Estalinismo e intolerancia de AMLO
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Para nadie es un secreto o algo que no deba decirse de manera abierta: Andrés Manuel López Obrador, nunca fue y formo parte de la izquierda mexicana.
Lo mismo se puede decir del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Porfirio Muñoz Ledo, Leonel Godoy, Manuel Camacho Solís, Marcelo Ebrard, Ifigenia Martínez, Ricardo Monrreal y Doña Rosario Ibarra de Piedra entre muchos otros más.
Una gran parte de ellos está hoy en las filas del PRD, otros más en el PT y algunos en el movimiento social obradorista.
Llegaron en el 88 cuando optaron romper con el PRI, por la decisión autoritaria de imponer como candidato a la Presidencia de la República a Carlos Salinas de Gortari. No estuvieron de acuerdo, quisieron que fuera Cárdenas Solórzano, no lo lograron y crearon la corriente democrática del PRI.
A pesar de muchos de nosotros quienes nos opusimos a la candidatura Cardenista en 1988 y ha entregar nuestro registro y aceptar la disolución del PMS, la línea centralista se impuso, pensaron y creyeron que la hora había llegado y que el funeral del PRI estaba por llegar ante la “gran ruptura” que habían sufrido por parte de los miembros de la corriente democrática del tricolor.
Creyendo estar a unos pasos de las puertas del Palacio Nacional y que la democracia por fin llegaría, por la alianza “histórica” que se había hecho con algunos de los caudillos priistas, simplemente se convirtió en un mero espejismo para el principal afluente de la izquierda en México (PMS), nos desdibujamos y perdimos nuestra identidad ideológica.
Sería injusto decir que estos ex priistas nada aportaron en las luchas por construir la democracia en el país, pusieron su granito de arena, pero no fueron los actores fundamentales. Ayer abonaron a construirla los comunistas mexicanos con sus luchas, lo mismo hizo el movimiento del 68, también aporto el PAN de aquellos años y actualmente muchos grupos sociales y ciudadanos siguen ayudando a consolidarla.
Perdimos en el 88, no aprendimos la lección, dejamos de pensar en las ideas de izquierda y sus valores, en la vía democrática al socialismo y terminamos reinventando los viejos ideales de la Revolución Mexicana, el nacionalismo y la lucha de sus caudillos.
El apresuramiento por darle vida al PRD, genero un sinfín de conflictos internos por su composición heterogénea y por el reacomodo de todos sus grupos y corrientes.
Andrés Manuel López Obrador, no proviene de ninguna batalla social o democrática, llega al sol azteca del brazo del ingeniero Cárdenas Solórzano, buscando apoyo y resguardo a sus demandas post electorales sucedidas en Tabasco.
Para entender al peje como le dicen sus seguidores, no hace falta mucho, los viejos cuadros del PRI así fueron formados, bajo conductas políticas autoritarias e intolerantes. Solo recordemos como ayer fuimos sus enemigos acérrimos y nos odiaron con fuerza.
AMLO lleva cuatro años de precampaña, no acepta los resultados de la polémica elección del 2006, sigue sosteniendo la tesis del fraude electoral y tiene un movimiento proclive a el, quienes bajo diversas coyunturas asumen un nombre.
Posee una estructura electoral y territorial en todo el país, afilio a todos sus simpatizantes en los estados de la República, mantiene el mismo discurso y apoyo a Alejandro Encinas en las pasadas elecciones internas del PRD.
Tiene una fuerte presencia en el PT, impuso diputados federales, en elecciones recientes llamo a votar por dicho partido.
Su estalinismo dice mucho, quien se oponga a sus ideas y posturas esta condenado al exilio, somos acusados de traidores y vende patrias.
Retoma ahora el discurso moral de los principios para generar contradicciones entre quien militamos en el PRD.
Cuando le ha convenido es del PRD, pero cuando se atenta en contra de lo que piensa y su movimiento social de resistencia, se ofenden los ideales del sol azteca y somos cómplices del “ilegitimo y espurio Presidente de la República”.
En estos momentos ha generado toda una polémica y los medios de comunicación se dan vuelo con sus declaraciones.
Quiere y busca meter en crisis a la dirigencia nacional del PRD y crear condiciones para decir que el es el único de izquierda en el país y por lo tanto ser el presidenciable nuevamente.
Ejerce un liderazgo social innegable y nadie en su sano juicio puede afirmar que no sabe lo que hace.
La contradicción en la izquierda partidaria no es con su proyecto, este es valido y aporta, pero sus formas intolerantes en nada fortalecen a la izquierda nacional.
El fondo del debate hoy en la izquierda (PRD) son las llamadas alianzas electorales con el PAN, es claro que a muchos no les gustan y tampoco están de acuerdo con ellas, se mezclan muchos mitos ideológicos del viejo pensamiento y se anteponen supuestos principios que hoy nadie tiene.
El planteamiento de las alianzas entre contrarios no es nuevo, se han hecho en la práctica desde diferentes frentes y sirven para construir acuerdos nacionales y electorales en beneficio de la sociedad.
En América Latina se han construido este tipo de pactos y alianzas electorales para desmontar regímenes autoritarios y dar paso a Estados democráticos, mismos que contribuyen en cambiar situaciones de injusticia e inequidad social.
En México la izquierda no puede darse el lujo de permitir el regreso de la vieja cultura autoritaria del PRI, hacerlo significaría el fracaso y la desaparición de esta opción progresista y democrática.
Finalmente cabe subrayar aquí, que las últimas declaraciones de Felipe Calderón Hinojosa, bajo el contexto en que se hayan dado, son totalmente condenables y en nada contribuyen al país en estos momentos.
Han venido a enturbiar más el ambiente caliente que se respira en todos los frentes políticos y renacen los ánimos para una confrontación sin sentido alguno.
El verdadero peligro para México no se encuentra entre las filas de cualquier partido político, los peligros son otros que no se han podido resolver y son aquellos que generan las crisis cíclicas que seguimos padeciendo los mexicanos.
Esperemos que los militantes del PRD en el Estado de México, decidan institucionalmente su política de alianzas electorales y eviten que Enrique Peña Nieto meta las manos.
Que AMLO pueda serenarse y mesurarse en la confrontación que mantiene con los dirigentes del PRD.
Del mismo modo Jesús Ortega Martínez, como dirigente nacional tiene la obligación de evitar una división más al interior del partido. En nada contribuye en estos momentos el intercambio de adjetivos con López Obrador.
Bien vale la pena mandar un mensaje a la sociedad de que la izquierda mexicana tiene unidad, es tolerante, incluyente, moderna y con proyecto de país.
El escenario del 2012 es ideal para nuestra izquierda, tenemos la oportunidad de luchar y ganar el poder para todos con una candidatura única. Ante el fracaso de los gobiernos autoritarios del pasado priista y de la incapacidad de gobernar de los panistas.