Catedral de Puebla: abren la Capilla de las Reliquias
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Como ya es tradición, el 1° de noviembre, desde las 7:00 de la mañana y hasta las 7:30 de la noche, se exponen en Catedral de Puebla las reliquias de los santos mártires que se encuentran en la Capilla de las Santas Reliquias, y en los altares de san José y san Miguel, para que los fieles puedan venerarlas.
Como ya es tradición, el 1° de noviembre, desde las 7:00 de la mañana y hasta las 7:30 de la noche, se exponen en Catedral de Puebla las reliquias de los santos mártires que se encuentran en la Capilla de las Santas Reliquias, y en los altares de san José y san Miguel, para que los fieles puedan venerarlas, y así admirar la obra de Dios realizada en ellos, aprender de su ejemplo y pedir su intercesión, de modo que, como ellos, podamos llegar al Cielo por el camino del amor a Dios y al prójimo, informó la Arquidiócesis de Puebla.
La Capilla de las Santas Reliquias
La Capilla de las Santas Reliquias aloja restos de algunos mártires, particularmente en la urna central, de origen filipino. En los bustos en yeso, elaborados en la academia de las Bellas Artes, contiene reliquias de los respectivos santos: san Basilio, san Sotero Papa, san Cornelio, santa Catalina de Siena, san Irineo y otros. Bajo la mesa del altar está una escultura en cera de san Florencio, que contiene huesos de este santo. Las pinturas realizadas por Juan Tinoco (s.XVIII), nos recuerda el testimonio de santos como san Lorenzo, santa Úrsula, san Pedro y santa Bárbara.
Reliquias en los altares de San José y San Miguel Arcángel
Bajo el altar de san José se encuentra una escultura en cera de san Satrapio, mártir romano de los primeros tiempos del cristianismo, que contiene algunos huesos. También está su lápida, hallada en las catacumbas de Roma. Bajo el altar de san Miguel, se encuentra una escultura de san Herculano mártir, y una ánfora que contiene restos de su sangre. También está la lápida correspondiente, hallada en las catacumbas romanas.
Algunos santos cuyas reliquias se encuentran en la Catedral Poblana
San Basilio: (Memoria 2 de enero). Nacido en Cesarea de Capadocia en año 330, fue gran impulsor y organizador del monacato en oriente. Nombrado obispo de Cesarea se distinguió por su preocupación social sus numerosos escritos, su oratoria y su santidad. Murió en 379.
Santa Catalina de Siena: (Memoria 29 de abril). A esta santa doctora de la Iglesia (1347-1380) un día se le apareció Jesús y le dijo: “me puedes servir apoyando al prójimo”. Entonces ella se dedicó a la oración y al servicio de sus semejantes. Escribió obras de gran sabiduría, e intervino en muchos asuntos públicos y privados.
San Irineo: (Memoria 28 de junio). Considerado uno de los padres de la Iglesia, ya que fue testigo privilegiado de la Tradición. Nació
La muerte: puerta de entrada a la vida eterna
La muerte, dolorosa y misteriosa, es cierta, inevitable y única. Dios, creador de todo, no hizo la muerte, sino que ésta entró en el mundo, a causa del pecado cometido por los primeros humanos (cfr. Sab. 1,13). Sin embargo, Dios, en su infinito amor, quiso enviarnos como Salvador a su Hijo Jesucristo, quien con su muerte y resurrección venció para nosotros a la muerte, transformándola en el fin de la vida terrena y comienzo de la vida eterna, que consiste en participar de la vida plena y feliz de Dios. A eso le llamamos “ir al Cielo”, adonde llegan aquéllos que mueren en gracia y amistad con Dios. Quienes mueren en estas condiciones, pero todavía con algunas imperfecciones, requieren ser purificados antes de entrar al Cielo. A esta etapa de purificación que sigue a la muerte le llamamos “Purgatorio”. El 2 de noviembre recordamos a nuestros difuntos que están purificándose para entrar en el gozo definitivo de Dios.
¿Qué podemos hacer por nuestros difuntos?
Este día debemos hacer oración por el eterno descanso de nuestros difuntos, conscientes de que los lazos de amor que nos unieron a ellos en vida no se destruyen con la muerte, sino que, como todos los bautizados, formamos una familia, tanto los santos, como los
difuntos, y los vivos podemos ayudarnos unos a otros con nuestras oraciones. La oración más perfecta es la Santa Misa, por ello, lo mejor que podemos hacer por nuestros difuntos es ofrecer la Santa Misa por ellos. También podemos ganar una Indulgencia Plenaria para que, a través de ella, Dios termine de purificarlos y les conceda la entrada definitiva en el Cielo. Del 1º al 8 de noviembre, los fieles que visiten con devoción algún cementerio o cripta podrán ganar Indulgencia Plenaria, una vez al día, por las almas del Purgatorio. Los que vayan a Misa el día 2 de noviembre, también pueden obtenerla. Para recibir esta Indulgencia Plenaria, aplicable sólo a los difuntos, se requiere estar en estado de gracia, comulgar debidamente y rezar un Padrenuestro y un Ave María y Gloria Patri por las intenciones del Papa.
La visita a la Cripta de los Obispos en Catedral
Como ya es tradición, el día de 2 de noviembre, desde las 9:45 de la mañana a las 12:30 del mediodía y desde las 4:00 hasta las 6:30 de la tarde, los fieles visitan la Cripta de los Obispos para pedir a Dios por el eterno descanso de quienes fueron pastores de la Iglesia en Puebla. Esta Cripta se encuentra bajo el zócalo del Ciprés del Altar Mayor. Ahí reposan los restos mortales de 13, de los 35 obispos, y 5 arzobispos difuntos que han guiado a la Iglesia de Puebla, con sus nombres y una leyenda alusiva a sus características biográficas. Fue el Venerable Juan de Palafox y Mendoza quien ordenó el traslado de los restos de sus predecesores a esta Cripta, después de que él mismo reiniciara los trabajos de construcción de la Catedral y la consagrara, en 1649. Entre los Obispos sepultados en este lugar se encuentran: Fray Julián Garcés, primer obispo de Puebla (1527-1542), Don Salvador Bienpica y Sotomayor (1790-1802), y los Arzobispos Don Pedro Vera y Zuria (1924-1944) y los hermanos Don José Ignacio (1945-1950) y don Octaviano Márquez y Toríz (1951-1975).
Y los restos de los demás obispos ¿dónde están?
Los restos de otros obispos se encuentran en diferentes sitios de la Catedral, como el caso de Don Francisco Pablo Vázquez Vizcaíno (1831-1847), sepultado a los pies del altar de San José con la leyenda: “Fieles, rogad por mí, pecador”. Los restos del Venerable Ramón Ibarra Ramón Ibarra y González, primer Arzobispo de Puebla (1902-1904), descansan en la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe. Algunos obispos no se encuentran sepultados en esta Catedral, ya que fueron trasladados en vida a otras sedes episcopales, como es el caso del Venerable Don Juan de Palafox y Mendoza (1640-1649), cuyos restos mortales descansan en la Catedral del Brugo de Osma, España, donde murió en 1659.