Enrique Doger, el hábil
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Ya lo he escrito y hoy lo reafirmo: Enrique Doger Guerrero es un tipo cuya seguridad lo ha hecho casi invulnerable. No da paso sin huarache. Y cuando sus declaraciones impactan en la prensa, es porque lo que dijo fue calculado con base en los resultados de sus propias prospectivas.
Por eso se acercó a Manuel Bartlett, quien después de evaluar su inteligencia y cultura decidió hacerlo rector de la BUAP.
Por eso aceptó el padrinazgo de Melquiades Morales Flores, por aquellos días el gobernador que lo impuso como candidato a la presidencia municipal de Puebla, debido a que le impresionó y cautivó el estilo del entonces rector.
Por eso se enfrentó a Mario Marín Torres, cuando éste estaba siendo satanizado por el caso de Lydia Cacho: apostó a su caída pues.
Por eso se alió con Rafael Moreno Valle Rosas, uno de sus nuevos amigos y una de sus nuevas cartas para jugar con el futuro.
Por eso será diputado local y, en un descuido, hasta coordinador del Congreso poblano, siempre y cuando el nuevo gobernador convenza a los panistas, en especial a los que se sienten agraviados por la inteligencia, la riqueza y la acritud del ex munícipe y ex rector.
Por eso, si acaso no es el pastor legislativo de la próxima legislatura, será un diputado cuyas opiniones pondrán a sufrir a los colaboradores de Rafael Moreno Valle.
Por eso utilizará sus habilidades retóricas para, si fuere necesario, zaherir a sus rivales hasta que éstos se sientan empujados hacia el abismo que forma el ridículo público.
Por eso trabajará su postulación a la diputación federal, basándose en su presencia incómoda para el poder Ejecutivo (si no hay acuerdo) y en la utilidad política para un PRI, su partido, en proceso de regeneración.
Lo veo, pues, como un legislador local cuyas equivalencias nacionales –si se vale la comparación– podrían ser: Porfirio Muñoz Ledo, Juan de Dios Castro, Diego Fernández de Cevallos y Manuel Bartlett Díaz, por sólo citar a cuatro personajes poseedores de una retórica amena y sustentada en la ley, además de enriquecida con la jiribilla que ridiculiza a los adversarios y que lleva altas dosis de virulencia.
¿El tal Doger tendrá por dónde se le pueda atacar?, es una de las preguntas que se harán o ya se están haciendo los próximos diputados locales y los próximos servidores públicos que en siete meses formarán parte del gobierno estatal.
Como cualquier persona que no se sienta santo o paradigma de los célibes religiosos, Doger sabe y está preparado para responder a botepronto cualquier tipo de agresión que se sustente en su vida privada. Para ello cuenta con un amplio repertorio de argumentos, muchos de ellos con su agregado de jiribilla y virulencia, insisto. Por algo fue rector de la universidad que entonces acababa de salir de la conflictiva etapa que resolvió Manuel Bartlett valiéndose de otro Doger, del primo José. Y por algo las agresiones del poder político estatal no sólo le hicieron lo que el viento a Juárez, sino que además le ayudaron a fortalecer su prestigio político y, en un descuido, hasta su patrimonio personal.
En fin, respetado lector: esto de la política es como el cuento de Las mil y una noches, una interminable historia llena de mentiras evidentes y de piadosas reflexiones (Thomas Carlyle, dixit). Las quimeras en la voz y los actos de muchos de los servidores públicos que se han despachado con la cuchara grande. Y las piadosas reflexiones producto de la esperanza que, a pesar de todo lo que ha ocurrido, todavía existe en el pueblo que ya no ve lo duro sino lo tupido.
Como diría la humorada que parte del ingenio popular: por eso Puebla seguirá siendo el último reducto español dominado por los árabes. Y Enrique Doger, uno de ellos, el recipiendario y beneficiario del sincretismo que predomina en México, el que algún día, parafraseando a Carlyle, les diga a sus pares e incluso al gobernador: ¿que hubiera sido de los poblanos de no haber existido los árabes?
Es un mal chiste, que conste.
acmanjarrez@hotmail.com