miércoles, 03 junio 2026
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Gabriel Hinojosa es el nuevo gurú del alcalde electo, Eduardo Rivera

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STAFF PUEBLA ON LINE 2009 9 de noviembre de 2010
Para la derecha, Gabriel Hinojosa representa el negrito en el arroz: el primer alcalde panista de Puebla y el primero en ser rechazado por la comunidad blanquiazul: su propio partido se convirtió en su crítico más ácido y en su enemigo fulminante, aún mayor que el propio Manuel Bartlett, como gobernador.
 
Para la derecha, Gabriel Hinojosa representa el negrito en el arroz: el primer alcalde panista de Puebla y el primero en ser rechazado por la comunidad blanquiazul: su propio partido se convirtió en su crítico más ácido y en su enemigo fulminante, aún mayor que el propio Manuel Bartlett, como gobernador.
 
Y eso es mucho decir.
 
Hinojosa Rivero se convirtió en candidato, porque el PAN aldeano jamás pensó que ganaría, y fue presidente municipal, a costa de su partido.
 
Por eso, al término de su mandato quedó inmerso en la orfandad política, y nadie intentó detenerlo cuando presentó su renuncia a las filas de Acción Nacional.
 
La misma historia, con diferentes vericuetos, siguió el segundo alcalde panista de la Angelópolis: Luis Paredes Moctezuma, quien también culminó su mandato con una muerte cívica partidista (y hasta social), incluso, más exhibida que la de Hinojosa: a unas cuantas semanas de terminar la administración fue publicada en distintos diarios de circulación estatal una carta pública de desconocimiento a Paredes, tanto como alcalde como panista, misma que fue firmada por los más altos líderes de ése partido, incluido Francisco Fraile, Jorge Ocejo,
Eduardo Rivera Pérez y, para colmo de males, el entonces presidente del Comité Municipal, Pablo Rodríguez Regordosa.
 
El pasado 4 de julio, Eduardo Rivera se convirtió en el tercer presidente municipal de Puebla.
 
Y nuevamente aparece la amenaza histórica: la guerra pírrica entre alcalde y partido.
 
Aunque Rivera sí pertenece a la descendencia de la ultraderecha y representa actualmente con su triunfo en las urnas a la parte más activa políticamente hablando de ése sector, al parecer Rivera quiere amarrarse el dedo.
 
Su propósito primario es que la historia no se repita.
 
A como dé lugar.
 
Fue por eso que, pese a la protesta de las vacas sagradas del panismo, Rivera Pérez invitó a Gabriel Hinojosa a que fungiera como su asesor, sobre todo en los procedimientos de entrega-recepción con la administración priísta que culmina con Blanca Alcalá.
 
Eduardo Rivera es fiel escucha de la experiencia, y con Hinojosa Rivero no puede encontrar mejor prototipo.
 
Demostrando apertura y astucia, el alcalde electo tiene claro evitar los yerros de sus antecesores.
 
Y una de los consejos principales de Hinojosa fue que el alcalde debe tener injerencia y dominio sobre el Comité Municipal de su partido, de lo contrario, peligra desde el principio de su administración.
 
Un presidente municipal no debe mostrar debilidad en el dominio de la política, sobre todo, en la interacción con los distintos liderazgos en todas las aristas sociales: empresarios, vendedores ambulantes, locatarios, maestros, sindicalizados, taxistas…
 
La figura del presidente del partido es básica para que el alcalde pueda interactuar con todos los personajes más importantes de la sociedad poblana.
 
Ése fue el renglón que no han cubierto los últimos alcaldes, y por tanto, se les ha complicado tanto el ejercicio de la administración pública: es el divorcio entre el presidente municipal y su presidente de partido en donde han emanado gran parte de los dolores de cabeza de los últimos ediles: empezando desde Gabriel Hinojosa Rivera, siguiendo con Luis Paredes y hasta los recientes de manufactura priístas (que no han contado con el apoyo incondicional de su partido) Enrique Doger y Blanca Alcalá.
 
Ha sido la guerra interna o el fuego amigo uno de los principales distractores con los que han tenido que lidiar los últimos alcaldes.
 
Eso es lo que intenta impedir Eduardo Rivera con su gobierno que inicia.
 
Así se explica la llegada de Gerardo Maldonado Balvanera a la presidencia del Comité Municipal del PAN: a un perfecto desconocido y sin méritos propios, se le ofreció en bandeja de plata la candidatura única, misma que se consumó el pasado domingo sin mayores alteraciones.
 
‘Gris’, ‘trepador’ son las etiquetas menores que le cuelgan a este personaje.
 
Pero todo tiene una razón de ser.
 
Eduardo Rivera urge de un personaje precisamente con el bajo perfil que muestra Gerardo Maldonado para poder reinar en la política pública de esta ciudad.
 
Alguien obediente.
 
Que no represente un obstáculo: sin grandes aspiraciones personales ni hambre de poder, para que no le estorbe, al contrario, que le ayude a frenar tempestades.
 
Eduardo Rivera quiere empezar con el pie derecho su gobierno.
 
Y ya hizo la primera parte de su tarea.
 
Sobre todo porque sabe que, a nivel estatal, al lado de Rafael Moreno Valle, no tiene nada asegurado.
Staff Puebla On Line 2009
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