Las crisis en la pareja, ¿el fin de la relación o un nuevo comienzo?
EricaRubi
Nos han metido hasta en la sopa la idea de que una pareja sana es una línea recta de pura felicidad, sin baches ni nubarrones. Por eso, cuando llega la primera grieta profunda —ese silencio pesado en la comida o las peleas que se repiten como disco rayado—, entramos en pánico, sentimos que ya fracasamos y que ese sufrimiento es la señal de que hay que tirar la toalla y darnos la vuelta.
Pero la realidad es mucho más dura, en una sociedad que nos empuja a desechar lo que se rompe para comprar algo nuevo, se nos olvida que el sufrimiento en la pareja no siempre es un callejón sin salida; a veces es la sacudida que necesitábamos para despertar.
LA TRAMPA DE “SER FELICES A LA FUERZA”
Hoy vivimos bombardeados por un optimismo de redes sociales que cansa, si no estás viviendo un romance de película, parece que estás perdiendo el tiempo. Ese mandato de “evitar el dolor a toda costa” hace que le saquemos un parche a las conversaciones incómodas, que son, precisamente, las que mantienen a flote una relación a largo plazo.
Una crisis de pareja es, en el fondo, darnos cuenta de que la forma en que nos veníamos tratando ya caducó. Lo que antes funcionaba, hoy ya nos queda chico y claro que duele, pero ese dolor tiene una función: nos obliga a dejar de andar en piloto automático, es el momento de preguntarte: “¿Sigo aquí por pura inercia o porque de verdad elijo a esta persona hoy?”.
EL SENTIDO DEL DOLOR SEGÚN VIKTOR FRANKL
Cuando se nos mueve el tapete en la relación, lo más fácil es echarle la culpa al otro o hacernos las víctimas. Sin embargo, el psiquiatra Viktor Frankl, quien entendió como pocos la capacidad humana de encontrar luz hasta en el peor de los escenarios, nos dejó una lección que cae como anillo al dedo al amor en tiempos de crisis. Él planteó que, aunque no siempre podemos elegir lo que nos pasa, sí somos dueños de cómo reaccionamos.
Como bien señala Frankl (2015): “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino”.
Llevado a la vida en pareja, esto significa que la crisis nos devuelve el mando. Podemos usar el sufrimiento para darnos de sombrerazos y reclamar, o podemos elegir usarlo para replantear las reglas del juego. La crisis es la oportunidad de dejar de ser la pareja que “se supone que debemos ser” para empezar a ser la pareja que nosotros queremos construir.
ABRIR NUEVOS HORIZONTES
Pasar por una crisis no es garantía de que se van a quedar juntos, pero sí de que, si deciden seguir, lo harán con los ojos bien abiertos. Es el momento de descubrir facetas del otro que no conocíamos, de soltar lo que ya no suma y de entender que el amor no es un sentimiento que llega solo, sino una decisión que se toma cada día, sobre todo cuando la cosa se pone color de hormiga.
No huyas en los momentos bajos, a veces es necesario que se nos caiga el teatro para poder construir algo con cimientos de verdad, el sufrimiento no es el punto final; es, muchas veces, el prólogo de una versión mucho más honesta de nosotros mismos.
(*) La autora es psicóloga
Contacto:
Instagram: @ericarubipsicologa
Facebook: Erica Rubi Ramirez Martinez
Referencia
Frankl, V. E. (2015). El hombre en busca de sentido (3.ª ed.). Herder Editorial.