La prensa y la gobernabilidad
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Al otro día de haber tomado posesión, el director de Comunicación Social le presentó al gobernador la lista de “apoyos a la prensa”. Mariano Piña Olaya la revisó; hizo la suma y asustado reclamó: ¡Cómo crees. Con 500 mil pesos puedo hacer varias obras de tipo social!
Lo que siguió fue la cancelación de los “chayos” a los “chicos de la prensa”, noticia que corrió como fuego en yerba seca. Veinticuatro horas después, los afectados tomaron el Palacio de Gobierno, y alguno de ellos (o varios), indignados por el atentado contra su subsistencia, trataron de tirar la puerta que daba acceso a las oficinas del mandatario: querían verlo para reclamarle. Al final del día sólo hubo algunos vidrios rotos en aquella “toma de Palacio”.
El patrimonio del Gobierno quedó a salvo y Piña tuvo que recapacitar antes de revertir su orden.
En aquella época corrió el rumor sobre la animadversión que en Mariano producían los periodistas. Ello produjo la inmediata respuesta que relato arriba, algo que no pasó en el siguiente mandato, o sea en el de Manuel Bartlett, éste un político con amplia experiencia en ese tipo de relaciones. La fiesta siguió en paz durante el régimen de Melquiades Morales Flores, un gobernante cuyos vínculos amistosos abarcaban a casi todos los medios de comunicación, sus directores y reporteros. Mario Marín Torres mostró el mismo talante aunque con algunas excepciones derivadas del mutismo, digamos que estratégico, que en ciertos casos alteró la relación prensa-gobierno (sobran las referencias).
Hago esta apretada síntesis porque hace unos días leí un interesante análisis sobre el tema, líneas que provienen de la calificada pluma de Mario Alberto Mejía. El escenario propuesto por el colega me recordó lo que refiero al inicio de la columna, ahora, claro, en otro contexto mucho más profesional que el de antaño. Como siempre ocurre, el escrito de Mario Alberto puso a pensar a más de dos. Y al que esto escribe le hizo preguntarse, así, a bote pronto: ¿será capaz Rafael Moreno Valle de tomar represalias contra sus detractores mediáticos?
Quise hacerle la pregunta al gobernador electo pero de inmediato deseché la idea pensando en su necesario, momentáneo y conveniente silencio.
Entonces tuve que hacer un ejercicio de memoria para tratar de desentrañar el asunto y llegar a la conclusión que en seguida leerá, opinión basada en el estilo, inteligencia, futuro público y oficio político de Moreno Valle.
Es más que obvio que Rafael no hará lo que hizo Piña Olaya dado que en nuestro tiempo la prensa local tiene otro nivel gracias, entre otras cosas, a los cambios y al avance de la comunicación. Tampoco adoptará el esquema de Bartlett ni el estilo de Melquiades debido a que es distinta su manera de pensar y, por ende, diferente su visión. Menos aun adoptará la forma y los compromisos que deja Mario Marín. Según creo, lo que hará es poner en práctica una nueva relación con los medios basada (si mal no recuerdo en esto coincido con Mejía) en el tiraje, impacto y sistemas de distribución o difusión, dependiendo si es prensa escrita o electrónica. Pero ello no tendría por qué propiciar un ajuste diseñado con la intención de eliminar a los que menos tienen. No. Quizá los convoque y hasta los financie con la condición o petición de que se inserten en lo que podría ser el impulso cultural que, según su programa de gobierno, tiene planeado para elevar la calidad de vida en Puebla.
Veo, pues, nuevos tiempos para el periodismo poblano interesado en conciliar y concertar la relación prensa-poder, sin exigir viejas prebendas o claudicar en su obligación de decir la verdad.
Diría Francisco Zarco: la libertad de prensa garantiza la existencia de las otras libertades, incluida la de gobernar con la fiesta en paz.
acmanjarrez@hotmail.com