Posted inErica Rubí Ramírez Martínez

El ecosistema del amor: por qué solo dos no bastan para durar toda la vida

El ecosistema del amor: por qué solo dos no bastan para durar toda la vida
Pareja
Posted inErica Rubí Ramírez Martínez

El ecosistema del amor: por qué solo dos no bastan para durar toda la vida

Marta llegó a casa un martes, agotada, y se dejó caer en el sillón mientras Luis preparaba la cena. Antes de que él pudiera preguntarle cómo le había ido, ella ya había empezado a contarle del jefe que la humilló en la junta, de una amiga que la lastimó con un comentario, de la duda persistente sobre si estaba en la carrera correcta, del dolor de espalda que no se le quita y del miedo a no poder tener hijos. Luis la escuchó con atención los primeros quince minutos, pero a los treinta ya no sabía qué decir, y después intentó darle un consejo, ella le respondió que no la estaba entendiendo. Esa noche los dos se durmieron dándose la espalda: ella sentía que su pareja no la apoyaba y él terminó agotado por no haber podido ser todo lo que ella necesitaba.

Historias como la de Marta y Luis se repiten en miles de parejas hoy, y la psicoterapeuta Esther Perel tiene una explicación clara y un poco incómoda: le estamos pidiendo a una sola persona lo que antes le pedíamos a toda una comunidad.

EL PESO DE SER TODO PARA ALGUIEN

Hace un par de generaciones, las parejas vivían rodeadas de gente: había vecinos con los que se platicaba a diario, amistades de toda la vida, familiares cerca, una vida de barrio o parroquia, compañeros de trabajo que se volvían casi hermanos. Cuando alguien necesitaba desahogarse, reírse, inspirarse o simplemente sentirse acompañado, no recurría únicamente a su esposo o esposa.

Hoy, muchas personas esperan que su pareja sea, al mismo tiempo, mejor amigo, amante apasionado, cómplice intelectual, coach emocional, confidente absoluto, compañero de aventuras, pilar económico y hasta terapeuta. Perel lo resume así: “Le pedimos a una sola persona lo que antes pedíamos a todo un pueblo”, y luego nos preguntamos por qué la relación se siente asfixiada. Nadie puede cumplir todos esos papeles sin desgastarse, y quien los exige también termina frustrado, porque siempre habrá vacíos que el otro no sabe, no puede o simplemente no quiere llenar.

LA FAMILIA ELEGIDA

Aquí viene un matiz importante: esa comunidad no tiene que ser la familia de origen. Para muchas personas, la familia con la que crecieron no es un lugar seguro o no entiende quiénes son hoy; otros viven lejos, y otros heredaron dinámicas que prefieren no repetir.

Perel habla entonces de algo hermoso: la “familia elegida”, ese círculo que uno construye a lo largo de la vida con personas que no comparten tu apellido, pero sí tu manera de ver el mundo, amigos de años, compañeros de terapia, el vecino que se volvió hermano, la mentora, el profesor que te cambió la vida, la amiga a la que puedes llamar a las tres de la mañana. La familia biológica puede ser parte de esa red, claro, pero no es un requisito; lo importante es tener gente.

LO QUE UNA COMUNIDAD DA Y UNA PAREJA NO

Piénsalo con calma. Una amiga puede escucharte quejarte del trabajo sin cansarse, un mentor puede darte una perspectiva que tu pareja no tiene justamente porque está demasiado adentro, un grupo de colegas puede celebrar tus logros profesionales con un entendimiento técnico que tu pareja tal vez no comparte, y una tía querida puede consolarte con una ternura distinta al amor romántico.

Todo eso te nutre, y cuando llegas a casa con esas partes de ti ya alimentadas, no necesitas que tu pareja te lo dé todo. La relación respira, hay espacio, hay aire.

OJO: NO TODA RED ES COMUNIDAD

Hay una trampa. Si tu “comunidad” se reduce a un grupo donde solo vas a quejarte de tu pareja, a ridiculizarla o a reunir aliados para demostrar que tú tienes la razón, esa no es una comunidad que sostiene, es una que destruye. Existe una diferencia enorme entre desahogarte con una amiga que te ayuda a ver con claridad o sentarte con un grupo que alimenta resentimientos o te empuja a decisiones que no has procesado: lo primero te fortalece, lo segundo envenena.

Una buena comunidad te cuida a ti y también cuida tu relación: te señala tus puntos ciegos, te confronta cuando estás siendo injusto y celebra a tu pareja contigo. No es un tribunal, es un refugio con criterio.

LO QUE GANAS CON EL TIEMPO

Cuando una relación se apoya en una red más amplia, pasan cosas buenas: la pareja deja de ser una olla a presión y las diferencias y los silencios incómodos dejan de sentirse como catástrofes. Cada persona sigue creciendo, y eso, paradójicamente, mantiene vivo el deseo, porque el deseo necesita distancia y misterio. Cuando llega una crisis —una enfermedad, una pérdida, un golpe económico— hay manos que ayudan a cargar el peso, y reduce esa soledad moderna que Perel describe tan bien: estar más conectados que nunca y, al mismo tiempo, más solos.

En conclusión: si después de leer esto sientes que tu relación carga con demasiadas cosas, hazte tres preguntas: ¿a quién llamas cuando necesitas hablar y no es a tu pareja?, ¿quién sabe cómo estás realmente?, ¿tienes espacios propios donde eres tú sin tener que ser “la pareja de”?

No se trata de amar menos, sino de dejar que el amor respire. Una relación, menciona Perel, es una planta viva, y las plantas necesitan tierra, sol, agua y aire que no pueden salir solo de una maceta.

Cuida a tu pareja y cuida también el mundo que la rodea, porque ningún amor, por grande que sea, sobrevive solo: lo que lo sostiene en el tiempo es la red invisible que lo rodea.

(*) La autora es psicóloga

Contacto:

Instagram: @ericarubipsicologa

Facebook: Erica Rubi Ramírez Martínez

Referencias

Perel, E. (2007). Inteligencia erótica: Claves para mantener la pasión en la pareja (A. Santos Mosquera, Trad.). Diana.