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Centenario: mejor que pase desapercibido

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Centenario: mejor que pase desapercibido
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 23 de agosto de 2010

Lo peor que le pudo haber pasado a la Revolución Mexicana, fue que su Centenario coincidiera con un gobierno federal reaccionario, por ende enemigo de sus principios y, además, inepto y mediocre.

El llamado a los “príncipes” de la Iglesia católica para que asistieran al Campo Marte a los diálogos por la seguridad, fue una afrenta a los revolucionarios que dieron su vida por lograr que el clero dejara de intervenir en la vida política y económica de México. Y hacerlo en un recinto del ejército mexicano fue más que una brutal burla.

Desde luego que esta violación a la Carta Magna insufló a los prelados ya de por sí bastante ensoberbecidos. De ahí que salieran a declarar en contra de la Constitución, de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del jefe de Gobierno del Distrito Federal.

El hecho de que la determinación de la Corte sobre la constitucionalidad de los matrimonios entre personas del mismo sexo haya puesto en evidencia el desconocimiento jurídico de Felipe Calderón y de su procurador, permite suponer que el arzobispo de Guadalajara hizo sus torpes y vulgares declaraciones por encargo.

Antes estas violaciones constitucionales, casi todos los actores políticos guardaron un silencio timorato. Y sólo Marcelo Ebrard tomó la decisión de presentar una demanda por daño moral; la intención: obligar al arzobispo a exhibir las pruebas del soborno a los ministros de la Corte o, en caso de no tenerlas, a dar una disculpa pública además de cumplir con la sanción que señale la autoridad. Con esta actitud, Ebrard seguramente ganó un mayor posicionamiento en su carrera hacia el 2012.

El clero católico siempre ha sido enemigo de la Constitución. Después de haber sido promulgada manifestaron que el Código de 1917 hería los derechos sacratísimos de su Iglesia porque proclamaba principios contrarios a la verdad enseñada por Jesucristo y que por ello la desconocían y la combatirían.

Esta proclama la repitieron en 1926, cuando el presidente Calles, con base en que el estado es propietario de los templos, les pidió que nombraran administradores responsables de los tesoros de la Iglesia; que hicieran inventarios para evitar que éstos fueran enviados al Vaticano. Además de su peregrina publicación también abandonaron las iglesias para hacer creer al pueblo que el gobierno las había cerrado, engaño que produjo el levantamiento en su contra. Este fue el origen de la llamada Guerra Cristera, confrontación que terminó cuando los obispos aceptaron cumplir la Constitución y, en este sentido, firmaron los acuerdos con el ya presidente Emilio Portes Gil.

Como ellos siempre han declarado que la doctrina de la Iglesia es invariable porque es la verdad divinamente revelada, siguen desconociendo e incluso combaten la Constitución, ahora, paradójicamente, con la complicidad del gobierno.

Hasta hace unos días el subsecretario de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, era un ampuloso “inspector Poiré” que como premio a su nula actividad jurídica en contra de esos prelados fue nombrado vocero de Seguridad nacional.

La Universidad Autónoma de Puebla está por publicar el libro “Justicia Social, anhelo de México” cuyo autor es mi padre, el diputado constituyente general José Álvarez y Álvarez de la Cadena. En él manifiesta cuáles fueron las motivaciones de los revolucionarios para ofrendar su vida y qué pretendían los constituyentes al plasmar en la Carta Magna los derechos sociales.

Entre otras cosas dice: “Los constituyentes de 1917… restringimos el derecho individual a la absoluta libertad de enseñanza en el caso de las iglesias y sus sacerdotes, porque no tienen empacho en enseñar falsedades históricas, geológicas, biológicas o de cualquier otra índole científica, con gran perjuicio social, encaminadas a lograr los objetivos políticos de su secta…

“Limitamos el derecho a ejercer la profesión sacerdotal, porque sabemos que la Iglesia romana no repara en hacer pesar sobre la economía social una verdadera legión de individuos inútiles que se refugian en esa profesión para poder vivir a expensas del trabajo ajeno…

“Negamos personalidad a las iglesias, convencidos de que ésta no debe otorgársele a quienes no sólo carece de una constitución legal, sino que desconocen la suprema autoridad del estado, del que solicitan ser declaradas independientes y superiores a él.”

Tuve la gran oportunidad de convivir con muchos de los diputados constituyentes que compartieron con mi padre sus pensamientos en el momento en que fue firmada la Constitución. Por lo que escribieron puedo asegurar que si pudieran ver cómo el actual gobierno ha tergiversado la esencia ideológica de nuestro país, preferirían que el Centenario de la Revolución pasara desapercibido.

alvarezenriqueta@hotmail.com

Staff Puebla On Line 2009
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