ANTORCHA CAMPESINA Y EL BOICOT EN HUITZILAN DE SERDÁN
Arturo Luna Silva
Aunque con una fuerza cada vez más endeble, Antorcha Campesina sigue tratando de consolidarse como una piedra en el zapato de las autoridades.
Y es que fiel a su modelo de negocio (lucrar con la pobreza, actuar como un grupo de presión violento y ejercer prácticas clientelares o coercitivas sobre sus agremiados para obtener poder político y beneficios económicos), recientemente contraatacó en Huitzilan de Serdán.
En los últimos días comunidades indígenas de ese municipio han manifestado su inconformidad por la intervención de integrantes de esta organización en las asambleas que se realizan en torno a la gestión de recursos del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social de Pueblos Indígenas y Afromexicanas (FAISPIAM) y que el gobierno federal destina para beneficio de localidades con rezago social bajo o muy bajo.
Durante la realización de una asamblea para conformar al comité de vigilancia que determina las obras en las que se invertirá el recurso destinado por la federación, integrantes de Antorcha Campesina arribaron al lugar en autobuses para argumentar una supuesta mayoría, que provocó la suspensión inmediata de la reunión ante la molestia generada entre las y los habitantes.
Lo peor es que también se vivieron momentos de tensión y conatos de violencia cuando los antorchistas pretendían obligar el reconocimiento de su participación, para ser considerados como el comité autorizado para priorizar las obras de infraestructura para el beneficio particular de la organización.
Por todo esto hay tensión en la región y a nadie deberá extrañar que el gobierno federal, en coordinación con el estatal, dé un golpe en la mesa para meterlos en orden.
Sobre aviso no hay engaño.
La comunidad rechaza tajantemente la intromisión de grupos ajenos a Huitzilan de Serdán, ya que los recursos de este programa federal se dirigen a obras que reducen la brecha de desigualdad entre los pueblos indígenas y afromexicanos. No a quienes están acostumbrados a lucrar con la pobreza y a usar a los pobres para vivir como auténticos virreyes de sus aldeas.