El tsunami mediático de Blanca Alcalá
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Blanca Alcalá debe estar sintiéndose como los japoneses que por desventura sufrieron la peor tragedia de su historia. El piso se le mueve. Tiembla el enorme edificio que le construyeron sus panegiristas asalariados. Las nubes negras empezaron a ensombrecer su espacio vital. Teme, seguramente, que los últimos acontecimientos político-administrativos adquieran el terrible efecto tsunami. Todo ello gracias a su exacerbada confianza en las decisiones tecnocráticas y en los malos consejos de sus allegados.
Esa fundada incertidumbre se debe a la publicación del monto y nombre de los convenios que su administración municipal realizó pensando, quizá, en la invulnerabilidad que se obtiene con las heterodoxas reservas de información clasificada. Nunca tomó en cuenta que los pactos pueden respetarse mientras no se ponga en peligro la imagen pública de la parte que está en ejercicio del poder, en este caso del presidente Eduardo Rivera Pérez.
¿Y qué es lo que cuida el munícipe?, se preguntará el lector.
Pues su prestigio, obvio, reputación que va de la mano con la transparencia que adopte para conservar la confianza de los gobernados y ciudadanos que votaron por él. Intuyo que el proyecto político personal de Rivera y su grupo, va más allá del cargo que actualmente ejerce. De ahí su susceptibilidad.
La de e-consulta la veo como una acción en favor de la cultura de la integridad, ejercicio promovido por distintos organismos no gubernamentales, precisamente para acabar con la opacidad común en la administración pública.
Creo, pues, que debe haber ocurrido algo muy grave durante el proceso de revisión de las cuentas y los gastos del gobierno pasado, circunstancia que, en el caso publicitado, se complicó por la disparidad o mano suelta en la asignación de los dineros de la Comuna. Lo que salta a la vista es que no hubo reglas, digamos que éticas, para otorgar las cantidades (que en algunos casos parecen prebendas) que publicó el sitio web citado. Me refiero a la trascendencia del medio de comunicación social beneficiado en extremo, impacto que depende del número de ejemplares (en el caso de la prensa escrita), el método de distribución, la cantidad de lectores y la certificación de todo esto. Tal vez operó la oferta de la información que, obedeciendo a los intereses del afectado, suele ocultarse o tamizarse. En términos llanos esto puede caer en las definiciones de chantaje o complicidad.
Y digo que algo grave debe haber ocurrido porque trascendió que se desfasaron los dos últimos presupuestos aprobados por el Cabildo de Blanca Alcalá. Y lo peor: que el dinero destinado a las ampliaciones presupuestales otorgadas a Comunicación Social, se obtuvo sacrificando la Obra Pública y el Desarrollo Social, por ejemplo. Sí, en efecto, así como se lee: estas sensibles áreas tuvieron que sufragar los millones de pesos de incremento anual (alrededor de cuarenta, o sea el doble presupuestado) para que el Ayuntamiento anterior pudiera pagar los contratos millonarios que ahí están, en la famosa y sorpresiva relación de convenios de publicidad.
Por el bien de Blanca, ojalá que en esta operación de ingeniería financiera no se haya involucrado el Ramo 33 u otro de origen federal. Si así fuere, la ex munícipe quedaría muy mal parada.
Créame el lector que le he buscado y hurgado tratando de encontrar lo que pasó en el entorno de la primera mujer que llegó a la presidencia municipal de Puebla, la ciudad misógina por tradición. Lo único que se me ocurre, porque al parecer no hay justificaciones contundentes, es que hubo alguien cercano a ella que defraudó su confianza. El que haya sido representa la falla que está causando las sacudidas estas que anteceden al tsunami político, la gran ola que podría arrastrar para destruir las pretensiones senatoriales de Blanca Alcalá Ruiz.
Habrá que esperar.
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