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Un rescate, una diferencia, una pena

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Un rescate, una diferencia, una pena
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 15 de octubre de 2010

El mundo entero presenció esta semana el rescate de los mineros chilenos, después de decenas de días de estar atrapados en la mina del desierto de Atacama.

Hay varias lecturas de este suceso:

1. El gobierno chileno actuó tarde, pero actuó bien.

2. El rescate fue un espectáculo mediático. Tal vez sea malpensado, pero de las coincidencias siempre hay que desconfiar: el primer y último rescate coincidieron con los horarios de mayor audiencia en Latinoamérica y los Estados Unidos. Del último rescate puede pensarse que es coincidencia; del inicio de los rescates tengo mayores dudas.

3. Lo que es cierto es que el gobierno de Piñera se ha apuntado un triunfo inesperado. Es más, puedo decir que fue un triunfo desdeñado en un principio. El gobierno chileno tardó en responder a la demanda de los familiares chilenos para intervenir en el rescate. Fue una movilización en redes sociales como facebook y twitter, lo que obligó a todos a centrar la atención en una tragedia.

4. Lo mejor de todo es que los mineros salieron con vida. No hay que escatimar elogios a ese logro.

5. Lo malo es que el morbo -alentado por los medios de comunicación- provocó que la situación se convirtiera en una comedia, en un cuento, en un Big Brother donde la realidad que ellos estaban sufriendo era mucho más cruda que la percepción que desde afuera muchos pudimos tener.

6. El asunto da para diversas reflexiones y seguramente dará para muchos estudios. Por supuesto, viene a la memoria el recuerdo de Pasta de Conchos, la mina mexicana en la que murieron 65 trabajadores.  Pienso que, dentro de todo, un factor suerte ayudó a los mineros chilenos.

7. Pero, si existe ese factor suerte, es debido a las inhumanas condiciones en que trabajan los mineros en prácticamente todo el mundo. Su trabajo es un peligro que casi nadie se atrevería a correr. Su introducción en la mina como modus vivendi es sólo producto de la ambición de gobiernos, el beneficio de unos cuantos empresarios y la satisfacción de necesidades superfluas. El mundo podría vivir sin que la gente tuviera -por necesidad- que desempeñar trabajos tan peligrosos. Vincent Van Gogh los retrató de manera magistral (Los comedores de patatas, por ejemplo) y los cuadros del pintor holandés son sólo un mínima muestra del desgarro que es vivir en las condiciones de los mineros. Sí, el rescate de los mineros chilenos habrá que celebrarlo, por la celebración natural a la vida y por las condiciones del caso, pero no hay que dejar pasar la oportunidad de reflexionar sobre sus condiciones de trabajo, tan peligrosas como innecesarias. Es culpa de gobiernos, empresas, sindicatos y sociedad. Es una pena que hoy, en este siglo, con la tecnología que disponemos, aún la gente siga arriesgando su vida para poder (sobre)vivir.

8. Hoy tuvieron suerte. En Pasta de Conchos no se tuvo la misma y tampoco se tuvo el mismo gobierno. Lo más preocupante es que mañana, los mineros serán una portada de periódico, una fotografía con famosos o un programa de televisión. Habrá que luchar porque su angustia, de más de 70 días, no se quede en esas banalidades.

9. Marx tenía razón: el salario de los trabajadores no está de acuerdo con su trabajo. Quien afirme lo contrario, que le pregunte a los mineros chilenos. Setenta días de vida no tienen precio. La oportunidad de uno más, fuera de la mina, tampoco.

TIEMPO EXTRA

LIBRO: Garzón, el hombre que veía amanecer (Pilar Urbano, Barcelona: Plaza y Janes Editores, 2000), es un libro de referencia obligada para quienes somos admiradores de la carrera del magistrado español.

Staff Puebla On Line 2009
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