La herencia de Moreno Valle (V)
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Ya vimos cómo se dio algo que parecía un enfrentamiento entre Rafael Moreno Valle y Melquiades Morales cuando los dos contendieron por partidos distintos, días en que el ex gobernador se manejó de bajo perfil como si su intención fuera la de beneficiar al nieto de su ex jefe o, lo que es lo mismo, apoyar el proyecto digamos que genético-familiar.
Todos sabemos de la extraordinaria experiencia de Melquiades en las “artes” electorales. Y por ello ninguno de los que conocen su trayectoria creyó en la autenticidad de aquella derrota. El menos expresivo dijo que había gato encerrado, duda que nació debido a que Melquiades es un experto en esas lídes y, además, era entonces el político más popular y querido de los poblanos. Vaya hubo quien aseguró que el ex gobernador no quiso usar su experiencia y que dejó que operara Rafael a sabiendas de que si éste ganaba de cualquier manera él llegaría al Senado, un espacio ideal para cualquier político en proceso de retiro.
Por ello y otras razones vimos el gran final de la obra puesta en el teatro republicano donde el personaje principal es el nieto del general y doctor Rafael Moreno Valle, otro ex gobernador que cayó del poder debido a que alguien lo engatuzó.
Como ya quedó asentado, antes del desenlace que llevó a Moreno Valle a la gubernatura, Mario Marín y él tuvieron varios desencuentros. El más grave pudo ser el incumplimiento del compromiso por la candidatura al Senado. Le siguió el menosprecio a los políticos y burócratas con el sello morenovallista.
Después de aquellos “errores” cuyo origen es más humano que político, empezó una guerra sorda que llegó a ser estridente cuando Rafael obtuvo postulación del PAN y de los partidos aliados para buscar la gubernatura. La lucha electoral se tornó virulenta y Fernando Manzanilla y su equipo diseñaron (o aceptaron) lo que fue la contra-campaña basada en desprestigiar a Marín y al mismo tiempo convocar el enojo de los ciudadanos.
En esa estrategia participaron casi todos los medios nacionales, algunos de manera casual y los menos como parte concertada por los morenovallistas. Se desató así el intenso y demoledor bombardeo contra Marín. Y la sociedad asimiló los mensajes mediáticos, unos subliminales y otros tan directos como una mentada de madre. Al final de cuentas los electores se manifestaron en las urnas.
Rafael Moreno Valle Rosas tuvo el apoyo irrestricto de la maestra Elba Esther Gordillo y, obvio, de sus huestes magisteriales. Los panistas de cepa también se adicionaron a la causa morenovallista. Ni unos ni otros dejaron espacios de maniobra a los operadores del PRI. Cubrieron todas las casillas de la entidad. Y además contaron con el soporte logístico del SNTE y los cuerpos de seguridad del gobierno de Felipe Calderón. Su objetivo fue claro: sin importar el cómo, había que ganar la “joya de la corona”.
De ello y más se dio cuenta Melquiades Morales. Supo que su pupilo tenía la posibilidad de obtener el triunfo en las elecciones y, tal vez por ello, decidió mantenerse lejos del proceso a sabiendas de que lo tacharían de traidor al PRI. Pero no lo fue porque nunca operó a favor de Moreno Valle. Sin embargo, para algunos sí lo es debido a que Rafael se manejó de acuerdo con la estrategia que le aprendió a él, su maestro, aprovechando además los espacios que de manera casual o a propósito le dejaron libres.
¿Entonces Melquiades fue cómplice de la derrota del PRI?
No lo creo. Lo que ocurrió es que se aisló si usted quiere inspirado en sus afectos generacionales, teoría que podría ser válida si se tomaran en cuenta las pruebas circunstanciales. ¿Cuáles? Pues, por ejemplo, el no haber aplicado para su beneficio todas las mañas y destrezas cuando Rafael le ganó la elección. Y esto, que conste, lo dicen quienes saben que Melquiades es uno de los expertos nacionales en el manejo electoral.
En fin, ésta que parece la primera parte de una novela política, trama donde se cumple el sueño del hombre que hace cuarenta y dos años concibió el destino de su nieto, no es mas que una muestra del pragmatismo que ha suplido al compromiso ideológico; la prueba de que el hombre es él y su circunstancia, en este caso la que sin querer o conscientemente planteó el general y doctor Rafael Moreno Valle.
Para concluir le comparto dos preguntas:
Una: ¿el gobernador electo seguirá el ejemplo de su abuelo? Otra: ¿hará lo mismo que Melquiades?
Ojalá que no y que para evitarlo Moreno Valle Rosas logre reinventarse.
acmanjarrez@hotmail.com