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Periodistas asesinados

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Periodistas asesinados

Jorge Calles

Marco Aurelio Ramírez Hernández, de 69 años y quien había trabajado aquí en Puebla para Periódico Central, fue asesinado a balazos, el pasado martes, a escasos metros de su hogar, en Tehuacán, por un par de sujetos que lo alcanzaron a bordo de una motocicleta. Los tres impactos que recibió causaron su muerte instantánea y su auto chocaría metros adelante. Una de sus labores periodísticas fue la investigación de un sacerdote pederasta poblano. Fue también funcionario público y como tal participó en la detención de varios miembros de un grupo delincuencial conocido como Las Bigotonas. Hasta el momento, se desconocen los motivos de la agresión. Su ejecución significó el tercer asesinato, en lo que va del año, de un periodista en México.

Gerardo Torres Rentería, de 59 años, fue asesinado en su propio hogar el pasado 11 de mayo, en Acapulco Guerrero. Hombres armados irrumpieron en su hogar y le dispararon a mansalva. Torres había sido corresponsal de Telemundo y la agencia Reuters, además de haber trabajado para Televisa y Azteca como camarógrafo. Antes, el 14 de febrero, Abisaí Pérez Romero, del estado de Hidalgo, fue hallado muerto en Tula, dos días después de haber sido reportado como desaparecido. Estudiante de Comunicación y Cultura en la Universidad de la Ciudad de México, Abisaí era periodista especializado en temas del medio ambiente. Su trabajo era difundido tanto en su canal de YouTube como en Son Politikón FM, donde colaboraba.

México continúa siendo un país de alto riesgo para la práctica periodística. Si bien este año los atentados violentos en contra de los comunicadores están registrando una muy clara tendencia a la baja en todo el mundo, nuestro país—en el que se han cometido el mayor número de asesinatos contra periodistas en el mundo durante los últimos cuatro años—mantiene tristemente el liderazgo en la materia. En estos cinco meses, solamente diecisiete periodistas han sido ultimados en el mundo, pero en México es donde más se han perpetrado estos crímenes. Estos tres asesinatos nos ubican en la primera posición. Afganistán, Camerún y Haití, con dos homicidios cada uno, marchan por detrás de nuestro país. Bangladesh, Canadá, Estados Unidos, Guatemala, India, Paraguay, Ruanda y Ucrania, con uno cada uno, cierran la lista.

América Latina es la región en la que las vidas de los profesionales de la comunicación se encuentran más expuestas. El Comité para la Protección de los Periodistas, organización sin fines de lucro fundada en 1981 y con sede en Nueva York, en su último reporte anual hace ver que a pesar de que la región latinoamericana se encuentra nominalmente en paz, resultó más peligrosa que Ucrania, pues en ella murieron más periodistas que los quince que han fallecido en el país europeo desde la invasión rusa. Los periodistas ucranianos fallecieron cubriendo el conflicto bélico. Los latinoamericanos, en cambio, fueron ejecutados mientras se ocupaban de

fenómenos como la corrupción, el crimen organizado, la violencia entre pandillas y problemas medioambientales.

Katherine Corcoran, ex corresponsal de Associated Press en México, señaló recientemente en una entrevista que el trabajo periodístico en México es más peligroso para los trabajadores locales porque no cuentan con la protección que sí tienen corresponsales extranjeros. Dijo, además, que la práctica periodística en nuestro país es cada día más peligrosa. Ella presentó recientemente su libro In the Mouth of the Wolf en el que da a conocer la investigación que realizó sobre el asesinato, en 2012, de Regina Martínez, una reportera muy reconocida que se ocupaba de investigar casos de corrupción.

La violencia en contra de los trabajadores de la comunicación social mexicanos es el resultado de la inexistencia de un estado de derecho que defina con claridad los márgenes de acción de los actores sociales. La complejidad que produce la actividad fuera de la ley, pero integrada a los procesos regulares de la dinámica social, no puede sino terminar en violencia: la libre expresión y la necesidad de información de parte de la sociedad chocan, de frente, contra los intereses oscuros de actores corruptos, bandas criminales y grupos que atentan contra el desarrollo sustentable de la sociedad. Silenciar es el único método del que pueden echar mano los intereses torcidos para sobrevivir y reproducir sus prácticas antisociales. Que México mantenga este triste liderato mundial no se debe sólo a que abrazamos la delincuencia, sino que ya la hemos adoptado como parte integrante y necesaria de nuestro ser. Nuestro futuro no puede ser más lamentable. Sin embargo, nunca es tarde para actuar en sentido contrario.

Profesor-investigador de Sociología de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).
Secretario de Investigación y Estudios de Posgrado de esa Facultad.
Doctor en Comunicación de Masas por la Universidad de Iowa.
Analista político en noticieros de Televisa-Puebla y articulista en Puebla OnLine y Crónica Puebla.