Zavala, presidente del PRI marinista
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Valga el ejercicio y pongámonos de nuevo en los zapatos de Mario Marín Torres. ¿Ya? Ahora tratemos de responder las siguientes preguntas:
¿Estaría dispuesto a empezar su nueva vida sin armas políticas?
¿Entregaría el poco poder que le queda a los grupos cuyos cabecillas han formado un frente común contra él?
Si acaso pactara con Moreno Valle, ¿qué podría ofrecerle que éste no tenga ya o, por aquello del estreno en el máximo poder de Puebla, le pudiera hacer falta para iniciar su mandato sin sobresaltos?
Métome pues en los Prada de don Mario y procedo a responder las dudas expuestas a partir de la lógica que obliga el haber observado al zoon politikon.
Cuando arribe a la vida que el destino le ha deparado, Marín Torres no tiene porqué prescindir del poco o mucho poder político que se ha ido construyendo. Sería algo así como aceptar que la “muerte civil” es lo único que le queda. Y poner su futuro e incluso parte de su capital monetario, en manos de sus enemigos políticos, algunos de ellos con la fuerza mediática que les ha proporcionado su discurso agresivo, refractario, crítico, cabrón.
La única arma política de Marín se llama Javier López Zavala y lo que éste representa: confianza y lealtad a la causa, atributos avalados por su presencia popular. Esto último gústele o no a sus detractores de hoy, los mismos que ayer le rendían pleitesía.
Pero para que Javier funcione como operador extra o inter marinista, necesita contar con el poder que surge de la representatividad política. O sea, ser el presidente del PRI que a partir del próximo 1 de febrero se convertirá en el partido de oposición más escuchado, más buscado, más temido y más respetado de Puebla.
Y ahora respondo a la segunda autopregunta:
Mario le cederá el poder a Zavala, precisamente para no entregárselo a los cabecillas que esperan que concluya el mandato marinista para encender la hoguera donde, según lo revelan sus gestos y muecas, se han propuesto aventar a su enemigo de clase, tiempo e intelecto. Son los mismos que se han manifestado en contra de que su ex candidato y ex paradigma y ex líder y ex brother y ex lo que usted quiera que haya sido el que, supongo, ostentará la presidencia estatal del tricolor poblano.
Paso a la siguiente respuesta y digo:
Es digamos que necesario que Marín pacte con Moreno Valle pero sin, perdone usted la expresión, bajarse los calzones. ¿Pactar qué? Pues para empezar podría decirle: “yo te ayudo no haciéndote ruido siempre y cuando tú no me lo hagas”. El “ruido” a que me refiero es el que puede producir los amplificadores manejados por el PRI; desde manifestaciones hasta paros y huelgas nada más para joder, como respondería el baturro aquel que siempre llevaba la contraria.
Una vez hecha las manifestaciones que parten de los “cacles” del mandatario, salto hasta el PRI y su destino inmediato.
¿Enrique Doger garantiza la estabilidad emocional que busca el gobernador Marín?
Sobra decir que no, respuesta que conoce bien cualquier priista con una mediana información. Y entonces, ¿quién puede ser la alternativa que supla a Zavala..? ¿Jesús Morales Flores? ¿Blanca Alcalá? ¿Carlos Meza Viveros?
Chucho ya está muy toreado y a esa experiencia le alza pelo el gobernador. Blanca es mujer y como tal no goza de la confianza política del primer priista de la entidad. Y Carlos Meza está sobrado para ese cargo que exige mansedumbre y disciplina para quien a partir de febrero será uno más de los ex gobernadores cuya presencia en los actos públicos forma parte de la decoración “republicana”.
Como verá el lector la respuesta siempre ha estado ahí, en el escritorio y en el corazón de Mario Marín: Javier López Zavala representará al priismo que impulsó Mario Marín. Y lo hará mientras que los más puedan más que los menos, aunque éstos tengan un interesante pedigrí intelectual.
acmanjarrez@hotmail.com