Las variables del “chacaleo”
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La opinión de algunos colegas, respetables por cierto, sobre la costumbre del “chacaleo”, me obliga a ser más específico. Me valdré de cinco ejemplos (el espacio no da para más) digamos que históricos. Pero antes de exponérselos aclaro al lector que el término “chacaleo” no es peyorativo ya que fue adoptado por el mismo gremio para establecer la búsqueda tozuda de la noticia. El estilo se hizo necesario debido a la estrategia de los hombres públicos que, paradójicamente, habían querido mantenerse alejados de la prensa.
Uno de los personajes más “chacaleado” fue sin duda Fidel Velázquez. Al líder le valía sorbete decir cualquier tontería o alguna frase que ofendiera al poder político. Incluso se aprovechaba de la necesidad de noticias para dar la nota y así llevar agua a su molino. Quizá recuerde el lector aquellas fotos donde el líder obrero literalmente sacaba la cabeza de entre las decenas de grabadoras y micrófonos manejados por los periodistas que iban a obtener la noticia de ocho. Ahí, entre ese mar de aparatos, nació la frase célebre de don Fidel: “El que se mueve no sale en la foto”.
Gustavo Díaz Ordaz fue otro personaje que gozaba la presencia de los reporteros (entonces no existían los cárteles dispuestos a matar personalidades). Es famosa aquella pregunta de banqueta que propició una respuesta a botepronto, también banquetera, misma que involucró a sus paisanos, o sea a nosotros: “¿Es cierto que los poblanos tienen dos caras?”, le preguntó el reportero digamos que chacal. “¿Usted cree que si tuviéramos dos caras yo traería puesta ésta”?, respondió señalando su rostro el entonces candidato a presidente. Las risas dejaron mudo al reportero. Ya en el máximo cargo ningún periodista se atrevió a preguntarle sobre su vida personal como, por ejemplo, aquella relación romántica con la tigresa Irma Serrano. Esto porque se sabía que el tipo era de armas tomar, además de tener una brillante inteligencia contestataria y el poder absoluto que hoy, gracias a la prensa y a las redes sociales, ya no existe.
Bueno, estos dos ejemplos quedan para la historia de lo que es la manipulación de la prensa así como el respeto que infunden los poderosos inteligentes. El siguiente es más actual y tiene el valor agregado del éxito periodístico. Me refiero al talante de Carlos Loret de Mola, quien puso a la defensiva al cuerpo de seguridad de la Cámara de Diputados. He aquí la anécdota:
Carlos cubría la fuente del Congreso de la Unión cuando se estableció el famoso corral de la ignominia. Como lo hicieron sus compañeros, él también aparentó sujetarse a la regla hasta que un día decidió brincarse las trancas para lograr la entrevista deseada. A partir de ese momento, Carlos empezó su ascenso y hoy lo buscan aquellos que antes le daban la vuelta. Su plus era y es su preparación profesional combinada con su ética periodística.
Va otra historia: Andrew Carnegie, el llamado rey del acero, nunca concedía entrevistas y siempre rechazaba a los reporteros que intentaban abordarlo. Pero un día se le apareció un periodista “chacal” inteligente, y a boca de jarro le preguntó: “Sólo quiero que me diga cuál es el motivo de su éxito”. Carnegie se quedó pasmado porque la pregunta del reportero involucraba a su ego. Ante la inteligente propuesta no le quedó de otra mas que asentir y responder: “Me he sabido rodear de personas más inteligentes y capaces que yo”. Estas palabras quedaron en los anales del periodismo, e incluso sirvieron de epitafio, el que aparece en la tumba de Carnegie.
Ahora le comparto lo que dijo Gonzalo N. Santos, el más inmoral de los políticos de su época, cuando alguien lo retó a hablar de la moral: “La moral –acotó el cacique– es un árbol que da moras o sirve para pura chingada”.
Concluyo: para trascender, el reportero “chacal” debe de ser inteligente, preparado, oportuno, audaz y moralmente intachable. Si cuenta con estos atributos no habrá político o servidor público que le dé la vuelta, a menos que… Después le cuento.