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OLGA ROMERO: CUANDO EL PODER SE VUELVE HERENCIA

OLGA ROMERO: CUANDO EL PODER SE VUELVE HERENCIA
OLGA ROMERO: CUANDO EL PODER SE VUELVE HERENCIA
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OLGA ROMERO: CUANDO EL PODER SE VUELVE HERENCIA

Sí. Cuando el poder se vuelve herencia y la política deja de ser política.

Hay conflictos familiares que terminan en juzgados.

Y hay otros que terminan tocando instituciones, estructuras de gobierno y partidos políticos.

El problema es que cuando eso ocurre, dejan de ser asuntos privados.

Se convierten en costos públicos.

Eso es exactamente lo que parece estar ocurriendo alrededor de la dirigente formal -no real- de Morena en Puebla, Olga Lucía Romero Garci Crespo, conocida políticamente como “Monina”, porque la discusión hace mucho dejó de ser únicamente una disputa hereditaria.

Hoy el debate es otro: hasta dónde puede llegar el uso del poder cuando la ambición personal se mezcla con política, fiscalías, campañas y estructuras partidistas.

Porque el tema ya no es solamente la herencia. El tema es todo lo que ha ocurrido alrededor de ella. Operativos, cateos, uso intensivo de instituciones, detenciones de alto impacto, movilización de aparatos del Estado y una narrativa que comenzó a instalarse entre empresarios y actores políticos: la percepción de que una disputa patrimonial terminó contaminando espacios que nunca debieron tocarse.

Las imágenes pesan. Siempre pesan. Una de las empresas más importantes de Tehuacán bajo presión institucional. Operativos con despliegues que parecían reservados para objetivos de alto impacto. Adultos mayores sometidos a procesos agresivos. Una mujer enferma cuya situación médica terminó ocupando espacio en la discusión pública.

Y al fondo aparece el mismo nombre, una y otra vez: la dirigente estatal de Morena en Puebla.

Ahí es donde comienza el verdadero problema político. Porque mientras el gobernador Alejandro Armenta Mier intenta construir estabilidad, atraer inversión y reorganizar el estado después de años complejos, desde el propio partido aparecen factores que parecen caminar exactamente en sentido contrario. Y el desgaste no viene de la oposición. Viene desde dentro.

Más incómodo todavía es observar quiénes orbitan alrededor de ese proyecto. Porque alrededor de “Monina” siguen perfiles ligados al viejo barbosismo, operadores acostumbrados al poder, personajes que crecieron al amparo del antiguo régimen poblano y que hoy vuelven a aparecer cerca de la operación política.

Pero no solamente eso. También se observan cercanías con personajes vinculados históricamente al PAN. El problema no es el origen partidista. El problema es la contradicción.

Mientras tanto, la propia dirigencia nacional parece guardar distancia. Ya no existen las señales de respaldo absoluto de otros tiempos. El ruido interno crece. Ya incluso muchos cuentan las horas que durará como encargada del partido oficial en el estado.

Las ausencias pesan. Y dentro del propio morenismo poblano cada vez más voces comienzan a repetir lo mismo: el problema ya no está afuera; el problema está adentro.

Y en medio de todo surge una pregunta que cada vez más personas hacen en Tehuacán.

¿Qué quiere ser realmente Olga Lucía Romero Garci Crespo?

¿Presidenta estatal de Morena? ¿Candidata a la alcaldía? ¿Restaurantera?

¿Operadora política? ¿Litigante de conflictos hereditarios?…

¿Qué, qué quiere ser realmente Olga Lucía Romero Garci Crespo?

La política tiene memoria.

Y también, siempre, pasa factura.

Periodista desde 1990. Ha sido reportero de Televisa Puebla, El Universal de Puebla, La Jornada de Oriente y Síntesis.

Fue coordinador editorial de El Universal de Tlaxcala y jefe de información de El Universal de Puebla.

Dirigió la revista Síntesis Policiaca, el área de noticias de Marconi Comunicaciones - donde condujo el noticiario matutino de “La Tropical Caliente” durante cuatro años- y el periódico El Heraldo de Puebla.

Desde 2001 ha publicado su columna “Garganta Profunda” en medios digitales, impresos y electrónicos.

Es director general del periódico digital Puebla Online y del periódico Crónica Puebla.

Trabajó durante 10 años en Televisa Puebla, donde condujo el noticiero nocturno -también el matutino y vespertino en distintas etapas- y fungió como gerente de Noticias por casi un lustro.

En 1990 recibió el Premio Nacional de Periodismo Juvenil, en 1991 el Premio Estatal de Periodismo de Puebla en el género de reportaje y en 1996 el Premio Estatal de Periodismo BUAP-Froylán Manjarrez.

Ha sido jurado del Premio Estatal de Periodismo del Estado de Tlaxcala.

Realizó estudios profesionales en la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la UPAEP.