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Letras de oro, a modo de la mayoría

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Letras de oro, a modo de la mayoría
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 4 de octubre de 2010

Una forma de reconocer la trayectoria exitosa de algún mexicano, especialmente en beneficio de la patria, es inscribir su nombre con letras de oro.

Esto puede darse en los muros de los congresos locales y el federal, o de los salones de cabildos de los diferentes municipios.

El problema para escoger a los merecedores de tan importante distinción, es que la decisión depende de la ideología y forma de pensar de las autoridades que ostenten el poder en el momento en que se presente la iniciativa.

Por ejemplo: cuando se presentó la propuesta para inscribir con letras de oro el nombre del diplomático y revolucionario Gilberto Bosques Saldivar, nos encontramos con la fatal coincidencia de que abajo del lugar que estaba vacío aparecía el nombre de Maximino Ávila Camacho, quien había sido enemigo jurado de don Gilberto. Como se trataba de un homenaje en vida, y sabiendo el disgusto que este hecho le causaría, se cambió de ubicación el infausto nombre y se evitó así la contrariedad. Quien estaba en la gubernatura cuando se homenajeó a Maximino, tenía sin duda un concepto de la dignidad y honestidad muy diferente a los diputados que propusimos homenajear al constituyente poblano.

Hace unos días un diputado priista presentó en la Asamblea del Distrito Federal, la propuesta para inscribir el nombre de Plutarco Elías Calles en los muros del recinto de esa Asamblea. Algún diputado del PAN se manifestó en contra argumentando que el ex Presidente había actuado arbitrariamente al mandar matar a dos candidatos opositores a su gobierno, Francisco R. Serrano y Arnulfo R. Gómez. Los priistas asambleístas desconocen la historia de México –o cuando menos este pasaje– y no pudieron defender la propuesta. De ahí que no se lograra la mayoría requerida y que lamentablemente los panistas se salieran con la suya.

¿Qué fue lo que pasó?
Estando en el gobierno Calles, se encontró con el problema de impulsar a quien pudiera controlar a los caudillos que dejó la Revolución, que tuvieran seguidores y que no se subordinaran a cualquiera. Creyó que Francisco R. Serrano reunía las condiciones y lo envió a París para que se preparara. Pero el tipo se dedicó a la pachanga;  a cerrar centros nocturnos y, a cargo del gobierno mexicano, invitó a todos los parroquianos casuales. Ante esta conducta superficial y frívola Calles reconsideró y después de comentarlo y analizarlo con su equipo de trabajo, se pensó que el único que podría controlar a los caudillos era el general Álvaro Obregón. Valoraron las consecuencias y decidieron que era preferible modificar la Constitución, estableciendo que se podía darse la reelección con un período intermedio. Era mejor eso que dejar la gobernabilidad al garete.

Así nuevamente se postuló al general Álvaro Obregón. Los generales Francisco R. Serrano y Arnulfo R Gómez no aceptaron quedar fuera de la sucesión y se dedicaron a tratar de impulsar una rebelión para acabar con el candidato, el presidente y los demás mandos militares. Para su desgracia fueron descubiertos y fracasó su tentativa de rebelión

Por un lado se obtuvieron de la embajada norteamericana los documentos secretos donde constaba cómo ambos se habían dirigido al gobierno de los Estados Unidos, solicitando el apoyo militar para acabar con el presidente Calles. Ello a cambio de derogar el artículo 27 de la Constitución, que  establecía la propiedad de la nación sobre el subsuelo y que llevaría a la expropiación petrolera para, argumentaban, lesionar los intereses norteamericanos. No obstante su actitud entreguista, el gobierno estadunidense consideró que no eran dignos de confianza y les negaron las armas y el apoyo solicitado.

Fue entonces cuando Serrano y Gómez concibieron realizar un atentado: aprovecharían las maniobras militares nocturnas en Balbuena, a las cuales asistiría el presidente Calles, Álvaro Obregón y todo su gabinete. Su plan consistía en que cuando el grupo estuviera en el lugar, se dirigirían los reflectores sobre la tribuna para deslumbrarlos y que en ese momento los soldados dispararan sobre el presídium. Así matarían a los “ pollos  gordos”. Y una vez perpetrado el crimen saldrían los militares a tomar la plaza y esperarían a sus caudillos (Serrano y Gómez) para formar un nuevo gobierno.

La Constitución establecía la prohibición de ocupar el cargo de presidente a quien hubiera participado en una sublevación. Por eso tanto Serrano como Gómez salieron de la ciudad, uno para Cuernavaca y el otro para Veracruz. El gobierno estaba al tanto de sus intenciones, primero por la falta de organización de sus asambleas, a donde asistieron elementos del Estado Mayor Presidencial, y después porque su comandante el general Eugenio Martínez, se arrepintió de la cobarde maniobra y se presentó ante Calles para entregarse y manifestarle que él no estaba de acuerdo con la reelección de Obregón, pero que quería enfrentar el hecho como los hombres y no con una asquerosa traición.

Fue por estos antecedentes que no asistieron a las maniobras y se enviaron elementos militares para detener a Serrano y a Gómez. Y como en derecho militar existía entonces el juicio sumarísimo, mismo que permitía fusilar ipso facto a quienes se les probara haberse levantado en armas en contra del presidente de la República, eso fue lo que sucedió con Serrano y acompañantes en Huitzilac y con Serrano en Veracruz. Si no se hubiera descubierto la intentona de golpe de Estado, las cruces estarían en Balbuena y tendrían los nombres de Calles, Obregón, Amaro, Álvarez y todos los integrantes del lugar de honor. (Los fundamentos, entrevistas y documentos que sustentan estos datos pueden consultarse en mi libro de mi autoría, Espionaje y Contraespionaje en México, editado por  la BUAP).

Si los asambleístas del PRI hubiesen conocido estos hechos, su propuesta de inscribir el nombre de Calles con letras de oro en los muros de la Asamblea de Representantes, no hubiera dependido de la interpretación inculta y tendenciosa que se le dio a este pasaje de la historia.

alvarezenriqueta@hotmail.com

Staff Puebla On Line 2009
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