aprovechan su talento y conocimientos con la intención de manejar a favor del cliente, quien sea, violador o asesino, ratero o defraudador, víctima o victimario, las ficciones o deficiencias jurídico-procesales que dejó el legislador.
Tenemos así que la honesta preocupación del mandatario de Puebla, se topará ante la tradición de los administradores y manipuladores de la justicia. Es una práctica que podríamos definir como la monumental roca de granito que es necesario esculpir a sabiendas de que en su interior podría encontrarse la verdad.
Igual que lo hizo Miguel Ángel, el genio florentino, cuando de un enorme y defectuoso bloque de piedra extrajo a su David.
La reforma que apuntó Moreno Valle deberá empezar precisamente por la verdad. Que lo conocido como “falsedad en declaraciones judiciales” pase a ser un delito grave para que aquel que diga mentiras, abogado o declarante, purgue en la cárcel una pena que no admita fianza. Sería un buen comienzo que cambiaría radicalmente el sistema de justicia, hoy en manos de embusteros protegidos, paradójicamente, por la tolerancia a las mentiras procesales, las cuales parten de las siguientes recomendaciones o parámetros del adversario de la ley: “Tú di que te consta aunque no lo conozcas. Consígase dos buenos testigos y yo se los preparo para que su declaración nos ayude en el juicio. Si te pregunta el secretario, di que tú no sabes nada o que no te acuerdas”.
Podría abundar con varios ejemplos que muestran fehacientemente cómo se tergiversa la ética profesional del abogado. Pero me quedo con uno, el que causó si no jurisprudencia, sí la fama pública que deterioró la imagen del entonces candidato a gobernador Mariano Piña Olaya, declaración que exhibe el sistema judicial mexicano. Dijo Mariano ante varios empresarios, mismos que citaré si soy demandado por este aserto: Mi primer millón lo gané corrompiendo a un juez.
Sabemos, pues, que hay muchos litigantes cuyos éxitos procesales se deben a que saben bien por cuál lado masca la iguana. Serían los primeros en oponerse a que se moralice el sistema judicial poblano (o el que sea) donde flotan desde las ánimas que la ley envió al purgatorio, hasta los fantasmas de quienes se sienten agraviados por su manejo. El espectro de Ricardo Henaine, es uno de ellos.
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