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El Poder Civil y el Clero político

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El Poder Civil y el Clero político
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 22 de agosto de 2010

En realidad, este debería ser un tema superado. Sin embargo, no es así.

La pugna entre el Jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard  y el Cardenal, Juan Sandoval Iñiguez, responsable eclesiástico de la diócesis de Guadalajara, aparte de los sucesos circunstanciales que le dan origen, actualidad y vigencia, puede tener, si se quiere profundizar en el tema desde el punto de vista teórico e histórico, antecedentes muy remotos.

Desde Bonifacio VIII o Hildebrando disputando la primacía de una de las dos “espadas”, como se llamaba en la Edad Media al Poder civil y al religioso, a los monarcas de Francia o Alemania para imponerles sus puntos de vista e intereses. O, aún más lejanos. Desde la fundación de nuestra religión, ese problema siempre fue artificial, ya que, desde el punto de vista religioso había sido resuelto por el mismísimo fundador de lo que es nuestra religión cuando contestó: “dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”. Y amén.

Pero no lo han entendido, así, quienes quieren invadir el campo específico del otro.

Y como los enfrentamientos entre el Poder civil y el clero político católico, siempre han sido funestos para quienes han seguido a uno u otro bando, lo mejor que podemos hacer quienes somos católicos, es no inmiscuirnos en un pleito entre particulares que, de seguir adelante, no va a terminar bien.

Cuando quienes dirigen uno u otro bando, logran arrastrar a la población hacia sus intereses, para lesionar a quienes en ese momento son sus adversarios, producen enconos que son muy difíciles de saldar, sobre todo, a corto plazo. No debe ser esta, otra ocasión de esas.

Desde luego, es difícil tener madurez mental, cultural e histórica. Se necesita de una profunda reflexión y de una actitud de tolerancia hacia quienes no piensan como uno. Se necesita, también y al mismo tiempo, fortalecer las instituciones que deben dirimir esas diferencias.

Y así, como es el caso, estas son las atacadas por una de las partes –en este caso, el Cardenal acusando a los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de haber sino “maiceados” por el Jefe de Gobierno del DF, para aprobar “x” o “z” disposiciones- es en ellos, en quienes debe caber la prudencia de no contribuir a alterar, aún más, ese pleito, dándose por ofendidos. Y dejar que todo quede en un vulgar pelito de comisaría hasta que un juez determine que, por ser imposible de cuantificar el daño “moral” reclamado, si el acusado no se retracta, se le impondrá una pena pecuniaria simbólica, de un peso.

O el juez debe sobreseer la causa por no poder sustanciarla por tratarse de simples opiniones de un particular que no es experto en temas jurídicos y que, por ello, no causan efecto,  dando, así, un salomónico empate a los  rijosos, independientemente de los cargos que cada uno ocupa en sus respectivos campos de trabajo. Y, a otra cosa, mariposa.

Tratar de revivir las luchas del siglo XIX, en México cuando se enfrentaron el Poder Civil y el clero, es simplemente, absurdo. El pueblo ya no seguirá ni a uno ni a otro. En eso si hemos avanzado como nación.

Meter cizaña en ese tema, incidiendo en sus pormenores, por parte de periodistas, comentaristas y comunicadores, es además, de insensato, ridículo. Dejen que los peleoneros esos se desgasten solos. Nadie se va a jugar la vida por defender al llamado “carnal” y tampoco, nadie lo va a hacer por “su ilustrísima”.

Y, si esos controvertidos artistas insisten en sus actitudes, dichos e intenciones, dejemos que sean los jueces los que dicten su fallo y mientras lo acatan esos que parecen “gamberros” no obstante sus cargos y su edad, vayamos nosotros, los creyentes católicos, a la Iglesia, a pedir a nuestro Dios, fe, esperanza y caridad. Y dejémoslos solos, como cuando las lavanderas chismosas terminan su trabajo, y se van, dejando hablar, solas, a las demás argüenderas.

Staff Puebla On Line 2009
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