Alfonso Reyes Ochoa (I de II)
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son ricas de porvenir”
Alfonso Reyes
Alfonso Reyes, como escribió Jorge Luis Borges: “es el mejor prosista de habla hispana de todos los tiempos.”
Alfonso, es un claro ejemplo de que la política y la literatura siempre se han entrecruzado. Él fue un hombre al que la política nunca le interesó, a pesar de haber nacido en el seno de una familia de grandes políticos; para ganarse la vida dependió de los políticos.
Alfonso, no escogió ser hijo del general Bernardo Reyes, ni nieto del comandante liberal Domingo Reyes, y menos sobrino del Secretario de Guerra porfirista Pedro Orgazón.
A los veinticuatro años, vio morir a su padre, partido por metralla al exigir que se le entregara el Palacio Nacional. Este hecho lo marcaría a lo largo de su vida. Alfonso en su “Diario”, escribió: “Cuando ví caer a aquel Atlas, creí que se derrumbaría el mundo. Hay, desde entonces una ruina en mi corazón”.
Su padre fue gobernador de Nuevo León, porfirista a ultranza, en los últimos años del Porfiriato, se enfrascaría en un permanente enfrentamiento con los Científicos, por eso, creía que podía ganarle las elecciones presidenciales a Francisco I. Madero. Al saberse derrotado, planea, junto con su hijo Rodolfo, una rebelión armada que fracasa antes de iniciar. El general Reyes es encarcelado y junto con Félix Díaz organizan una revuelta armada para derrocar a Madero, hecho que sería conocido como la Decena Trágica, con lo cual el general Victoriano Huerta, por cierto, ex colaborador cercano al general Bernardo Reyes, asume el poder y por ende, Rodolfo Reyes Ochoa colabora con el gobierno usurpador.
Este hecho, convertiría a Alfonso en un paria, en un antirevolucionario y lo orillaría a aceptar un modesto puesto diplomático en el gobierno huertista, pero a la vez, representaría la oportunidad de dedicarse a la literatura con el salario de un puesto diplomático.
Al tomar el poder, el presidente Venustiano Carranza, procedió a cesar a todo el personal diplomático del gobierno huertista. Entonces, Reyes tuvo que sobrevivir, siete años, como filólogo en España, hasta que el grupo sonorense derroca a Carranza, y Reyes regresa al redil diplomático ayudado por su amigo y compañero del Ateneo: José Vasconcelos Calderón.
Será necesario otro artículo para contarles un poco de los integrantes del Ateneo de la Juventud. Estos fueron sabios, aunque no obtuvieron ni titulo de Maestría ni de Doctorado, como algunos que hoy ostentan una maestría o un doctorado y ya creen que dominan diferentes aéreas del conocimiento, como el derecho, la sociología, la filosofía, la psicología, la antropología, o la ciencia política.
Años después, por su prestigió literario y por su adhesión al régimen, fue nombrado embajador de México en Francia, y en dos ocasiones, tanto en Argentina como en Brasil. El gobierno necesitaba hombres ilustres.
Alfonso vivió tiempos difíciles: durante el gobierno de Calles, al estallar su enfrentamiento con la Iglesia y la guerra cristera, estando en Argentina sufrió el boicot de ese gobierno “católico”. Las relaciones diplomáticas entre México y Argentina se tensaron al grado de que Argentina cerró su embajada en México.
Otro hecho que lo metió en pena, fue que durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas, a Alfonso se le tachó de “comunista” porque el gobierno mexicano había nacionalizado las compañías petroleras y había dado cobijo a los republicanos españoles.
Entonces, como siempre, el hombre y sus circunstancias, sea poeta ó filósofo, militar ó gobernante.
Alfonso nació en la ciudad de Monterrey, el 17 de mayo de 1889; fue el noveno de doce hijos del general Bernardo Reyes y de doña Aurelia Ochoa. Su padre, el general Reyes, ocupó importantes cargos durante los gobiernos de Porfirio Díaz. Fue gobernador de Nuevo León en dos ocasiones y Secretario de Guerra y Marina.
Los primeros estudios los hizo en escuelas particulares de Monterrey: en el Liceo Francés de México y en el Colegio Civil de Nuevo León. En la Escuela Nacional Preparatoria de la ciudad de México terminó sus estudios de nivel medio.
El ambiente cultural de la ciudad de México ejerció una influencia definitiva sobre el joven Reyes. Javier Garciadiego afirma que: “fue ahí (en la ciudad de México) donde inició su carrera literaria”.
En 1906, Alfonso vio publicados sus poemas en las revistas: “Savia Moderna” y “Revista Moderna”.
En 1909, a los veinte años de edad, fundó con otros escritores mexicanos, el “Ateneo de la Juventud”. Allí, junto con Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso y José Vasconcelos leyó y discutió a los clásicos grecolatinos, y reflexionó sobre la literatura y la filosofía universales. La crítica que hicieron al positivismo y al cientificismo del Porfiriato fue relevante.
En 1911, a los veintidós años de edad, publicó su primer libro: “Cuestiones Estéticas”.
La Revolución Mexicana, no favoreció a la familia Reyes, que tenía vínculos con la dictadura porfirista, no por su voluntad, sino por las circunstancias.
Eran los momentos políticos más álgidos de su padre y su hermano Rodolfo. El domicilio familiar se convirtió en una fortaleza, teniendo todos que dormir “con el 30-30 a la cabecera de la cama”
En agosto de 1912, fue nombrado secretario de la Escuela Nacional de Altos Estudios, en la que impartió la cátedra de “Historia de la Lengua y Literatura Españolas”.
En la “Decena Trágica”, el 9 de febrero de 1913, muere su padre, el general Bernardo Reyes. Fue el primer día de combate de la lucha fratricida
Cerca de veinte años después, Alfonso escribió unas conmovedoras páginas en recuerdo de su padre, “Oración del 9 de febrero”, en las que aseguró que la muerte de su padre lo había hecho morir a él también, por lo que tuvo que nacer de nuevo: “El que quiera saber quién soy que lo pregunte a los hados de febrero. Todo lo que salga de mí, en bien o en mal, será imputable a ese amargo día”
A pesar de las amarguras y los conflictos que seguramente experimentó, Alfonso obtuvo el título de abogado el 16 de julio de 1913, en la Escuela Nacional de Jurisprudencia.
Estimado lector, me pongo a sus ordenes en: alarconpuebla@yahoo.com.mx y en alarconpuebla@hotmail.com