TODOS SOSPECHAN DE TODOS
Arturo Luna Silva
Sí, una especie de psicosis colectiva se ha desatado en las últimas semanas entre prácticamente todos los suspirantes a la candidatura de Morena a la alcaldía de Puebla. Gaby de Laura. Laura de Gaby. Rafa de Rodrigo. Rodrigo de Rafa. Celina de Olivia. Olivia de Claudia. Pepe de todos. Y así… Todos sospechan de todos. Aunque la dirigente -de papel- de Morena, Olga Lucía Romero Garci-Crespo, ya salió a descalificar el videito ese que el pasado fin de semana circuló profusa y soezmente contra la secretaria del Deporte y la Juventud, asegurando que la guerra sucia es cortesía del PAN y sus desteñidos dirigentes y liderazgos, lo cierto es que la guerra sucia (todas las guerras lo son, la historia no registra una sola guerra “limpia”) proviene del mismo Morena, aunque nadie lo quiera -o pueda- reconocer. En el PAN, los tiros de la guerra sucia van hacia otros lados y actores y lamentablemente carecen del talento, la imaginación y el valor de atacar de tan vil forma a “La Bonita”. Los golpes (ya ni tan) bajos, las patadas sobre la mesa, los pellizcos y las filtraciones entre quienes juegan el juego interno morenista, están a todo lo que dan, y todo ello no hará sino crecer y volverse más sangriento de aquí al día de la definición -ya falta menos-. Y el pronóstico no es difícil de adivinar: se van a matar -políticamente hablando-. Quizá haya sido el efecto de dejar correr a tantos y tantas, en un infinito cruce de intereses, obsesiones y ambiciones, y no apostarle a una sola carta femenina y a una sola carta masculina, fortaleciéndolos desde el arranque como las opciones para frenar al puntero en las encuestas (Pepe Chedraui), cuyo sueño reeleccionista, como es del conocimiento de todos, sigue causando desvelos en el cuarto piso del edificio ejecutivo del CIS Angelópolis. Se dirá, y con razón, que no es posible llegar a una mesa de negociación con solo dos cartas, porque es probable que te las maten y entonces te quedas sin cartas y sin juego y sin candidatura -véase el caso Barbosa y Biestro en 2021-. Pero resulta que entre morenistas se llevan pesado y hasta hoy no han hecho otra cosa que dividirse, atomizarse, golpearse con todo el odio posible del mundo, hablar mal -muy mal- entre sí, y enfurecer cada que uno o una aparece al lado de su amado líder ya sea en una foto, en “la mañanera de Puebla”, o en cualquier otro escenario o circunstancia, pues ese -cuál otro- es su mejor termómetro para medir la verdadera viabilidad de su “proyecto”, no lo que sucede en las calles ni lo que reflejan las dizque encuestas -las manipuladas, las ficticias, las reales, las “patito”, las que nadie ve y menos sabe leer-. De todo esto, la única conclusión posible es que se confirma aquello de que Morena es el peor enemigo de Morena y que Morena es el único que puede derrotar a Morena, pues la (presunta) oposición ni siquiera es capaz de aprovechar que los vecinos de enfrente se están destazando para poder avanzar aunque sea un poquito en su sueño (imposible) de regresar a Palacio Municipal. Mientras tanto, ¡qué siga la conflagración! -y que cada quien vaya por su bote de palomitas-.