lunes, 15 junio 2026
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El PRI y sus propios enemigos

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El PRI y sus propios enemigos
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 16 de agosto de 2010

Mientras los panistas gozan la crisis de sus opositores, éstos se auto destruyen comportádose como si fuesen kamikazes.

“¡Que no sea Zavala el presidente del PRI!”, gritan los detractores del candidato perdedor. “Busquemos a un dirigente conciliador”, proponen los astutos en cuya moción va incluido su nombre. “Lo que nos conviene es un presidente de transición”, pontifican los nuevos antimarinistas. “Que llegue uno de nuestros dinosaurios con el fin de que ponga orden y organice al partido para la guerra que se avecina”, dicen los que saben que perderían una elección interna.

Por esa guerra intestina hay tranquilidad en el PAN, actitud que contrasta con la incertidumbre  y las quejas tricolores. “Déjenlos que ellos solitos se hagan pedazos”, recomiendan los asesores de Rafael.

Si Jesús Reyes Heroles viviera para ver lo que hacen y dicen sus correligionarios poblanos, con esa su autoridad moral y gesto adusto ya les habría espetado: “Miren muchachitos, es más fácil ser dogmático que negociador, ser intolerante que tolerante; es más fácil dividir que juntar”.

Pero como ya no existe esa voz, lo único que se escucha son las cadenas del fantasma de la intolerancia asestándole golpes a los cimientos de la estructura, redes que lograron poco menos de 900 mil votos.

Ese digamos que espanto parece ser uno de los aliados de Rafael Moreno Valle Rosas, el gobernador electo cuya buena estrella podría liberarlo de la monserga que significa tener un partido de oposición fuerte y organizado.

¿Y quién debe ser el presidente del PRI poblano?, se preguntan los antizavalistas.

La respuesta medio la apuntó Antonio Hernández y Genis, uno de los priistas más preparados. En su artículo semanal Toño planteó un divertido juego semántico como queriendo decirle a sus correligionarios: “si entre los priistas no existe quien tenga estas cualidades combinadas con la capacidad de convocatoria que requiere un dirigente, entonces para qué le buscan mangas al chaleco”. Y propuso como requisito para los aspirantes a la presidencia las siguientes condiciones:

Conocer a Platón y su “República” o “Las leyes”, lo mismo que a Aristóteles en su “Política” o en cualquiera de sus tres versiones de la “Ética”. Saber qué dice Agustín de Hipona y su “Ciudad” o Tomás de Aquino en su “Vindicae contra tyrannos”. Haber leído “El Príncipe” y como complemento el Tsun-su.

Desde luego saber al dedillo la obra de Montesquieu, Rousseau y Hobbes. Marx, Marshall McLuhan y Robert Dalt también figuran en la traviesa lista de los requerimientos intelectuales que sugiere Toño. Igual menciona a Sartori, Bobbio y Fujiyama.

Como para poner a sufrir a cualquiera de los cultos priistas (que lo hay, aunque usted no lo crea o algunos se apeguen a la Wikipedia), Antonio incluye el haber leído las biografías de Alejandro, César, Napoleón, Carlos V, Disraili, Churchill, los hermanos Kennedy, Gandhi, Lenin y Mao.

A esos requisitos auméntele el lector lo que el priista-zavalista apunta como si su intención fuese que los aspirantes a dirigir a su partido se suicidaran dejándose caer sobre la cabeza las obras enlistadas, incluidas las de Manheim, Kesler, Reyes Heroles, Madison, Jefferson y Tom Paine. Hasta Hugo Chávez está propuesto, pero no por su forma de cantar sino por su estilo para joder a sus pares, como el propio Toño lo hace cuando les dice a los priistas aspirantes al liderazgo en disputa, que observen cómo Noam Chomsky, un joven de 70 años, sin salir de su casa puede reunir él solo, en menos de 48 horas, más de un millón de personas en todo el mundo.

Hernández y Genis es el único político que conozco que tiene en su haber esas lecturas y otras como “El laberinto de la soledad de Octavio Paz”. Pero ni él ni otro de sus compañeros de partido podrían superar a Zavala en su capacidad de convocatoria, misma que lo medio acerca a la fuerza de persuasión del citado Chomsky. Bueno, habría que dar el beneficio de la duda a Enrique Doger Guerrero aunque los priistas lo miren con los ojos de la traición, o a Guillermo Pacheco Pulido quien ya no quiere despeinarse, o a Jesús Morales Flores que aspira a la dirigencia nacional de la CNC.

¿Y entonces?

Pues de acuerdo con lo que dice Hernández, aquellos que sueñen con presidir al PRI, necesitan ponerse a leer las 24 horas del día, además de recorrer la entidad para que los conozca la militancia. El problema es que a muchos ya no les alcanzaría la vida para consolidar semejante objetivo.

En fin…

Staff Puebla On Line 2009
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