La Guayaba y la Tostada
joomla.2009
¿Será que se acuerda de estos personajes en aquella película de Nosotros los pobres, Ustedes los ricos?. Siempre con un montón de copas encima, tantas que debían sostenerse la una a la otra, representaban al lumpen y a la pobreza, y aún así, simpatiquísimas en medio de una trama francamente trágica.
Bueno pues estas cómicas caracterizaciones vinieron a mi memoria a propósito de la renovación de la dirigencia del PRI en Puebla, tema sobre del que mucho se ha hablado en los últimos días: que si la decisión del dedo todopoderoso beneficia a Javier López Zavala; que si por el contrario es a favor de Juan Carlos Lastiri; que si el primero es pantalla del segundo y viceversa. La verdad, es que al igual que con La Guayaba y La Tostada, no podemos negar que son dos políticos que representan lo mismo que se ha venido cuestionado: son parte del mismo grupo político –el marinismo-, su nombre es manejado bajo el mismo esquema de imposición, exclusión e inequidad. Y ojo que, con ello, no se está cuestionando la figura de estos militantes sino la forma en que se pretende colocarlos en el cargo mencionado.
Bajo ese esquema, de nada servirá que Lastiri cuente con una mejor imagen tras la derrota electoral del PRI en julio pasado si el problema de fondo aún subsiste. En ese sentido, hablar de grandes diferencias entre ambos personajes, como se ha tratado de manejar, sería tanto como tratar de describir a La Guayaba y a La Tostada por separado.
Como sea, al igual que en dicha película, algo de cómico tiene todo esto, pues mientras se genera una aparente unidad en torno a cualquiera que sea la decisión del primer priísta de Puebla, lo cierto es que en lo bajo se está generando una gran animadversión hacia esas formas de hacer política y, lamentablemente, también hacia los personajes beneficiados con ellas. En este contexto, podemos augurar que cualquiera de estos dos militantes priístas que sea electo bajo los esquemas ya anunciados, sufrirá un importante desgaste, perderá credibilidad y arribará sin fuerza para dirigir a un PRI que por primera vez en la entidad no tiene detrás suyo a un Gobernador.
Me es curioso escuchar a muchos priístas hablar por lo bajo en contra de esta nueva imposición y en público alabarla o incluso impulsarla.
De seguir así, no dudo que como en dicha película, el lumpen o los pobres, que en este caso serían los protagonistas del priísmo, acaben llorando por el hijo perdido –el PRI, el poder que les generaba y las posiciones supuestamente aseguradas-.
La cuestión es que a nadie nos conviene ese escenario, la disminución del PRI acabará por afectarnos a todos, incluyendo a los que hoy han decidido llevarnos por ese sendero.
Así como esta película representaba la descomposición de la sociedad y los extremos de una realidad social: la separación brutal existente entre ricos y pobres; bien podríamos parodiar la trama en función de la descomposición que sufren los partidos políticos y el alejamiento de estos con respecto a lo que la población quiere.
Pero en tanto el Torito muere, nos leemos la próxima semana….