¿Y el ciudadano?
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A medida que se presiona para lograr la “Ley de Seguridad Nacional”, y con esto darle una mayor preeminencia al papel del ejército mexicano en el combate contra crimen, en el mismo sentido se trata de impedir la validez del fuero militar ante los tribunales civiles. Esto sin duda representa un avance en los criterios de impartición de justicia haciendo prevalecer el derecho civil y garantizando el ejercicio y el respeto de los derechos humanos. Sin embargo, en este proceso de reformas por la seguridad nacional debemos preguntarnos ¿y los derechos ciudadanos cuándo?
En nuestro país en los últimos diez años, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se ha convertido en un actor poderoso, al momento de asumir su papel en el arbitraje de conflictos que involucran al poder político (los resultados electorales por ejemplo). Sin embargo, cabe preguntarnos, ¿si ese es el papel fundamental que le corresponde a un tribunal constitucional en una democracia como la nuestra?, en la que el Estado de derecho sigue siendo cuestionado.
Reducir la función de dicho tribunal a la de árbitro de conflictos entre actores políticos, implica desconocer su poder real, es decir, su posibilidad de influir en el proceso democrático.
Hoy más que nunca, los preceptos constitucionales, buscan establecer las reglas del juego político de una frágil democracia en lo relativo a división de poderes, pluralismo político, elecciones libres, rendición de cuentas y los derechos constitucionales de los ciudadanos entre otros.
Por otro lado, se pretende que el gobierno por sí mismo, nos lleve a la democracia, la igualdad, la libertad, transparencia etc. Y a la vez, se cree que es la labor del gobierno la que nos lleve a una democracia en la que valores como la igualdad, la libertad y la transparencia se hagan efectivos .
Los valores de la democracia sólo se enarbolan cada vez que sucede una tragedia, lo que obliga a refrendar los derechos fundamentales y libertades constitucionales, aún cuando las prioridades de un “gobierno en guerra” contra el narcotráfico son muy diferentes a las que habría de conducir un régimen democrático, olvidando que un régimen constitucional, busca generar una forma de organización política, en donde los gobernados ejerzan sus derechos ciudadanos y donde el poder político se practique dentro de los límites y controles que conlleva la materialización de una ciudadanía participativa.
En este contexto, nuevamente nos preguntamos ¿cómo hacer para que se cumpla la constitución?
La experiencia de las últimas cinco décadas, nos dan muestra de que los tribunales constitucionales son los únicos medios que pueden convertirse en un instrumento eficaz al servicio de la defensa de los derechos y libertades constitucionales. Mediante sus sentencias han logrado proteger intereses sociales que quedan al margen de las agendas políticas, pero que son necesarios para preservar los valores sustantivos del concepto de ciudadanía (derechos de libertad, libertad de credos, igualdad ante la ley, presunción de inocencia, derecho a un juicio justo etc.)
En síntesis, se trata de que la constitución sea una fuente eficaz de derechos ciudadanos y no una sola carta política. En este sentido, es fundamental que la corte recoja la estafeta de los derechos y libertades del ciudadano y logre garantizar los valores de la democracia para que antes de contar con otra ley de control político-social, se equiparen normatividades. Porque hasta ahora los derechos del acusado y detenido en un juicio penal han sido minimizados por los tribunales federales, otorgando a las procuradurías estatales, un “cheque en blanco” para llevar a cabo sus tareas de investigación, utilizando cualquier método. Esto se debe a que las tesis y criterios jurisprudenciales que se establecieron en las décadas anteriores no han sido revisados, ni revocados a la luz del nuevo contexto globalizante y neoliberal.
Estamos preocupados porque sólo se amplían las obligaciones y se restringen los derechos y ya es necesario empezar a discutir el tema de la ciudadanía de manera responsable y con visón de futuro.