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¿La verdad?

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¿La verdad?
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 11 de noviembre de 2010

Alejandro Armenta terminó su mandato al frente del PRI, arropado por los medios de comunicación poblanos y la clase política priísta. Casi todos los medios resaltaban (servilmente) su honradez al reconocer la derrota, expresando loas hacia el joven político.

Todo parecía un día de campo para el ex-líder del PRI y auguraba, de cara al futuro, una verdadera autoreflexión en el tricolor. Pero vino Enrique Doger (malquerido por algunos columnistas) para precisar que el señor Armenta había omitido algo en su informe: el peso del candidato a gobernador en la derrota. Ante la oportunidad servida, el ex-alcalde arremetió contra la figura de López Zavala.

La peor noticia para los priístas es que ni uno ni otro dicen toda la verdad.

El análisis de Armenta tiene puntos de mea culpa, pero está sesgado y contiene un tufo de autosuficiencia partidista. A pesar de su “filosófica” conclusión (“No perdimos, nos ganaron”), el análisis tiende a reconocer los yerros del partidazo, que no los aciertos de la alianza ganadora. Armenta dice que los minimizaron, que les faltó estrategia, que tuvieron exceso de confianza. El mensaje es claro: los que fallamos fuimos nosotros. Por eso el análisis de Armenta dice todo lo contrario a su malograda frase, y en realidad debe interpretarse como un “No ganaron la elección; la perdimos”

Doger tiene razón en que el candidato (impuesto desde Casa Puebla) fue determinante en la derrota. Lopez Zavala no era el personaje que el PRI necesitaba para enfrentarse a Moreno Valle.  El comentario de Doger es atinado en el sentido de que la autocrítica debe ser completa y Armenta, con toda intención, omitió a Lopez Zavala como factor de la derrota. Pero el ex-edil también olvida que el partido perdió. El PRI fue superado estructuralmente y él era parte importante de la estructura que perdió. Por ello, la verdad de Doger, también está sesgada.

Paradójicamente, la mala noticia al interior del PRI es que no existe unidad; la buena noticia es que no existe unidad.
Los priístas están saliendo de un sexenio en el que, esencialmente, sólo hubo un grupo: el marinismo. Pero también saldrán de la dinámica que implicaba la obediencia ciega a las peticiones del inquilino de Casa Puebla. Que haya voces discrepantes, parece lo más sano en este nuevo PRI, nuevo no por su ideología o por sus nuevas prácticas, sino porque el padre se le muere el primer minuto del primer día de febrero del 2011.

Staff Puebla On Line 2009
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