Otra vez los ni-nis
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Esta semana retomemos el preocupante tema de los ni-nis.
Es importante buscar y encontrar una solución a este problema social, generacional. Y lo que voy a decir no es una novedad para nadie.
Sabemos que nuestros jóvenes padecen este mal, pero si no trabajan, ni estudian, ¿qué hacen?, ¿a qué se dedican?, ¿cuál es su perspectiva en la vida, en lo inmediato?, ¿y a mediano plazo? Y -también se puede pensar esto- a largo plazo. Digamos, a 20 años de distancia.
No hablemos de cómo llegaron a esa situación. Lo que hay que recalcar es que ya están en esa situación.
Desde luego, pueden conseguir, con suerte, ahora, un trabajo. Y pueden, también, con voluntad, volver a estudiar. Pero, si ya están en eso, ¿lo harán? Parece difícil puesto que su voluntad actual es no hacerlo.
Echarle la culpa al medio –que dicen que “no los favorece”- con ser cierto, es un pretexto para no hacer nada. Así sea, simplemente, porque el género humano, desde su aparición sobre la tierra, ha tenido que luchar contra el medio. Y, así, salió de las cavernas y ha llegado hasta donde actualmente nos encontramos.
Decir que “no les dan oportunidades”, con ser, también, cierto; es pura flojera. Pues, si no hay esas oportunidades, hay que crearlas o buscarlas. Así fuera, yéndose al extranjero. Pero, usar ese argumento, lo único que demuestra es su pereza. Porque, el ejemplo es real: ¿tenían más oportunidades nuestros padres? O ¿nuestros abuelos? Y, así, para atrás. La respuesta es, no. Ellos ni siquiera tenían w.c., ni agua corriente que saliera por llaves, ni sabían leer ni escribir, Y, TODOS ELLOS, en un esfuerzo colectivo de cuando menos, tres generaciones, construyeron éste México que hoy tenemos. El cual, por cierto, no les gusta. Pero tampoco les cuesta.
Cachondearlos, bajo cualquier argumento: el gobierno no les cumple, la IP no invierte, los capitalistas extranjeros no llegan, etc, etc, etc., contribuye, simplemente, a trasladar la culpa a otros. En lugar de que ellos se pongan a trabajar. O, ya, de perdida, a estudiar.
Con esos argumentos, yéndose para atrás, se llega a la conclusión de que están, así, “porque Dios lo quiere”. Lo cual es tato como afirmar que siempre ha habido pobres y siempre los habrá.
Y, Dios no puede querer eso. Y, finalmente, hay que dejar a Dios en paz, en su lugar, donde debe de estar: en la conciencia de las personas. “A Dios rogando y con el mazo dando”, decía un refrán antiguo, que, en su sentido moderno, quiere decir, exactamente eso.
¡Ya pónganse a trabajar, ya basta de puro desmadre.
Ya sé que se me tachará, por escribir lo anterior, de, “reaccionario”, de derecha, incomprensivo, autoritario, etc, etc, etc. Y de estar en contra de “los derechos humanos”. Y sus etcéteras. Pero, me vale. Así pienso, además de que ni soñando sería de derecha y puedo demostrarlo.
Sólo me queda una duda: ¿cómo los convencemos de que dejen de estar flojeando? De que estudien. De que mejoren. De que tengan legítimas y válidas aspiraciones de bienestar y progreso.
Y me queda otra duda: ¿cómo les ayudamos? ¿Se puede hacer algo por ellos, si ellos no quieren ayudarse a sí mismos?
Lo peor es que, si ellos mismos no reaccionan, dentro de 10 o más años, las consecuencias van a ser terribles y fatales para ellos. El país se estará privando de lo que podría ser su mejor mano de obra por muchos años. Y esa mano de obra, no ocupada, de todos modos se van a reproducir biológicamente y se van a sumar varios millones de niños más a estos de ahora.
Ese sí que es un verdadero reto, para todos los niveles de gobierno, más que atender a los viejitos hay que atender los ni nis.