Posted inHumberto Morales Moreno

Anotaciones sobre el papel que jugó la ciudad de Puebla el 5 de mayo de 1862

Batalla de Puebla
Batalla de Puebla
Posted inHumberto Morales Moreno

Anotaciones sobre el papel que jugó la ciudad de Puebla el 5 de mayo de 1862

Con motivo de la efemérides del 5 de mayo de 1862 y del 17 de mayo de 1863 se escriben y comentan en el desfile y en las ceremonias cívicas oficiales escenas contradictorias acerca del papel que la “Heroica Puebla de Zaragoza” jugó en esta gran década nacional entre la Reforma y el triunfo de la República en 1867.

En algunos trabajos míos ya publicados hace tiempo, en el parte de guerra del General González Ortega donde justifica la rendición de la plaza el 17 de mayo de 1863, y con el cotejo de la correspondencia compilada por Jorge L. Tamayo sobre la correspondencia del General Zaragoza, en la edición más completa de 1979 financiada por el Gobierno de Alfredo Toxqui, nos salta la pregunta ¿Por qué el General Zaragoza se expresaba mal de la ciudad en sus dos partes conocidos del 9 de mayo de 1862? En el parte de las 11:58 de la mañana del 9 de mayo, dirigido al ministro de Guerra, el general en jefe se queja desesperadamente de la falta de dinero para mantener a la tropa… “esta gente es mala en lo general y sobre todo muy indolente y egoísta […]. Qué bueno sería quemar a Puebla. Está de luto por el acontecimiento del día 5. Esto es triste decirlo, pero es una realidad lamentable”.

En la carta que le dirige a Juárez ese mismo 9 de mayo, Zaragoza matiza mejor su apreciación anterior cuando afirma:

“pero esta miseria de estos pueblos tan egoístas cuando no exhaustos de recursos, me lo impiden. […] No me parece por demás advertir a U. que por este suelo existen gruesas partidas de reaccionarios y que el orgullo francés ha sido herido profundamente y por lo mismo, importa mucho que esta ciudad execrable que no he incendiado porque existen en ella criaturas inocentes, quede de pronto bien resguardada y que se mande fortificar en regla, sin pérdida de tiempo y sin omitir gastos, para que no nos volvamos a ver en otro caso tan difícil como el que acabamos de pasar”.

Entre la penuria financiera, la inflación de precios de la canasta de consumo en la capital del estado, y la frustración de una ciudadanía cansada de varios sitios en el contexto de la reforma con motivo del estatuto orgánico de Lafragua (Poblano) que desembocó en la Constitución liberal de 1857, parece claro que Zaragoza estaba en una encrucijada. Había una Puebla que apostaba al “Plomo y Plata” y otra que estaba en la resistencia republicana.

Para las 2:45 de la tarde de ese mismo 9 de mayo comenzaron a llegar los recursos solicitados a Puebla. Valió la pena la queja, y ahora los habitantes de Puebla en aquellos terribles días merecen una excusa histórica a la exageración que, de las palabras de Zaragoza, han divulgado los panegiristas del blanco y negro, del binomio liberales y conservadores, que extrañamente han ocultado que muchos de los “reaccionarios” de los que hablaba el egregio general habían jugado por la república hasta el gabinete juarista de 1860, y defeccionaron después con el Imperio. Y muchos otros, habiendo sido “reaccionarios”, como el general Negrete, (Poblano) terminaron siendo los héroes del 5 de mayo y del sitio de 1863. El ministro de Guerra Miguel Blanco, a quien Zaragoza le mandaba sus partes de guerra y buena parte de sus quejas, terminó trabajando para el Imperio. Prisionero en la República, terminó en libertad… Tomás O’Horan, el inmortal de la escaramuza de Atlixco el 4 de mayo para detener a las fuerzas del reaccionario Márquez, no tuvo tanta suerte cuando se volvió “reaccionario”. Fue fusilado en 1867 al caer la ciudad de México. Ninguno de estos “reaccionarios” era poblano pero jugaron en el teatro de la guerra en Puebla entre 1862-1867. Curiosamente los “reaccionarios poblanos” se la jugaron por la República, y el caso de Miguel Negrete es verdaderamente excepcional.
Estando el General Zaragoza en Amozoc, el 2 de mayo de 1862, en carta al presidente Juárez menciona: […] Por esta parte noto en los pueblos la frialdad y apatía, debido quizá a los largos sufrimientos que han tenido en nuestras luchas civiles, que los veo poco animados hasta en los deseos […] El teatro de la guerra civil en Puebla comenzó en 1856 y no terminó hasta 1867, pues luego se olvida entre los divulgadores de leyendas urbanas, que la intervención francesa fue al mismo tiempo una coyuntura externa dentro de la gran guerra de reforma.

Ya el 22 de mayo, en carta al ministro de la Guerra, Zaragoza afirma que Puebla, la ciudad, en el Colegio Palafoxiano, entre otros hospitales habilitados, ha cooperado en todo, “[…] pues el que suscribe ha encontrado gran cooperación en aquella población para un fin tan noble y filantrópico”. ¿Entonces como quedamos? Por supuesto que la Puebla republicana y en resistencia cooperó en todo. No se explican las incursiones de nuestro comandante en Jefe por las fronteras de Orizaba para perseguir a Lorencez después del 5 de mayo sin la plata que se le prestó al ejército de Oriente. Y esa plata era…poblana.

En materia de finanzas públicas, la corporación municipal reunió casi todas las solicitudes de préstamos de Zaragoza en la plaza de Puebla. Así, en el parte del 10 de mayo al ministro de Guerra, Zaragoza menciona haber reunido 30 mil pesos de ayuda solicitada y habla de la solicitud que hace de convertir al general Mejía en comandante y gobernador militar de Puebla, con Tapia como cuartelmaestre. La idea era que Mejía negociara un préstamo por 50 mil pesos en Puebla con una letra a pagar en México. Los Couttolenc y Cabrera, miembros de la élite municipal, al parecer estaban al tanto de esta negociación. Esto terminó de convencer a Juárez para nombrar a Mejía gobernador de Puebla el 12 de mayo, con el resguardo de los batallones de Oaxaca junto con la fuerza de Mariano Escobedo. De esta forma pudo Zaragoza afianzar su estrategia para perseguir a Lorencez sin tener que preocuparse de la ciudad de Puebla. La Puebla republicana estuvo de pie y mantuvo su alerta de manera constante hasta que sucumbió el 17 de mayo de 1863, en uno de los sitios de guerra más cruentos del siglo XIX en las Américas.

Y es justo en el sitio de 1863 que un gran poblano, Miguel Negrete, libró no sólo una defensa heroica de la ciudad, donde además desafió las estrategias de González Ortega (el de Zacatecas, acusado por Juárez de traidor y ambicioso posteriormente) y se negó a firmar el parte de capitulación de la plaza enviado a Forey. Insistió en romper el sitio y
logró escapar de los prisioneros de guerra que se entregaron el 18 y 19 de mayo, justo a la sierra norte, donde en Huauchinango continuó la resistencia bajo el cobijo de lo que mi amigo y colega Guy Thomson bautizó como “liberalismo popular” poblano. (La historia de los famosos tres juanes de la sierra).

Puesto a las órdenes de Benito Juárez, y dejando a Rafael Cravioto como gobernador en Huauchinango, Negrete terminó siendo ministro de Guerra de marzo de 1864 a agosto de 1865. Era la época de la “República Errante”. Fue protagonista crucial en la toma de las ciudades de Monterrey y Saltillo. Falleció el 5 de enero de 1897 en la Ciudad de México y sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres el 5 de mayo de 1948.
El 5 de diciembre de 2007 en el Salón de Plenos del Legislativo del Congreso del Estado de Puebla se escribió su nombre en letras de oro.

Los poblanos tardaron mucho en descubrir que en la resistencia republicana de la “gran década nacional” muchos de sus aguerridos militantes lograron vencer al Imperio y hubo un cabildo civil (no el eclesiástico) que siempre estuvo en la retaguardia. En otro estudio de mi autoría anoté con base en los documentos, poco leídos por los repetidores de mitos que tenemos por todos lados, oficiales y extraoficiales, entresacados del Archivo del Ayuntamiento, que entre octubre de 1862 y marzo de 1863 la corporación municipal aportó 214, 688.17 pesos plata más réditos por 62,661.77 pesos plata sin incluir 35 mil pesos que se facilitaron en varias partidas extras. Juárez en 1867 compensó a Puebla con la entrega de varios conventos y corporaciones eclesiásticas al heroico pueblo de la ciudad como redención del adeudo histórico por la resistencia.

Aquí algunas lecturas para ir terminando con los mitos y lugares comunes sobre el 5 de mayo de 1862 y el 17 de mayo de 1863.

(*) EL AUTOR ES Historiador. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores y del CNRS/Francia ICGDE-BUAP

LECTURAS RECOMENDADAS:

De Humberto Morales Moreno:

(coord.), Puebla en la época de Juárez y el 2o Imperio, El Colegio de Puebla, México, 2012.
La Resistencia Republicana en Puebla: 1862-1867, en Patricia Galeana (ed.), La Resistencia republicana en las en tidades federativas de México, México, Siglo XXI Editores, 2012.

“El estado de sitio y la resistencia republicana en Puebla del 5 de enero al 9 de mayo de 1862”, en Istor, CIDE, xiii, 50, 2012, pp. 217-240.

De Jorge L. Tamayo:

Benito Juárez, documentos, discursos y correspondencia, México, Libros de México, 1972.

Ignacio Zaragoza, Correspondencia y documentos, México, Centro de Investigación Científica Jorge L. Tamayo, Gobierno del Estado de Puebla, 1979.

Y el clásico:

Jesús González Ortega, Parte General que dio al Supremo Gobierno de la Nación, respecto a la defensa de la Plaza de Zaragoza, el ciudadano General Jesús González Ortega, Zacatecas, Imprenta de Tostado y Villagrana, 1863.