El Gobernador y el Judicial
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No debe tener cara de buenos amigos Mario Marín cuando le hablen del Poder Judicial del Estado. Es el único Poder que nunca respondió del todo -ojo, del todo- a sus intereses. Siempre le pasó facturas (en todos los sentidos) y respondió a sus embates.
Pero, ¿por qué el Judicial respondió en el sexenio a inercias internas, grupos empresariales y grupos de abogados, más que a la voluntad del Gobernador?
La respuesta pasa por tres vertientes:
1. El Gobernador fuerte, pero excluyente. El Judicial siempre ha vivido con un Gobernador que le pide, le exige, le aprieta. Pero Marín quiso comerse el pastel solo y entonces los grupos respondieron. Ya fueran Pachequistas, Melquiadistas o Bartlistas, los grupos al interior del Poder Judicial se sintieron excluidos y eso incomoda a cualquiera.
2. Porque están aprendiendo a ser Poder. El Judicial no ha experimentado la libertad, pero con Marín entendieron que podían ser importantes. El personaje clave en ello fue Guillermo Pacheco Pulido. No se puede entender al Judicial en el sexenio de Marín sin la figura del otrora Presidente del Poder Judicial. Pacheco llegó a su refugio y lo aprovechó. Supo aparecer como una figura -hasta cierto punto- distante de Marín. Al final, el Poder Judicial aprovechó los resquicios que, por ineptitud, Marín y los suyos dejaron abiertos.
3. Porque al Gobernador le falló el timing. Si los cálculos de Marín eran de una disputa cerrada por la gubernatura, más le valía haber apretado las tuercas meses antes. Si los magistrados del Judicial hubiesen iniciado los procedimientos necesarios para jubilarse antes de la elección a Gobernador, Mario Marín hubiese tenido el control de la designación de sus sucesores. Pero es claro que el inquilino de Casa Puebla previó su refugio una vez que veía hundirse el barco.
Con la designación de Ricardo Velázquez pasó algo similar: quiso llegar, ver y vencer. Y el Judicial tiene sus inercias. Una incrustación de Velázquez de manera previa a su intento por hacerse de la presidencia del Tribunal, habría suavizado su aterrizaje. Al gobernador le faltó timing, aunque cuando tenía todas las cartas en su mano y contaba con los medios para negociar.
Ahora, al Poder Judicial -siempre priísta y servil- le tocará una nueva etapa: convivir con un Gobernador de una bandera distinta al tricolor. Lo mejor que puede hacer Moreno Valle sería reformar ampliamente el Poder Judicial. ¿Con quién pactar? Con el PRI, por supuesto, y en especial con Marín (este último lo hará con gusto). Una reforma del Poder Judicial conviene a todos: es el reparto de un pastel, hasta ahora propiedad de unos cuantos.
Son varias las cuestiones principales: Conformación (número de magistrados) y redistribución de competencias del Pleno, redistritación jurisdiccional, órgano de administración y fiscalización interno, creación de tribunales especiales, entre otras.
Es el momento de darle un cambio al Poder Judicial. Hay que ver a sus miembros para saber que, en ese aspecto, el Estado de Puebla parece a la Francia previa a la Revolución: tiene un Poder Judicial rancio, contestatario y servil.
Habría que reformar el Judicial para que, en verdad, sea la bouche de la loi (la boca por la que habla la ley); pero que sea la ley de todos, no sólo la voluntad del Gobernador.