Notarios guardan un sospechoso silencio
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Los señores integrantes del Consejo de Notarios del Estado de Puebla permanecen calladitos y continúan sin resolver el entramado que representa la asignación de nuevas notarías, esos tradicionales premios de fin de sexenio que se otorgan a un reducido grupo de privilegiados.
Los señores integrantes del Consejo de Notarios del Estado de Puebla permanecen calladitos y continúan sin resolver el entramado que representa la asignación de nuevas notarías, esos tradicionales premios de fin de sexenio que se otorgan a un reducido grupo de privilegiados.
Esta lentitud llama a la sospecha.
En términos estrictamente legales, el ejercicio del notariado es una función de orden público que el titular del Poder Ejecutivo delega a Notarios Profesionales del Derecho, como se lee en el Artículo 1 de la Ley del Notariado del Estado de Puebla.
Entonces tenemos que estos señores, los notarios públicos, son una extensión del Ejecutivo y por tanto reciben órdenes de él.
Sin embargo, por profesionalismo, por dignidad y por hacer valer la ley que los rige tendrían que oponerse a limpiar las cochinadas que les envió la Secretaría de Gobernación.
Eso es lo que deberían alentar los notarios agrupados en el Consejo y liderados por Arturo Díaz González (notario público 43) y Carlos Roberto Sánchez Castañeda (50), el respeto a la ley, con el fin de impedir el arribo de gente inexperta y carente de probidad a la función de fedatario público.
Hacer el trabajo sucio que les pidió la dependencia que encabeza Valentín Meneses Rojas dañará al gremio y la imagen de sus integrantes.
Desde dentro de Gobernación se han dado a la tarea de divulgar -quizá por mera imprudencia-que los integrantes del Consejo de Notarios están ocupados en la corrección de expedientes de los aspirantes, quienes en su mayoría (más de 30) entregaron documentación incompleta y equivocada.
Esto significaría que, según los muchachos de Meneses, la Secretaría que él encabeza y el Consejo de Notarios de Díaz González y Sánchez Castañeda estarían en contubernio para salvar, así, literal: salvar, a los nueve privilegiados del sexenio marinista que se irán a casa con el jugoso premio en la bolsa.
Señores notarios, vergüenza debería de darles prestarse para eso.
Y más porque sea el propio secretario de Gobernación quien, a través de sus subordinados, los esté encuerando.
Fájense los pantalones.