Salinas en escena
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Sin duda fue sorpresivo el artículo publicado ayer por El Universal en el que el ex-presidente de México, Carlos Salinas de Gortari (CSG), da una serie de pincelazos sobre lo que la política mexicana debería ser.
El artículo de Salinas no tiene mucha coherencia, pues comienza haciendo una alusión a las revueltas pro-democráticas árabes y termina hablando de Solidaridad como el mejor programa social de México de los últimos años y después de leerlo creo que es muy forzada la relación que el ex-presidente pretende mostrar entre las revueltas árabes y la ciudadanía de la democracia republicana que él sostiene.
Pero es mucho más sorpresivo el artículo del ex-presidente, porque hace ciertos apuntes que vale la pena señalar:
1. No se considera un neoliberal. Se deshace de su estigma y critica el neoliberalismo por la crisis de 2008, aunque le falta reconocer que ese movimiento neoliberal no comenzó en la década anterior, sino que tiene su auge mayor y su expansión principal con los regímenes de Tatcher y Reagan y que él, Salinas, fue un ejemplo por excelencia de un neoliberal en el poder: desmantelar el Estado es una de sus funciones, que cumplió a cabalidad.
2. Ha bautizado al PAN y al PRD como los neoliberales y los neopopulistas. No se entiende otra forma de interpretar las palabras del ex-presidente al hablar de las dos opciones dominantes en el país. Pero eso tiene una lectura más profunda: Salinas está promoviendo al PRI como la opción a estas propuestas neoliberales y neopopulistas, e incluso menciona que algunas propuestas de esa democracia republicana ya fueron puestas en prácticas durante su gobierno (un gobierno priísta).
3. Entiende que la democracia correcta, no es una sin adjetivos (dice que las opciones políticas en México así lo muestra, como un juego de suma cero, de blanco o negro) sino una que ha llamado la “democracia republicana”. El concepto principal de esa democracia, en palabras de Salinas, es el de la ciudadanía, que no es ciudadanía si no gana ese lugar participando diaria, organizada y autónomamente (aquí le faltó leer, como mínimo, a Jon Elster y Habermas, porque está descubriendo “el agua tibia”)
4. Salinas arguye que el camino es una “revolución ciudadana”, que debe defenderse de un “mercado abusivo y un Estado opresivo”. Ahora resulta que CSG se enrola en las filas de la social-democracia.
Pero, ¿por qué aparece Salinas hoy?
Creo que la respuesta debe encontrarse en la falta de liderazgos en el PRI y por la cercanía de las elecciones presidenciales. Salinas sabe que los vientos no están en contra como en otras épocas y que puede influir en el priísmo de forma determinante con sus contactos políticos y en electorado con un discurso centrista. Sabe que en el centro del espectro político está gran parte del éxito de quien aspire a ganar las elecciones del próximo año y Salinas está trazando el camino que el PRI debe seguir y tratando de encantar a un electorado que suele ser de memoria corta.
Algo más (last but not least): Salinas inicia su redención. Los años en Irlanda y la ignominia a la que fue condenado son cosas del pasado. Y esa es una cuestión personal que Salinas no olvida y que la oportunidad de cobrar viejas facturas no la dejará pasar. Hoy se sabe poderoso y consciente del papel que puede jugar. En pocas palabras, ha vuelto a la escena política de la que nunca se ha ido. Quiere pasar de ser el villano favorito a el gurú de la reconstrucción del país.
Ha vuelto para jugar el papel de líder histórico que siempre soñó. El del gran líder y estadista mexicano del siglo XX (ahora del siglo XXI)
Del otro lado del espectro, la derecha y la izquierda, pueden tener respuestas a su desafío. Veremos si del tamaño del “gurú” Salinas.