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Pedro Henríquez Ureña

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Pedro Henríquez Ureña
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 28 de septiembre de 2010

Los afanes de Pedro Henríquez fueron su permanente deseo por educar y descubrir vocaciones. Alfonso Reyes, su amigo de toda la vida escribió: “enseñaba a ver, a oír y a pensar, y suscitó una verdadera reforma de la cultura.” Se identificó y amó a México, estudió sus manifestaciones culturales y descubrió sus características. Habló de México como el primero de los países de Latinoamérica donde surge y se encarna un sentimiento colectivo iberoamericano que aspira a crear una cultura propia.

Sus principales aportaciones a la cultura mexicana: trabajos filológicos y obras de temática diversa; la revalorización de Juan Ruiz de Alarcón; sus estudios sobre Sor Juana Inés de la Cruz; la revalorización del Siglo XVIII; su participación en la Antología del Centenario Mexicano y la valorización de las obras de Alfonso Reyes.

En México, luchó contra el positivismo, orientó a los jóvenes que formaron el Ateneo de México y más tarde al grupo Generación de 1915. En el campo de la educación colaboró en la organización de la Universidad Popular, en la reorganización de la escuela de Altos Estudios y en la organización de la Escuela de Verano.

Pedro Henríquez Ureña, nació en Santo Domingo, el 29 de junio de 1884.

Sus padres fueron dos prominentes intelectuales: Salomé Ureña, la gran poetisa dominicana, y Francisco Henríquez y Carvajal, médico, abogado, escritor y pedagogo. Su ambiente familiar estuvo marcado por la presencia de Eugenio María de Hostos, reformador de la enseñanza y luchador independentista puertorriqueño.

Pedro, desde niño mostró interés por la literatura. Tal pasión fue compartida por dos de sus hermanos, Maximiliano y Camila, quienes luego desarrollarían una amplia labor en el campo de la pedagogía y la investigación literaria en Cuba. Vivió en La Habana, Cuba de 1904 a 1905 en la cual desarrolló una amplia producción literaria.

Tras completar los estudios secundarios, marchó a los Estados Unidos, comenzando así un largo periplo que lo alejaría del solar nativo.

En México, vivió de 1906 a 1914 donde se identificó con el país, dio lo mejor de sí con el apasionamiento de la juventud, se integró al grupo de jóvenes intelectuales, que a partir de la “Revista Savia Moderna” llegarían a modificar el país, pues coincide con la transformación cultural y social de México. Por invitación de José Vasconcelos, Secretario de Educación Pública, llegó nuevamente a México en 1921 a colaborar como profesor de literatura de la Escuela Nacional Preparatoria y como director de Intercambio Universitario, ahí fundó y dirigió la Escuela de Verano. Este periodo que se prolonga hasta 1924 se caracterizó por la implantación de nuevos métodos de enseñanza e inició el Seminario de Letras Españolas en la Escuela de Altos Estudios, que más tarde se llamó Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

La estancia de Pedro Henríquez Ureña en México marcó el destino de su vida, encontró una afirmación de su propio ser dentro de un ámbito cultural, halló aquí el contenido de su obra, descubrió en México otro mundo.

La vida y obra de Pedro Henríquez Ureña comprendió varias etapas: dos en Estados Unidos, la primera, a los 17 años de edad, pasó tres años en Nueva York, donde aprendió el idioma, entró en contacto con las mejores bibliotecas y los más grandes valores musicales y teatrales; ahí conoció la verdadera vida americana y aprendió a estimarla en todo su valor. La segunda fue de noviembre de 1914 a 1920, etapa en donde alcanzó una sólida formación profesional. Obtuvo la maestría en Arte y el grado de Doctor en Letras. Ahí se vinculó con el Centro de Estudios Históricos de Madrid. Impartió cursos en el Departamento de Lenguas Romances: “Vidas y costumbres en Hispanoamérica” en la Universidad de Minnesota.

En 1924 se fue a Buenos Aires. Los Henríquez, -su esposa Isabel Lombardo Toledano y su pequeña hija Natacha, se alojan en una pensión de la calle Bernardo de Irigoyen, a pocas cuadras de la estación de trenes de Constitución. En los años sucesivos, Ureña concurre diariamente a Constitución para ir a la ciudad de La Plata (a 55 km) al término de sus clases en Buenos Aires. Es la misma estación, en un vagón, Ureña súbitamente se desplomaría para morir.

Sobre su estancia en Argentina, Borges recuerda: “Yo tengo el mejor recuerdo de Pedro (…) él era un hombre tímido y creo que muchos países fueron injustos con él. En España, si lo consideraban, pero como indiano; un mero caribeño. Y aquí en Buenos Aires, creo que no le perdonamos el ser dominicano, el ser, quizás mulato; el ser ciertamente judío -el apellido Henríquez, como el mío, es judeo-portugués-. Y aquí él fue profesor adjunto de un señor, de cuyo nombre no quiero acordarme; que no sabía nada de la materia, y Henríquez -que sabía muchísmo- tuvo que ser su adjunto. No pasa un día sin que yo lo recuerde….”

Aún así, Ureña desplegó un papel decisivo en la vida académica argentina, que comenzó el año de su llegada al país, en 1924. Primero en la Universidad de La Plata con el filósofo socialista Alejandro Korn, Raimundo Lida, el historiador José Luis Romero y el ensayista Ezequiel Martínez Estrada, un año después junto al filólogo español Amado Alonso, quien invita a Ureña a trabajar en el Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas, en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Así con Ureña, entran a Argentina los estudios hispanoamericanistas, filológicos, estilísticos y lingüísticos; colocando al texto en el centro del análisis.

En 1925, obtiene una cátedra en el Instituto Nacional del Profesorado Joaquín V. González.

A través de su relación con Rosa Oliver, Martínez Estrada, Eduardo Mallea y José Bianco, inicia la publicación de sus trabajos en la revista Sur.
Ureña participa activamente en la construcción y modelado del universo cultural argentino, en los años 1930 y 1940.
Pedro se distinguió como crítico literario, ensayista, periodista, y prosista de gran vuelo. Uno de los humanistas más importantes de América Latina en el siglo XX.

Fue honrado por una de las principales Universidades de su país natal, República Dominicana, poniéndole su nombre: Universidad Nacional PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA.

Ernesto Sabato, quien fue alumno suyo en el colegio secundario dependiente de la Universidad de La Plata escribió:

“Este hombre que alguien llamó “peregrino de América”, tuvo dos grandes sueños utópicos; como San Martín y Bolívar, el de la unidad en la Magna Patria; y la realización de la Justicia en su territorio, así con mayúscula.”
Pedro Henríquez Ureña, fallece en Buenos Aires Argentina, el 11 de mayo de 1946.

Estimado lector tengo dos correos electrónicos a través de los cuales recibiré sus comentarios: alarconpuebla@yahoo.com.mx y

alarconpuebla@hotmail.com

Staff Puebla On Line 2009
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