La Romero Vargas es el paraíso para la venta y consumo de heroína
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Si la ciudad de Puebla fuera dividida para ubicar los sectores con mayor adicción y venta de drogas, seguramente la junta auxiliar Romero Vargas ocuparía el primer lugar en consumo y venta de alcaloides.
Si la ciudad de Puebla fuera dividida para ubicar los sectores con mayor adicción y venta de drogas, seguramente la junta auxiliar Romero Vargas ocuparía el primer lugar en consumo y venta de alcaloides.
En esta zona la venta de heroína, también conocida como “negra” —y en dosis como “lágrimas negras”— es el principal negocio de la delincuencia organizada, ya que los adictos cada día aumentan, lo mismo que la demanda, pese a que se trata de una de las drogas más peligrosas porque entra en el torrente sanguíneo y es mortalmente adictiva.
Hay muchos motivos por los que la Romero Vargas se ha convertido en el centro de atención de adictos y de consumidores; una de éstas es la zona geográfica donde se ubica porque sus barrancas son utilizadas como “picaderos”, es decir, donde los adictos prefieren inyectarse, pues nadie los molesta.
La segunda es la despreocupación de las autoridades auxiliares municipales, que lejos de denunciar la presencia de grupos delictivos los alientan proporcionándole todas las facilidades para la colocación de laboratorios donde se procesa esta droga, cuyo costo es de 50 pesos la dosis.
La tercera es la corrupción en la que está implicado desde personal de la Policía Ministerial, de la Municipal hasta la del Estado y, porque no decirlo, la Delegación Estatal Puebla de la Procuraduría General de la República (PGR), a quien primero compete atender este tipo de felonías.
Lejos de atender o “litigar” asuntos de las estafas millonarias de las empresas de inversiones que tanto daño han hecho a los poblanos, los federales han desatendido una de las primeras indicaciones de la Nación: el combate al crimen organizado, y por consiguiente el de las drogas.
Si usted no vive por esta junta auxiliar no estará usted enterado que por las calles caminan jóvenes como sonámbulos —que acaban de inyectarse heroína— pero eso no le compete a las corporaciones policíacas, sólo cobrar los permisos correspondientes sin importarles las consecuencias; entre éstas el crecimiento de las pandillas dedicadas a la distribución de alcaloides.
Nombres, nombres…
Le voy a comentar unos nombres y direcciones de algunos de estos vendedores. Los datos provienen de familias afectadas que por ningún motivo se van a arriesgar a que les ocurra algo malo; por lo mismo, no es necesario que pregunten el remitente, mejor acudan, constaten la información y actúen, para que no se les haga extraño que la delincuencia organizada se acerque a esta zona donde la impunidad impera.
Por ejemplo ‘El Chicote’, un vendedor de heroína que se moviliza en una motoneta de roja, y que opera mediante llamada a teléfono celular; ‘El Perico’ llega caminando hasta la unidad habitacional Volkswagen, donde viven todos sus clientes; ‘Paty’, maneja una camioneta Winstar, llega hasta la iglesia de Sanctórum a vender; ‘El Shark’, quien en una camioneta Tsuru blanca ya llegó hasta Cuautlancingo para vender dosis de heroína procedente, lógicamente, de la Romero Vargas.
Todos estos personajes tienen la protección de grupos de policías, que no directores, que no sólo se hacen de la “vista gorda” para dejarlos trabajar, sino que además eliminan a sus competidores.
Personajes como el agente ministerial Moisés Benítez Navarrete y los agentes con las placas 313, 427 y 597, cobran “permisos” para no detenerlos, además de otros uniformados, incluso sujetos que aseguran les llevan “la polla” a los mismos federales para que no se les ocurra realizar un operativo en esta junta auxiliar, y no lo han hecho.
Estos sujetos tienen superiores a quienes dicen les llega el dinero de los “permisos”, personajes de los mandos altos de esta corporación, quienes se hacen que no entienden y no saben.
Por cierto, uno de éstos, bajo investigación de la SIEDO.
“Qué bonita familia”.
Ni me pregunten si se trata de Martín Ramírez, porque no se los voy a decir.