El PRI sin líder
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Juan Carlos Lastriri se convertirá en el nuevo mandamás priísta en el Estado. Ante la presencia de un gobernador panista en Casa Puebla, se antojaba una figura de primer peso en el que será el principal partido de oposición en Puebla, pero, para desgracia de los priístas, Lastriri no es ese personaje.
Surgido de la burbuja marinista, su arribo a la Presidencia del PRI poblano está demasiado condicionada para que pueda dejar satisfechos a muchos. El punto más desfavorable para el próximo dirigente, es y será su cercanía con Mario Marín.
No cabe duda, para quienes pensaban que el Gobernador estaba políticamente muerto, se equivocan: Marín está buscando, con la llegada de Lastriri, que su grupo político asegure una de las candidaturas al Senado de la República para el próximo 2012 y colocar a un importante número de su gente en las candidaturas a diputaciones federales. Y nada mal le ha salido la jugada al Gobernador.
Pero Lastriri tendrá que lidiar no sólo con las instrucciones de su jefe político (Marín), sino con los intereses de los grupos influyentes en el priísmo poblano, con la disputa al interior del PRI por el apoyo a los aspirantes a la candidatura presidencial, y con la dirigencia nacional. Y es ahí donde la ecuación se complica para Lastriri, porque su arribo terso le habrá costado los arreglos políticos que le harán la vida imposible (los Dogeristas, los Melquiadistas y los Bartlistas le recordarán en cada decisión lo que hoy escribo).
El PRI poblano pierde. Lastriri no es el líder que necesita y no es la figura que pueda “mandar” (en toda la extensión de la palabra) al interior del PRI y negociar con los diferentes grupos políticos para presentar esa postura común que haga frente a un gobierno coalicionista (el de Moreno Valle) que se prevé demasiado frágil ante un embate adecuado (sobre todo en sede del Congreso)
El PRI tendría que replantearse quién mandará y quién debería mandar en el PRI. Hoy, todo parece indicar, Marín ha dado un paso adelante, con los compromisos que ello haya implicado, pero con las innegables ventajas que acarrea.
Lastriri arriba al PRI, que no termina de aterrizar en la cruda realidad que le dejó el 4 de julio. Y si ya aterrizó, entonces Moreno Valle tiene razones para sonreír: la unidad de este PRI es aparente y a él se le facilitará lidiar con un partido que tiene a Mario Marín como principal personaje. Porque eso significa la llegada de Lastriri: que hay Marín para rato.