Un amigo a las estadísticas
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Un homicidio más, pero esta vez de un amigo entrañable, el ex Gobernador de Colima, Silverio Cavazos.
Desde que Calderón inició esta guerra errática contra el crimen organizado, muchos hemos pedido se reconsidere la estrategia que a todas luces ha llevado a nuestro país a escenarios de violencia y descomposición, hasta hace unos años, impensables.
Todos los ciudadanos inocentes, víctimas de esta guerra, me han dolido tanto como calculo le sucede a todos los mexicanos, pero cuando toca el turno a alguien cercano, el sentimiento de impotencia, miedo y rabia se potencia.
Me niego a considerar el brutal y cobarde asesinato de Silverio como parte de la estadística integrada por esos que llaman “daños colaterales”.
Que rabia me da escuchar una y otra vez las mismas frases insensibles y frías de quienes detentan el poder por mandato nuestro: “Vamos a esclarecer el asesinato”; “las investigaciones están en marcha…”, “castigaremos con todo el peso de la ley a los responsables…”, etc, etc, etc.
Ese mismo domingo en que un amigo me entera de lo ocurrido a Silverio, le externo mi preocupación acerca de lo peligroso que se han vuelto las labores políticas y periodísticas. Me pregunta ¿por qué? y mi respuesta fue cruda y simple: “Porque te matan”. Nos hemos vuelto flancos fáciles de extorción y manipulación.
Sin embargo, ahora que lo reflexiono bien, la trágica verdad es que lo realmente peligroso no tiene que ver con la profesión, el credo, la posición económica, la edad o el sexo. Lo que nos hace vulnerables es el hecho de vivir en México. Lo mismo le está pasando a los pequeños, medianos y grandes empresarios; a profesionistas de diversa índole –abogados, miembros de los Poderes Judiciales Federales y estatales, médicos, maestros y más-, a nuestros niños.
Y va más allá, hemos llegado al punto en que todo crimen de este tipo es atribuido a los cárteles de la droga, cuando lo cierto es que nos movemos en un clima de tal impunidad que cualquier persona puede pasar por encima de otra y asumir que la investigación y castigo no prosperarán y por tanto sus acciones delincuenciales solo pasarán a formar parte de ese registro estadístico.
Tal vez estoy siendo demasiado pesimista pero no veo visos de mejora futura ni en el corto ni en el mediano plazo.
Por eso me es simpático observar como todos los partidos políticos y algunos personajes en lo particular están enfrascados en la lucha por la obtención de la candidatura presidencial rumbo al 2012. ¿Quién en su sano juicio podría desear con tal ímpetu recibir un país con los problemas de los que estamos hablando y mil más?. Y una de dos: o se creen verdaderamente buenos como para enfrentarlos con eficiencia y de mejor manera que como lo hace el actual mandatario Federal –bueno creo que cualquiera podría hacerlo mejor, ya hasta Fox se apuntó-; o bien no tienen entre sus planes mejorar esta situación, aunque si beneficiarse de las mieles del poder.
Francamente en estos momentos no podría definir ¿cuáles son los motivos reales de Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard, Enrique Peña, Manlio Fabio Beltrones, Santiago Creel, Alfonso Lujambio o Juan Ramón de la Fuente?, lo que sí puedo asegurar es que ninguno de ellos ha presentado hasta el momento alternativas reales para enfrentar eficazmente al crimen organizado. Todos se han quedado en la demanda de mejora y de cambio de estrategia, en la denuncia de lo que está mal, pero nada se ha escuchado sobre cómo lograr que las cosas vayan bien.
Por ahora, no puedo más que decir: En Paz Descansen, Silverio Cavazos y los más de 30,000 muertos de estos cuatro años de calderonismo.