miércoles, 03 junio 2026
Posted inErica Rubí Ramírez Martínez

Madre, profesional, agotada y con la culpa siempre al máximo

Madre, profesional, agotada y con la culpa siempre al máximo
Madre, profesional, agotada y con la culpa siempre al máximo
Posted inErica Rubí Ramírez Martínez

Madre, profesional, agotada y con la culpa siempre al máximo

Comenzamos el día antes de que salga el sol: ejercicio rápido, baño, desayuno para los niños, uniformes listos, tareas revisadas y, si hay suerte, un café tibio. Luego, el trabajo, las reuniones, los pendientes, y al regresar a casa, la segunda jornada: comida, tareas, limpieza y, si queda energía, un momento para conectar con nuestros hijos. ¿Te suena familiar? Esta es la realidad de muchas mujeres, que como tú y como yo, intentamos equilibrar la vida profesional y familiar. Pero, a pesar de todo lo anterior ¿por qué nos sentimos culpables cuando no podemos hacerlo todo “perfectamente”?

LA CULPA: UNA COMPAÑERA NO INVITADA

La culpa es esa voz interna que nos susurra: “No estás haciendo lo suficiente”. Nos sentimos mal por no asistir a todas las actividades escolares, por no tener tiempo para jugar con nuestros hijos o por no ser la esposa “perfecta”. Esta culpa no surge de la nada; tiene raíces profundas en nuestra historia y sociedad. Durante siglos, se nos ha enseñado que el rol principal de la mujer es cuidar de la familia. Aunque hoy tenemos más oportunidades profesionales, la expectativa de ser cuidadoras sigue presente. Además, la sociedad nos juzga constantemente: si trabajamos, nos preguntan quién cuida a los hijos; si nos quedamos en casa, nos cuestionan por “renunciar” a nuestros sueños.

¿POR QUÉ NOS PASA ESTO?

Presión social y cultural: Desde pequeñas, se nos enseña que debemos ser multitarea y sacrificarnos por los demás. Cuando no cumplimos con estas expectativas, la culpa aparece.
Comparación constante: Las redes sociales nos muestran versiones idealizadas de la maternidad y la vida profesional, haciéndonos sentir que nunca estamos a la altura.

Falta de apoyo: Muchas mujeres cargan solas con las responsabilidades del hogar y la crianza, lo que aumenta la sensación de agobio y culpa.

TRES SALIDAS PARA LIBERARNOS DE LA CULPA

Hay que reconocer que la perfección no existe: Nadie puede hacerlo todo, y está bien. Prioriza lo que realmente importa y aprende a delegar. No tienes que ser supermujer para ser una gran madre, esposa o profesional.

Romper con los estereotipos: La historia de Hannah Neeleman, conocida como Ballerina Farm, nos muestra que, ya sea que elijamos trabajar o quedarnos en casa, siempre habrá críticas. Lo importante es tomar decisiones auténticas, sin importar lo que digan los demás.
Buscar apoyo y políticas que faciliten el equilibrio: Como señala Kathleen McGinn, profesora de Harvard, las madres trabajadoras no perjudican a sus hijos; al contrario, pueden ser modelos para seguir que inspiren independencia y resiliencia. Es crucial exigir políticas como licencias de maternidad pagadas y acceso a cuidado infantil de calidad.

CONCLUSIÓN

La culpa no define quiénes somos ni qué tan bien lo estamos haciendo. Es hora de dejar de compararnos y dejar de exigirnos lo imposible. Las mujeres merecemos vivir sin culpas, celebrando nuestras elecciones y reconociendo que, aunque no seamos perfectas, somos más que suficientes. ¿No crees que es momento de soltar esa mochila pesada y caminar más ligeras?

Escrito por una psicóloga, mujer y mamá que también está aprendiendo a soltar la culpa.
Referencia:

“The Guilt of Working Mothers: How Society Shapes Our Emotions” (2023). Psychology Today.

(*) La autora es psicóloga