VOLKSWAGEN: ¿TORMENTA PERFECTA?
Arturo Luna Silva
Este año, la negociación salarial en la planta de Volkswagen en Puebla se da en medio de un entorno local e internacional especialmente cargado de focos rojos. Los trabajadores exigen 17% global, pero han advertido que no aceptarán un aumento directo menor al 10%, tomando como referencia el reciente acuerdo en Audi México (19.5%), también asentada en el estado (San José Chiapa). En respuesta, la armadora ha destacado los retos financieros y los ajustes globales que enfrenta Grupo Volkswagen, buscando un balance para mantener la competitividad y -sobre todo- las plazas laborales. El periodo formal de revisión concluirá el 18 de agosto a las 11:00 horas, momento en el que deberá estallar la huelga o formalizarse un acuerdo. Son días de negociaciones al filo de la navaja. En especial por el trascendido en el Grupo Volkswagen, que se dispone a recortar hasta 100 mil empleos globales y cerrar cuatro plantas en Alemania, lo que sin ninguna duda impactará en sus operaciones en México a través reajustes en los ciclos de producción, presiones sindicales y despidos graduales. A nadie debe escaparle la oscura realidad de la industria automotriz en general: los elevados costos operativos y la fuerte competencia de marcas chinas, son las principales amenazas para VW en particular, y los efectos negativos no tardarán en sentirse en las tres plantas del consorcio automotriz en el país. De hecho, según medios especializados, el plan corporativo contempla detener paulatinamente las líneas de ensamble conforme concluyan los ciclos de vida de los vehículos que actualmente se producen en México (como el Jetta, Tiguan y Taos, en Cuautlancingo; y el Audi Q5, en San José Chiapa). A todo ello debe sumarse el complicado tema del T-MEC, ahora con revisiones cada año, lo que no sólo pone en riesgo inversiones, sino siembra aún más incertidumbre al sector. El escenario, pues, no es sencillo, y todas las partes involucradas, con la indispensable mediación de las autoridades laborales tanto federales como estatales, deberán poner todo de su parte para evitar lo que amaga con golpear fuertemente la economía de Puebla. La industria automotriz y de autopartes sigue representando, pese a todos los obstáculos, entre el 25% y hasta el 37.3% del Producto Interno Bruto estatal. Son miles de empleos, inversiones, desarrollo, estabilidad social y un largo etcétera que pende de un hilo. Y nadie en su sano juicio puede -o debe- ignorar lo que podría acabar siendo una tormenta perfecta.