EU, mismo espionaje, diversa tecnología
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La política internacional norteamericana se ha caracterizado desde su formación como nación independiente, por la necesidad de intervenir en los asuntos internos de los países en donde tiene representación diplomática. Todos los embajadores se han dedicado a realizar intrigas o espionaje, algunos con la intención de lograr que caigan los gobiernos que se niegan a defender sus intereses y, desde luego, para entronizar a los dictadores que se comprometan a seguir sus instrucciones.
En el caso de México, el papel de los embajadores de Estados Unidos ha sido nefasto para nuestra soberanía, desde que Joel R. Poinsett fue nombrado el primer embajador de aquel país en México. Un cuarto de siglo después, aquel trabajo de Joel nos llevó a perder más de la mitad de nuestro territorio con la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo. Más tarde Harry Lane Wilson y Victoriano Huerta, orquestaron el asesinato de Francisco I. Madero y de José María Pino Suarez.
Las revelaciones hechas por la página digital WikiLeaks de 250 mil documentos filtrados del Departamento de Estado norteamericano, muestran lo que opinan los diplomáticos estadounidenses sobre los mandatarios de las naciones con las que tienen relaciones diplomáticas. Esto no es tan importante, como cuando se revelan las intrigas de estos mismos agentes para lograr que se cumplan los planes norteamericanos.
De lo que se conoce, hasta el momento, por los medios masivos de comunicación, lo más grave para nuestro país es el concepto despectivo que tienen de nuestro ejército, criterio que ya había trascendido cuando se negaron a aprobar los recursos del Plan Mérida. Es el caso de su aseveración sobre que dieron a la Secretaría de la Defensa la información que llevaría a detener al narcotraficante Arturo Beltrán Leyva y que no se hizo nada al respecto, por lo que tuvieron que dirigirse a la Marina. Es muy delicado, ya que lleva implícita la corrupción o complicidad del Ejército con el narcotráfico y explicaría lo que a todos sorprendió: que en Cuernavaca actuara la Marina y no el Ejército.
Se justifica el requerimiento de información sobre la salud emocional de Calderón cuando éste va perdiendo la guerra contra el narcotráfico y perdió las elecciones intermedias. Ello prueba que también en Estados Unidos se le ve totalmente acelerado y eufórico, hablando a cada rato, repitiendo el mismo discurso triunfalista y acusando a “el viejo régimen” de todo lo malo que le sucede al país, vamos hasta del cambio climático.
Como un ejemplo de que lo que se está revelando al mundo, que es la esencia diplomática norteamericana, veamos lo que sucedió durante la administración de Plutarco Elías Calles.
Después de la promulgación del artículo 27 de La Constitución, que reivindicaba la propiedad del subsuelo para la Nación, el gobierno norteamericano hizo hasta lo imposible para que no se reglamentara y así no pudiera ser puesto en práctica. Esto incluyó el asesinato de Venustiano Carranza, perpetrado por las guardias blancas de las compañías petroleras. En 1925 se empezó a elaborar la “Ley del petróleo” y en cuanto se enteraron en Washington, empezó a fraguarse el “Plan Green” para tratar de derrocar a Calles. Entre otras cosas estaba la organización de un complot para asesinarlo, el dar apoyo militar a quienes querían levantarse en su contra, como Francisco R. Serrano y Arnulfo R. Gómez. Apoyo a los curas que también estaban en contra del artículo 27, porque lesionaba sus intereses económicos. Todo ello para terminar interviniendo militarmente a nuestro país.
El gobierno de Calles se enteró de esta intriga diplomática y organizó un plan de contraespionaje. Por medio del Jefe de Estado Mayor Presidencial, general José Álvarez y Álvarez de la Cadena, espiaron a la Embajada norteamericana, valiéndose de jóvenes apuestos integrantes de ese organismo. Así lograron tener acceso a las recámaras del embajador y de algún agregado militar. En esa época los documentos estaban en papel y bajo las camas, lo que les permitió extraerlos y sacarles copias fotográficas, para después dejarlas en su lugar.
En estos documentos, que no eran tantos como ahora, se establecía con absoluta certeza que el secretario de Estado Frank Bellings Kellog y el embajador James Rockwell Sheffield, eran accionistas de compañías petroleras y que por ello y para defender sus intereses estaban actuando contra México. Se hizo un expediente y se le llevó al presidente Calvin Coolidge, advirtiéndole que cada embajada de nuestro país contaba con copias del mismo, y que los documentos serían dados a conocer si se realizaba la invasión a México.
Por ello se destituyó al Secretario de Estado y al Embajador. Ahora cambiémosle los nombres por los de Hillary Rodham Clinton, Carlos Pascual y Barack Obama. Y a la tecnología en vez de copias fotográficas páginas digitales. Veremos que sigue siendo lo mismo. ¿Lo serán también las consecuencias? Al tiempo.