2012 y narcopolítica
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En medio de una sucesión presidencial adelantada, el enfrentamiento al interior de los partidos políticos se acrecienta. Por un lado tenemos que en el PRI los golpes bajos iniciaron hace ya varios meses especialmente contra el puntero, Enrique Peña Nieto, quien ahora enfrenta una compleja elección estatal que pudiera mantenerlo o vulnerarlo.
En el PAN la cosa no ha sido tan seria dado que aún no existen elementos que lleven a un personaje en particular para asumir la delantera, sin embargo, la guerra inicia con la próxima renovación de su dirigencia nacional.
Es en la izquierda en donde la división se hace más evidente al contar con dos militantes de gran fuerza. La disputa entre Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador, bajo la bandera de las alianzas con el PAN en el Estado de México, amenaza con ruptura aunque, por lo pronto, ninguno de los dos ha hecho declaraciones que los lleven a un camino sin retorno.
En medio de esa disputa, un nuevo escándalo contamina al PRD pero también a los políticos en general y al propio Congreso de la Unión. Se trata de la filtración en medios de una conversación entre el ya conocido como diputado 500, Julio César Godoy Toscano, y el jefe del Cártel de la Familia, La Tuta, que pone en evidencia la relación personal existente entre ambos personajes.
Haciendo un breve recuento, tenemos que este perredista fue electo en julio de 2009, pero al ser acusado por sus nexos con el crimen organizado no asumió el cargo y decidió permanecer escondido hasta hace unas semanas en que, arropado por algunos de sus compañeros de curul, entró escondido al recinto parlamentario para finalmente tomar protesta y hacerse del fuero del que se goza siendo Diputado. Ante tales acontecimientos, la PGR promovió un juicio de desafuero ante esa instancia legislativa y es, a partir de ello, que se hicieron públicos sus nexos con la organización michoacana de La Familia.
Esta situación es parte del lamentable proceso de descomposición que se vive en el país. Con su actuación el aún Diputado ha contaminado a la clase política mexicana empezando por su medio hermano el Gobernador de Michoacán, Leonel Godoy Rangel.
La gravedad del asunto, además de lo obvio, radica en el hecho de que, desde su arribo a la Presidencia, Felipe Calderón ha implementado una política de seguridad con tintes electorales y bajo ese esquema Godoy Toscano está otorgando credibilidad y legitimidad a cualquier acción emprendida por el Gobierno Federal contra cualquier otro político justo en el arranque del proceso electoral 2012 que se antoja altamente competido y sucio.
Son muchas voces, tanto nacionales como internacionales, que han establecido que una eficiente guerra contra el crimen organizado debe, por fuerza, terminar en la detención de cabezas provenientes del sector político.
En lo personal calculo que la eficiencia no depende de a quién o a cuántos se detenga sino de la detención de verdaderos culpables, independientemente del sector al que se pertenezca.
Sería lamentable para México y sus Instituciones que la narcoguerra asumiera tintes político-electorales, porque además de no ejercer una auténtica política en contra de la delincuencia organizada, se estaría vulnerando a la democracia mexicana y a los actores sobre los cuáles ésta descansa.
Habremos como ciudadanos, políticos y comunicadores mantenernos al tanto de lo que acontezca a modo de detener cualquier tentación autoritaria e ilegal, provenga de quien provenga.