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SEP presiona a universidades para que se acrediten

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STAFF PUEBLA ON LINE 2009 10 de noviembre de 2010
Faltando menos de tres meses para que acabe el sexenio, el jueves de la semana pasada, de manera sorpresiva, poco congruente, Rodolfo Albicker Díaz, quien es el director de Educación Superior de la SEP, le comunicó a unos 200 rectores o directivos de Instituciones de Educación Superior (IES) pequeñas y medianas que tienen que someterse de manera obligatoria y en el mediano plazo a un proceso de acreditación de programas de enseñanza.
 
 
Faltando menos de tres meses para que acabe el sexenio, el jueves de la semana pasada, de manera sorpresiva, poco congruente, Rodolfo Albicker Díaz, quien es el director de Educación Superior de la SEP, le comunicó a unos 200 rectores o directivos de Instituciones de Educación Superior (IES) pequeñas y medianas que tienen que someterse de manera obligatoria y en el mediano plazo a un proceso de acreditación de programas de enseñanza.
 
Ese nuevo proyecto tiene el tufo de ser un negocio de última hora de funcionarios de la SEP, en contubernio con organismos privados dedicados a procesos de acreditación; o el intento de plantar una serie de intereses o programas que permita la permanencia de ciertos directivos de la Secretaría de Educación Pública en el siguiente sexenio, como es el caso del propio Albicker Díaz.
 
Dicho anuncio es una muestra de la anarquía que privó en la SEP en el presente sexenio en el área de educación superior, ya que al cuarto para las 12 se quiere implantar un nuevo esquema de mejoramiento de la calidad de la enseñanza, luego de que en los últimos seis años fue un tema que soslayó el titular de la cartelera de Educación, Darío Carmona García.
 
La exigencia que hizo Albicker a pequeñas y medianas instituciones de educación superior, de que a la mayor brevedad es obligatorio que certifiquen sus programas, fue tomado por rectores y directivos con enojo y, sobre todo, con recelo, al tener la esperanza de que no se concrete dicho planteamiento por estarse dando al final del sexenio.
 
El malestar se debe, principalmente, a que mete a las IES en un brete, pues significa erogar un alto gasto en ese proceso que está plagado de vicios –por convertirse en el negocio de ciertos organismos– y porque el grueso de las escuelas y universidades enfrenta una importante caída en sus matrículas y por ende en sus ingresos económicos que no les posibilita pagar la acreditación de programas.
 
Para entender lo que pasa es necesario remontarse al inicio de la gestión de Darío Carmona al frente de la SEP. En 2005 el secretario de Educación estableció el Acuerdo de Opciones de Titulación, mediante el cual, para que las IES pudieran tener derecho a ofrecer a sus alumnos 10 opciones de obtención del grado de licenciatura, tenían que entrar a esquemas de certificación de procesos administrativos o de enseñanza–aprendizaje.
 
Todas las IES, principalmente las pequeñas y medianas, se tuvieron que someter a ese proceso obligatorio, para el cual les fijaron tres años de plazo límite. Algunas instituciones tuvieron que gastar un promedio de 400 mil pesos para aprobar los requisitos del ISO9001, y luego de que obtuvieron las certificaciones tuvieron que entrar a fases de “re–certificación”; es decir, que les vigilen que cumplan con las normas.
 
Los procesos de “re–certificación” significan para cada IES gastar como mínimo unos 50 mil pesos cada año. Eso en algunas universidades o escuelas les implicó gastar más de medio millón de pesos en los últimos cinco años.
 
Las IES que más se rezagaron con la certificación la concluyeron en 2009, y ahora, un año después, les están pidiendo la acreditación de programas, que implicará un gasto similar o superior al que hicieron en el primero de estos procesos.
 
Para que se pueda hacer la acreditación de programas de estudio se tiene necesariamente que recurrir a unos de los organismos que están avalados por el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (Copaes).
 
El Copaes surgió en el año 2000, y cuando lo encabezó su creador, llamado Hugo Aréchiga, funcionó bien, ya que solamente contaba con una lista de seis organismos acreditadores.
 
Actualmente en el Copaes se tiene una lista de más de 30 organismos acreditarores, y mucho de ellos son controlados por funcionarios de universidades grandes del país; es decir, son personajes que fungen como “juez y parte”. Pero además no hay parámetros para fijar el precio de los servicios que prestan. Cada organismo acreditador de programas establece sus costos y sus formas de cobro.
 
Un par de ejemplos de los vicios que permite la Copaes son los siguientes:
 
Octavio Castillo ha sido titular de la carrera de Medicina de la UPAEP y también ha sido presidente del Consejo Mexicano para la Acreditación para la Educación Medica (Comaem), que es parte de la Coapes, y se dedica a acreditar al resto de escuelas y facultades de esta rama.
 
Es claro que con dicha relación la UPAEP es “juez y parte” en el proceso de acreditación de la carrera de Medicina de esa institución, y esa relación se puede prestar a que la Comaem no sea lo suficiente imparcial con otras instituciones que sean competencia de esta universidad privada de Puebla.
 
Lo mismo ocurre con el director de la carrera de Turismo de la Universidad Teyepac, quien a su vez dirige el Consejo Nacional de Educación Turística y certifica –para la Copaes– a las Instituciones de Educación Superior del ramo en todo el país.
 
Con ese esquema de costos e influencias solamente las IES grandes no enfrentan problemas con los procesos de acreditación de programas y se convierte en un yugo para las pequeñas y medianas instituciones de educación superior. Aunque lo interesante es preguntarse por qué Rodolfo Albicker ha establecido en Puebla la exigencia, a final de sexenio, de que se den las acreditaciones para ciertas IES.
 
Puede haber varias hipótesis:
 
A) Que busque encauzar un negocio cerrado para varios organismos certificadores de la Copaes.
 
B) Que busque mandar el mensaje que como él dirige ese proceso tiene que repetir en el cargo en el sexenio siguiente.
 
C) Que sea una coartada de las IES grandes para ahorcar a las IES pequeñas y medianas que son su competencia, sobre todo en época de crisis.
 
D) Que se conjuguen todas estas posibilidades.
Staff Puebla On Line 2009
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