El silencio que grita
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Fue emocionante estar en la marcha nacional convocada por Javier Sicilia. Algunos la descalificarán porque no faltó quien pidiera la renuncia de Felipe Calderón, le llamara espurio, pidiera la cabeza de a clase política o le achacara culpas que algunos creen inmerecidas.
También habrá quienes critiquen que en la marcha la mayoría de las consignas iban dirigidas al Gobierno. Al respecto habrá que decir que sí hubo consignas contras los delincuentes aunque en proporciones mínimas.
Lo cierto es que el ciudadano al que le puede pedir cuentas es al Gobierno, a su representante, no a los delincuentes. Pero, aunque eso fuese mentira, no se debe olvidar el grito que convocó esta marcha: “Estamos hasta la madre”, dijo Sicilia, dirigiéndose a Gobierno y Delincuentes. A ambos.
La marcha fue un éxito por muchas razones: Porque fue convocada por un poeta desgarrado por el dolor y los que asistimos, en su inmensa mayoría, lo hicimos por solidaridad; le dio voz a muchos ciudadanos que acudimos no sólo por estar en desacuerdo con la política de Calderón, sino porque, esencialmente, estamos de acuerdo en el grito de desesperación, el grito que con silencio ha expresado Sicilia. Él ha callado y el pueblo ha hablado.
El Gobierno debería tomar en cuenta la frustración y el descontento exhibidos en la marcha, una marcha que, a pesar de las descalificaciones que le endilgarán, fue secundada en más de una treintena de ciudades en el país y en un importante número de ciudades en el mundo.
Ayer el periodista Ciro Gómez Leyva (quien por cierto no marchó, aunque, eso sí, cuando son sus causas e intereses siempre pide apoyo) se preguntaba qué habría después del “estamos hasta la madre”. Y Javier Sicilia le contestó a él y orientó a muchos en su discurso en la marcha. Si no entregan a los responsables de la muerte de su hijo en una semana, anunciará las siguientes movilizaciones donde –incluso- se pedirá la renuncia de funcionarios públicos. Sicilia no va a dejar su protesta en una marcha, pero consultará qué hacer con la gente. Eso se agradece.
Como dijo John Ackerman, esto parece ser “la gota de sangre que derramó el vaso”. Pero el Gobierno parece ignorarlo. Sólo basta ver las declaraciones de Genaro García Luna, el Secretario de Seguridad Pública, afirmando que faltan 8 años en esta guerra. Una opinión al respecto habría que pedírselas a la gente de Nuevo León, Tamaulipas, Ciudad Juárez, Tijuana, Morelos, entre otras. El Gobierno está sordo y la gente grita.
Sicilia ha callado. Con el silencio habla; con el silencio grita. Los demás gritamos y exigimos. Es la comunión más grande entre dos voces. Nunca antes el silencio fue tan llamativo. Nunca antes el silencio dijo tanto: “No más sangre”.